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lunes, 2 de marzo de 2015

Armando Balbín: "A Precaverse contra los Que Engañan a su Partido y al Pueblo" (1992)

Esta publicación fue demorada atendiendo a quienes, sin convencerme, entendían que redundaría en  el resultado de las elecciones. Con posterioridad porque los hechos iban confirmando los previstos en las páginas, que evidencian, cuan fácil resulta engañar al partido y al pueblo. Entre otras formas: colocando en paridad a las FF. AA. Con la guerrilla, mudándose del “movimiento” fracasado a la “concertación” que fracasó.

Pasando de la afinidad con Bernstein y la Socialdemocracia a la Democracia Social.

Elogiando al máximo a Illia y a Balbín y el culparlos de haber expuesto la estabilidad institucional y a la UCR en inferioridad. Demostrar desde el gobierno y la militancia la vacuidad doctrinaria y carencia de vigor del partido, para llenarlo con ideas foráneas.

Probar que hasta 1987, no supo, no pudo o no quiso siquiera “un mensaje” que contrarrestara las reprobaciones, provocando la derrota de 1987 que por no haberlas subsanado era previsible la derrota en 1989.

Recientemente: incorpora en masa al Partido Federal, convocar al “pensamiento” socialista, demócrata cristiano y demócrata progresista. A los “peronistas” que disientan con el gobierno de Menem, todo lo cual posibilita a estos ganar las elecciones internas y adueñarse de la sigla UCR o adulterar su esencialidad.









Fuente: Armando Balbín: Argentinos: "A Precaverse contra los Que Engañan a su Partido y al Pueblo", 1992. 

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domingo, 1 de marzo de 2015

UCRP: "Invitación a una entrevista con el Dr. Arturo Frondizi" (22 de marzo de 1962)

Tengo el agrado de contestar su muy atenta nota de la fecha, en la que se ratifica la invitación telefónica para mantener una entrevista con el señor presidente de la Nación, por los motivos que se consignan en el comunicado de prensa, que en copia se adjunta a la precitada nota. Ratifico también la determinación anticipada telefónicamente en el sentido de que no se considera conveniente, en las actuales circunstancias, la realización de esa entrevista. La magnitud de los hechos ocurridos en la República y la gravedad de las horas que se están viviendo, obligan a dar con claridad las razones que determinan esa negativa, que, de otra manera, podría aparecer como inconsultaza.

Debe recordar que en otra oportunidad también fue requerida la UCR del Pueblo para una solución análoga. El entonces presidente del Comité Nacional de mi partido, Crisólogo Larralde en 1959 y en circunstancias también dramáticas para nuestras instituciones, en entrevista con el señor ministro del interior, señalo con claridad que estas soluciones no son viables, mientras subsistan las causas determinantes de la crisis moral que afecta a la Republica de la confusión política que se vive, del dislocamiento económico, que se soporta y del malestar social que se padece.

Estoy persuadido que el señor presidente de la Republica no intenta buscar la unión nacional para salvar su gobierno al que pretende identificar falsamente con la suerte de las instituciones democráticas, que a nosotros nos interesa fundamentalmente preservar. Por lo demás, como resulta del punto 3 del comunicado al principio, se ratifican expresamente los lineamientos de una política económica que mi partido, y con él la gran mayoría de los sectores representativos del pensamiento popular argentino, considera definitivamente lesiva para los intereses vitales del país.

Ello demuestra el hecho incontestable de que a tres años y meses de su aplicación, la situación económica ha empeorado hasta alcanzar proyecciones que nos colocan al borde de un verdadero desastre.

Partiendo de tal política, la UCRP no podría colaborar en ningún momento con un Poder Ejecutivo empeñado en llevar adelante ese plan cuyo fracaso por de mas evidente, puede llevar al pueblo argentino a caminos extravío ideológico que es necesario evitar para asegurar la suerte y el destino mismo de nuestra nacionalidad. Estas son, en síntesis, las razones que fundamentan la decisión ya comunicada y que aquí se ratifica.

Dr. Ricardo Balbín

Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical del Pueblo

Dr. Juan Manuel Casella Piñeiro 

Secretario del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical del Pueblo







Fuente: Contestación del Dr. Ricardo Balbín a la invitación que se le formulo desde la Presidencia de la Nación para mantener una entrevista con el Dr. Arturo Frondizi, enviada al jefe de la Casa Militar de la Presidencia y suscripta por el Dr. Juan Manuel Casella Piñeiro secretario del Comite Nacional de la UCRP.

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sábado, 28 de febrero de 2015

Arturo Frondizi: "Decreto de Duelo al Sr. Crisólogo Larralde" (23 de febrero de 1962)

Ministerio del Interior

DUELO

Adhesión al duelo producido por el fallecimiento del señor Crisólogo Larralde.

DECRETO N° 1853 — Bs. AS., 23/02/1962

VISTOS: que ha fallecido en la fecha el señor don Crisólogo Larralde, y CONSIDERANDO: Que en su larga e ininterrumpida militancia cívica, caracterizada por una lucha constante por la libertad y los derechos del pueblo, el extinto ha prestado señalados servicios a la República; Que fue el señor Larralde una expresión muy significativa de esa generación de argentinos que, con tenacidad e insobornable conducta, y ostentando una vida plena de dignidad, bregaron por el engrandecimiento del país y el bienestar de la comunidad; Que la muerte lo arrebata en momentos en que consecuente con su trayectoria, continuaba en acción, para la realización de sus ideales políticos, alentados con sinceridad y patriotismo; Que por tales razones y porque este eminente hombre publico, lamentablemente desaparecido, actuó siempre con lealtad a la Nación y a sus instituciones merece la consideración y el homenaje del pueblo y del Gobierno; Por ello.

El Presidente de la Nación Argentina
Decreta:

Art. 1: Adherir al duelo producido por el fallecimiento del señor don Crisólogo Larralde.

Art. 2: Durante el día del sepelio, la bandera nacional permanecerá izada a media asta en los edificios públicos y unidades del Ejército, la Armada y la Aeronáutica.

Art. 3: Comuníquese, publíquese, dese a la Dirección General del Boletín Oficial e Imprentas y archívese.


FRONDIZI – Alfredo R. Vitolo








Fuente: Boletin Oficial de la República Argentina

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Arturo Frondizi: "Decreto de Honor al Dr. Amadeo Sabattini" (1 de marzo de 1960)

Ministerio del Interior

HONRAS FÚNEBRES

La bandera nacional será izada a medio astil el día del sepelio del doctor Amadeo Sabattini.

DECRETO N° 2.215. — Bs. AS., 01/03/1960

VISTOS: que en el día de ayer ha fallecido en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba, el señor doctor don Amadeo Sabattini, ex gobernador de dicha provincia, y CONSIDERANDO: Que la gestión gubernativa del doctor Amadeo Sabattini, ejemplo cierto de la vigencia del régimen democrático, cumplida en nombre del pueblo y para el pueblo, fué lógica consecuencia de una permanente acción cívica en defensa de los intereses del país. Que su conducta de ciudadano se ofrece a las futuras generaciones como reveladora de austeridad republicana y constante lucha al servicio de la Nación. Que es deber de gobierno honrar a los hombres que, como el doctor Amadeo Sabattini, pusieron su capacidad y empeño en la defensa leal y honrada de sus convicciones, que sustentaron en bien de la República.

El Presidente de la Nación Argentina,
Decreta:

Art. 1: La bandera nacional será izada a media asta el día del sepelio. en señal de duelo, en todos los edificios públicos, unidades del ejército, marina y aeronáutica.

Art. 2: En nombre del Poder Ejecutivo Nacional concurrirá al sepelio y despedirá los restos de! extinto el señor Ministro del Interior doctor Alfredo R. Vitolo.

Art. 3: Se enviará una corona de flores y mensajes de condolencia a la familia y al Gobierno de la provincia de Córdoba.

Art. 4: Comuníquese, publíquese y dese a la Dirección General del BoletínOficial e Imprentas.

FRONDIZI. — Alfredo R. Vitólo.









Fuente: Boletín Oficial de la República Argentina.

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Enrique Mosca: "Llamado a la realidad" (14 de diciembre de 1944)

Ha aparecido el decreto designando a la comisión encargada de redactar el proyecto de estatuto orgánico de los partidos políticos. Los encargados de esta delicada tarea, universitarios distinguidos, hombres de ley, funcionarios dignísimos que durante muchos años, han administrado justicia, aplicando rectamente la letra y el espíritu de nuestra Constitución  y de  nuestras leyes, han de  dar de  seguro el instrumento que el país reclama como complemento de la ley Sáenz Peña  para que los partidos políticos se organicen honesta y democráticamente y los gobiernos respeten el veredicto de las urnas.

La ley Sáenz Peña que estableció el voto sufragio libre y secreto constituye una conquista de incuestionable valimiento para el imperio de la democracia. La ley se inspira en nobles anhelos. Lo deplorable es que malos políticos y peores gobernantes hayan corrompido sus saludables estipulaciones.

El mal no es atribuible al postulado sino a los hombres que se burlan de los derechos consagrados y que vulneran la majestad de la ciudadanía lesionando la pureza de la propia dignidad nacional. El estatuto que se proyecta y que se ha encomendado estructurar será y debe, serlo el instrumento de ordenación que castigue a quienes burlen el libre y honesto ejercicio de la libertad cívica haciendo pasible de sanciones drásticas a los civiles que adulteren la probidad ciudadana y a los funcionarios que validos del poder y la inmunidad impidan la libertad del sufragio y escamoteen las victorias electorales bien logradas sirviéndose del soborno, de la dádiva de la amenaza de la voluntad del fraude y de la maquinación dolosa y clandestina.

Puede agregarse que en los partidos militantes ha habido hechos internos de poca aleccionadora moral. Ello es exacto. Pero esos hechos esporádicos no autorizan  a establecer una injusta y ofensiva generalización. En cada orden de la actividad social existen individuos que traicionan la doctrina o mancillan las máximas del fundador, pero no por ello ha de anatemizar la comunidad de que tales especimenes forman parte.

La democracia admite y allí está su máxima grandeza descubrir las inmoralidades y estigmatizar a los que trafican con la ascendencia, con el poder o con el honor. Mas, convengamos en que la corrupción de las masas partidarias no siempre se originó en las entrañas mismas de esa masa, sino que vino aguerrida e impuesta desde las altas esferas gubernativas, por quienes incapaces de lograr por caminos rectos las consagraciones populares, apelaron a las artimañas, al engaño,  y a la trampa para violar las determinaciones comiciales y seguir detentando el manejo de la cosa publica al margen de la voluntad ciudadana y en una atmosfera de desprestigio y de repudio brotes naturales de esa nefasta planta de la ilegalidad.

Ahora bien. Si es verdad como se anuncia que el país marcha hacia la recuperación de su normalidad institucional, resulta oportuno reiterar el anhelo ya otras veces expresado de que la fuerza democrática por esta vez y como experiencia de excepción, conjunciones sus capitales, sumados en procura de una solución patriótica alrededor de una formula integrada por dos hombres expectables del país, libres de toda tacha; que hayan demostrado en el transcurso de su vida diaria el mas acendrado respeto por nuestras instituciones y por las libertades consagradas por nuestra sabia Constitución.

Los partidos políticos deberán comprender que en estos momentos hay que pensar antes que nada y por encima de todo en recuperar el ritmo legal de los poderes públicos, no por mera detención del mando, sino para salvar la salud potencial de nuestro régimen democrático y para tonificar el prestigio internacional. Y para ello deben ser unidos todos los argentinos que se hallen animados de tan sanos propósitos, deponer ambiciones personales o de círculos y elevar la mirada hacia más positivas ideales, retomando el camino del derecho, sirviendo con honradez y altruismo la sagrada causa de la irrenunciable libertad. 

Todo ello, sin olvidar los sombríos episodios pretéritos, utilizando las lecciones de la experiencia, para evitar la reiteración de los yerros funestos y asegurar para la patria horas de grandeza, de fama y de dignidad.

Los hombres y los credos son accidentales. Lo permanente, lo estable y lo eterno es el destino incesante y promisorio de la humanidad.








Fuente: “Llamado a la Realidad” articulo de Enrique Mosca, publicado en el Diario Argentina Libre, el 14 de diciembre de 1944.

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Illia - Perette: "Definiciones y Objetivos" (julio de 1963)

VENGA… Y VAMOS!

Póngale el hombro del país!

DEFINICIONES Y OBJETIVOS

I
Paz Interior y Concordia Nacional

  • Seguridad institucional, Abolición del delito de opinión, Ley de olvido, Amnistía política, gremial y militar. Cese de Proscripciones políticos y gremiales.
  • Igualdad de derechos y deberes.
  • Libertad de prensa, asociación y reunión.
  • Lucha contra el delito en todas sus formas. Represión del enriquecimiento ilícito de los funcionarios públicos, Sanción a los que han delinquido con los bienes del pueblo.

II
Recuperación de los resortes económicos y Financieros enajenados

·         Nulidad de los contratos petroleros y eléctricos.
·         Denuncia de los acuerdos y convenios que sujetan el manejo de la economía nacional a las decisiones del Fondo Monetario Internacional.

III
Nueva Política Económica

·        Planificación económica democrática.
·        Promoción del desarrollo armónico del país para superar problemas de estructura. Aumento del Ingreso Nacional. Creación del Consejo Económico Social.
·        Reforma agraria. Defensa de la riqueza agropecuaria. Aumento de la productividad de la tierra. Tecnificación. Fomento del Cooperativismo. Arraigo de la familia campesina facilitando su acceso a la propiedad de la tierra.
·        Protección y apoyo de la industria nacional. Importación de lo estrictamente necesario con prohibición de lo superflua, suntuaria o prescindible.
·        Estricta política de prelación de inversiones en los sectores básicos: transportes, comunicaciones, energía y siderurgia.
·        Reducción de impuestos abusivos y socialmente inadecuados.
·        Crédito rápido y barato para el campo, la industria y el comercio. Represión de la usura.
·        Desarrollo de la economía del interior de la Republica. Descentralización industrial y administrativa.
·        Mejora del transporte. Política tarifaria que apoye el desarrollo y que sea socialmente justa.
·        Reactivación del mercado interno. Acción contra la desocupación. Política de pleno empleo.
·        Puesta al día de sueldos, jubilaciones y pensiones. Plan de pago a los proveedores del Estado.

IV
Democracia Social y Pacto Social

  • Libertad sin miseria.
  • Más justa distribución de la renta nacional. Efectiva movilidad social.
  • Lucha contra la carestía de la vida. Sanción contra los monopolios.
  • Nuevo planes de vivienda popular. Creación del Ministerio de la vivienda.
  • Defensa de la salud popular. Rebaja de los medicamentos. Eficiencia hospitalaria.

V
Derechos Sociales, Gremiales y Económicos

  • Reglamentación del Art. 14 bis de la Constitución Nacional.
  • Salario y sueldo mínimo – vital móviles.
  • Política gremial que posibilita la unidad del sindicalismo y la preserve de la intromisión del Estado y de su instrumentación política.
  • Protección de la familia. Orientación de la juventud, estimulando y facilitando su vocación. Reducción del periodo del servicio militar. Prevención de la delincuencia juvenil.
  • Acuerdo obrero – empresario para evitar las huelgas y conflictos. Amplia colaboración para el cumplimiento de la legislación laboral y para el establecimiento de métodos convenientes y justos para la elevación de la productividad.
  • Estabilidad y dignificación del empleado público.
  • Solución del drama de los jubilados. Mantenimientos del régimen provisional, tendiendo a su total efectividad y a un sistema de seguridad social integral, que cubra todos los riesgos de la vida del hombre y la familia. Jubilaciones y pensiones mínimas vitales.

VI
Movilización Cultural, Científica y Tecnológica
al Servicio de los altos Objetivos Nacionales

·        Más y mejores escuelas. Jerarquía del maestro. Gratuidad de la enseñanza. Libros útiles y ropa escolar al alcance de todos. Comedores escolares.
·        Erradicación del analfabetismo y la deserción escolar.
·        Presupuesto adecuada a las necesidades de la educación.
·        Estimula a las artes, las letras y la ciencia.
·        Apoyo a la investigación científica y tecnológica.
·        Incremento de la enseñanza técnica y agraria de acuerdo con los planes de desarrollo.

VII
Estrecha Solidaridad con Latinoamérica

  • Fraternal unión con los pueblos de Latinoamérica en su lucha por la eliminación de las causas que determinan el atraso, la miseria y la ignorancia.
  • Apoyo a los pueblos que luchan por su liberación de cualquier forma opresiva.
  • Política internacional independiente, clara y limpia.
  • Relaciones comerciales con todos los países.





ILLIA – PERETTE

PAZ – CONDUCTA – SEGURIDAD

U.C.R. DEL PUEBLO





Fuente: Afiche de campaña "Definiciones y Objetivos" Illia - Perette de la Unión Cívica Radical para las elecciones presidenciales de julio de 1963. 







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viernes, 27 de febrero de 2015

Victor Raúl Haya de la Torre: "Carta al Ing. Gabriel del Mazo" (junio de 1925)

En todo orden, la experiencia formidable de Rusia nos ofrece estas lecciones que son, en mi concepto, las mejores que de ella puedan sacarse: establecer lo que hay de eterno y de universal, distinguiendo o separando lo que hay de particular, local y objetivo. Con una idea de copia servil, de imitación incondicional, mirando al detalle, tropezándose con lo artificial, no haremos nada. Seremos tan tontos como los que sonaron un día que las ideas de Kropotkin podrían aplicarse al mundo, igual que el "Falansterio" de Fourier o la "Utopia" de Tomas Moro. Yo reconozco y cada día estoy más convencido, que America, nuestra America, ofrece al mundo una nueva realidad, una realidad extraordinaria, excepcional. Entre la America yanqui y Europa, no hay, a pesar de su progreso, una diferenciación tan notable. Y es que la America yanqui no es sino un refinamiento, un avance, un nuevo experimento formidable de la maquina capitalista europea, llevada a sus mas altas y vastas calidades técnicas. Nosotros no solo hemos superado a esa España feudal, perezosa y desgraciada, sino que nos hemos como salido del radio o de la escuadra del mundo viejo. En America, bajo nuestro sol y sobre nuestras pampas y montanas, se han purificado muchas supersticiones europeas y se ha creado una serie de fuerzas nuevas. de tendencias mejores, de atisbos verdaderamente dignos de toda atención. Nuestra America es única, justamente porque por sus condiciones económicas peculiares ha resistido a Europa, ha conservado mucho de su vieja vida, la ha fundido a medias con las corrientes nuevas y ofrece al mundo un panorama, un tanto indefinido, quizá hasta confuso, en el que la vida primitiva y la moderna, las etapas todas del progreso económico del mundo, salvajismo, barbarie y civilización, feudalismo y capitalismo, coexisten.

Hay cuestiones en America definitivamente terminadas y que, sin embargo, palpitan fuertemente en Europa y aun en la America yanqui. La cuestión de los judíos, por ejemplo, la lucha antisemita o contra los negros. Aquí, como en los Estados Unidos, el judío y el negro pertenecen a un mundo aparte, a un mundo rencoroso y hostil. Últimamente, el Dean de la Catedral de San Pablo ha publicado sus impresiones de viaje a Norte America y dice en ellas que el judío es tratado allá con mas severidad y desden que en Inglaterra. Como será eso aquí el judío es un ser despreciable. Y aunque haya un lord Rotschild y un sir Alfred Maund, aunque Rossebery y Disraeli fueran ministros de la reina Victoria, el judío, en Inglaterra, como en Alemania, como en toda Europa, es un ser desdeñado. Y los judíos forman hoy una de las razas más numerosas, mas activas, más trabajadoras y más inquietas del mundo. Me detengo en esto porque es el problema grave en Europa. En America, apenas distinguimos un judío de otro hombre. En el Perú hay muchos y nadie repara en su raza o en su religión.

Igual en México, igual en Chile, casi igual en la Argentina. En otros muchos casos, America ofrece ya la liberación, la solución de problemas seculares de Europa.
Y en otros muchos aspectos. En el mismo movimiento estudiantil, por ejemplo, nuestra America ofrece manifestaciones de singularidad extraordinaria. Romain Rolland se sorprendió inmensamente cuando yo le explique el sentido de la revolución universitaria. Me dijo que eso en Europa era apenas concebible, pero que indicaba perfección o avance. Y así es.

¿Como explicar estas manifestaciones de singularidad americana? Creo que nuestra idiosincrasia, sobre todo nuestro "modus vivendi" actual, esta definido en gran parte por razones económicas, por la realidad relativamente fácil de la vida americana, ajena todavía a las absorbencias mecanizantes de la gran industria. Todos los ímpetus de una raza fogosa se conservan casi puros y como acicateados por las proximidades tropicales. La lucha por la vida, la rueda, el motor, las grandes miserias no han domado o domesticado esos ímpetus que se conservan primitivos en los pueblos y un tanto refinados, exaltados y enardecidos en ciertas clases o grupos. Ya esta dicho que no es nuestra America un país industrial. Quizá tarde mucho para serlo. La industrialización de nuestros países, dentro del actual sistema social, significa el afianzamiento del imperialismo, ya sea yanqui o ingles, pero imperialismo al fin. El más peligroso y el más seguro en su avance es el yanqui, lo sabemos. La maquina, pues, no vendría nuestros pueblos sin dos peligros; el de la conquista extranjera y de la esclavización de una gran parte de nuestro pueblo. Esto va ocurriendo con más o menos fuerza en nuestra America, pero va ocurriendo lentamente, con relación a la inmensidad de su territorio.

Nosotros no somos, pues, en puridad, países capitalistas como son, por ejemplo, los países europeos. Al hablar así, me refiero especialmente a otros que no son la Argentina y el Brasil, en cuyos litorales hay tanto de Europa. Somos países coloniales o semicoloniales económicamente: porque movemos nuestra vida con dinero en su mayor parte extranjero y porque no damos al mundo sino materias primas, que recibimos transformadas, por un alto precio. Somos, pues, fundamentalmente, países agrícolas, pueblos de "land". Goldschmidt, en un mapa económico que hace del mundo en su curso de economía, divide la tierra en países-maquina y países-campo. Para el, nuestra America pertenece a la segunda categoría. Nuestro problema social esta, pues, en el problema de la tierra. Nuestra economía tiene su base ahí. El problema de la tierra es, especialmente en el Perú, en Bolivia, en Ecuador, Colombia y México, el problema social. En esos países, la industria beneficia a un grupo limitado, y digo beneficia, no solo hablando del usufructuario capitalista, que constituya una minoría ridícula, sino usando del vocablo "beneficia" en el sentido burgués de la palabra, que se refiere también al obrero que trabaja para aquella. Nuestros proletariados forman minorías, y en muchas de nuestras industrias tropicales (azúcar, tabaco, algodón) a medida que la maquina perfecciona y refina su técnica, demanda un número mayor de trabajadores en el campo. Insisto, pues, en que nuestro problema fundamental es agrario. ¿Cómo resolverlo?

He ahí el tema primordial de una política revolucionaria. Creo que en México encontraremos una experiencia como en Rusia. Pero en México encontraremos un error de individualismo; la pequeña propiedad. Error por esta razón; la pequeña propiedad individualiza el poseedor y trabajador de la tierra y, al mismo tiempo, le limita su capacidad de intensificar la producción. Obligado el pequeño propietario a tener un terreno de área reducida, se ve imposibilitado de modernizar en el su técnica de trabajo.

Un tractor, por ejemplo, maquinas modernas de labor, le resultaran carísimos. Será para el mas costosa la maquina y los elementos de producción de la tierra que la tierra misma. En consecuencia, recurrirá a los viejos métodos baratos, al arado primitivo que apenas rompe la tierra y que no permite a la semilla enriquecerse con nuevas substancias. Si se generaliza esta observación, se encontrara al fin que la producción general del país decrecerá. Este probado que arar con tractor, utilizar la maquina moderna en la agricultura, no solo significa trabajo mejor y más rápido, sino mejor producto. La tierra cansada en la superficie rinde mejor con el arado profundo. Pero este perfeccionamiento técnico de la producción agrícola, que elevaría la producción total de un país o de una región, no puede cumplirse por un pequeño propietario cuya capacidad económica esta limitada al valor de su tierra, necesariamente pequeña. En México, este problema se ha presentado en seguida de la revolución. La producción agrícola del país no ha subido con la pequeña propiedad antes bien, se nota en ella un decrecimiento. De otro lado, la gran propiedad no solo representa una injusticia humana, sino un problema de economía social. El gran terrateniente no trabaja gran parte de sus tierras o las trabaja mal. Esto ocurría en México y ocurre en el Perú, como ocurrió también en Rusia. 

El feudal se contenta con un producto parcial o incompleto de sus tierra, porque siempre será enorme para el, dada su extensión. Pero la economía, la nación, la región, necesita elevar constantemente su índice de producción agrícola intensificando la producción. Y esto es uno de los grandes beneficios de la división de la tierra: hacerla trabajar toda.

Pero esto no se consigue simplemente con la pequeña propiedad, así como en un principio fue enunciada por el gran Zapata en México. La división de la tierra crea nuevos problemas, y, entre otros, este que acabo de enunciar.

Hay dos formas de solucionarlo; crear la comunidad de elementos de trabajo; tractores, arados, carros útiles, etcétera, o crear la comunidad agrícola, como se trata de hacer ahora en Rusia. Colectivismo o socialismo. En el caso especial del Perú, y aun de Bolivia y Ecuador, nosotros tenemos una tradición comunista de la tierra. A través de cuatro siglos de lucha entre las comunidades indefensas y los grandes feudales todopoderosos, entre el socialismo incaico y el latifundismo español, las comunidades perviven: Su espíritu es tan fuerte, su correspondencia con las condiciones de vida y de trabajo del indígena tan lógicas, tan realistas, que a pesar de la absorbencia de los gamonales y de que en manos de ellos esta el poder del Estado como instrumento de opresión, perviven como un símbolo las comunidades indígenas. Ahí se trabaja en común, se vive en común, el sentido de la propiedad no engendra el afán de aumentarla y cada comunidad constituye la célula de lo que podría ser una vasta socialización de la tierra, aboliendo hasta en su origen la propiedad.

La nueva comuna rusa — ya lo ha dicho Montandon, en "Clarte"—es la vieja comunidad incaica modernizada. Si el Estado o el gobierno fortalece la comunidad, le da elemento de trabajo, la proteja, organiza su producción y reparte sus beneficios entre el Estado y la comunidad. Obligando a esta a emplear siempre un porcentaje en su mejoramiento integral, el problema de la tierra será resuelto. Ahora contra esto esta la educación propietarista, digamos así el subinstinto egoísta, el afán posesivo individual. Pero justamente en pueblos como el indígena, estos sentimientos individualistas no existan casi; pervive no solo la organización comunista, sino el sentimiento, el instinto; la fuerza poderosa de la "costumbre" de la tradición, de que hablaba Lenin, no es, en este caso, favorable.

En México, nosotros encontramos una revolución espontánea, sin programa apenas, una revolución de instinto, sin ciencia. México habría llegado a cumplir una misión para America latina quizá tan grande que la de Rusia para el mundo, si hubiera obedecido a un programa. Pero la revolución mexicana no ha tenido teóricos, ni lideres. Nada hay organizado científicamente. Es una sucesión maravillosa de improvisaciones, de tanteos, de tropezones, salvada por la fuerza popular, por el instinto enérgico y casi indómito del campesino revolucionario. Por eso es admirable la revolución mexicana, porque ha sido hecha por hombres ignorantes.

Pero México no ha resuelto aun muchos de sus graves problemas, y corre el riesgo de caer o en la estagnación o en el retroceso. Todas las fuerzas espontáneas de la revolución mexicana necesitan de orientación. México tiene ante los ojos el problema industrial también, que no ha acometido. El imperialismo cs ahora un riesgo terrible para México, y solo se salvara de él o por golpes de instinto y de rebeldía o por un estudio científico y una dirección más segura y sabia de su política, que en esta lucha no puede estar desligada del concurso revolucionario de los demás pueblos latinoamericanos.

En estos tanteos no podemos caer nosotros. La importancia de la historia como experiencia y como referencia debe valernos. Creo que el problema fundamental en el Perú, por ejemplo, reside en la "humanización", digamos así, de cuatro millones de hombres aproximadamente, bestializados por un sistema económico criminal. Yo no creo que el indio pueda redimirse sin resolverle el problema de su tierra, que es el problema de su vida. Vasconcelos me decía en cierta ocasión en que yo expresaba mi entusiasmo por la gallardía viril y la dignidad serena y segura del indio mexicano, que antes de la revolución, cuando era esclavo del gran feudal y carecía de esa conciencia de lucha y de triunfo que le dio la reconquista de su tierra, el indio mexicano era como el indio peruano, un ser humillado, decaído e infeliz. Yo estoy seguro de que en el Perú no podrá hacerse obra de redención de renovación y de justicia sin encarar fundamental- mente el problema económico de nuestro indio, que es el trabajador, que es el soldado, que es el productor y el sostén del país, la gran base de nuestra clase explotada. Por eso considero sustantivo el problema indígena del Perú y creo que nuestra acción revolucionaria debe orientarse hacia el con seriedad y con energía.

Como el indio no podrá salir de su situación actual por un movimiento evolutivo, porque la violencia que impera sobre el y la esclavitud en que vive no le permitiría jamás ejercer normalmente ningún derecho, creo en la revolución.

No se puede imaginar todo el horror de la situación actual del indio peruano o boliviano. Es admirable como hay sectores numerosos de indígenas que resisten y luchan todavía contra el feudalismo y pueden mantenerse altivos. El indio peruano se a envilecido por una esclavitud humillante, por una alcoholización premeditada, por una brutalidad sistemática. A pesar de eso, a pesar de que el poder, el Estado, en una palabra, pertenece por entero a los feudales que tienen en sus manos todos los instrumentos de opresión, desde el fusil hasta el analfabetismo organizado, si cabe la frase, a pesar de todo, el indio se defiende. Puede en el mas la fuerza de la tradición y el instinto de la lucha económica por defender su tierra, y aunque la lucha sea desigual, esta viva en el la rebeldía. Esto prueba no solo el valor de la raza, sino la gravedad, la intensidad, la desesperante violencia de la lucha. Contra eso no cabe más que la violencia.

¿Como organizar nuestra acción? Estoy de acuerdo en formar un partido. Más aun: nuestra Alianza debe llegar a ser ese partido. Creo que el problema peruano abarca varios pueblos, quizá si llegue hasta los confines septentrionales de la Argentina en sus aspectos agrícolas y aun raciales. En las cercanías de Jujuy oí muchas palabras quechuas y las quenas y las danzas me denunciaron la continuidad del problema indígena que por el Norte llega hasta Colombia. Ligado a el, esta nuestro problema industrial, agravado por el imperialismo. Esta unidad u homogeneidad de problemas impone la unidad en la acción, y como crear un partido nacional seria errar, hay que intentar el frente único internacional americano de trabajadores, que tome en sus lemas de lucha común las grandes síntesis que defina para cada país o región los programas con de nuestra cuestiones característicamente americanas y credos y realistas particulares. Ese es el ideal de la Alianza Popular Revolucionaria. Naturalmente que ella necesita el poder en alguna parte: "La cuestión esencial de la revolución es la cuestión del poder", decía llich, que fue grande como técnico revolucionario y como conocedor genial de la realidad. ¿Donde es muy fácil tomar el poder? Tomarlo ahí. La acción será doble: revolver el problema interior y agitar el exterior tendiendo a la realización de un gran plan internacional. El error de la revolución mexicana en cuanto a su acción internacional fue grave. En México, por falta de ciencia revolucionaria no se comprendió el significado de la propagación revolucionaria. Un gran partido internacional sostenido y alentado por México, habría significado un gran movimiento en America. Vasconcelos tuvo como un atisbo de esto, pero muy platónicamente, muy sin sistema y sin política. Romain Rolland cree que esto fue error en Vasconcelos. Yo se lo dije a el, en México, pero conociéndola tan indisciplinado y tan místico, no es posible creer que nuestro admirable y muy querido amigo hiciera eso. Además, necesitamos un partido internacional de trabajadores, de acción, de energía, de sistema, de disciplina y de continuidad, un partido revolucionario; vale decir, un partido de gente joven, encendida, resuelta. En México, donde el nacionalismo se ha exaltado mucho por su aislamiento y por la conciencia exacta del peligro que significa la proximidad a los Estados Unidos, no se ha hecho ni se piensa hacer una organización política clasista de extensión. Y eso es otro error de México, que debemos aprovechar nosotros como experiencia.

Los puntos internacionales expuesto en el breve programa de la Alianza Popular Revolucionaria Americana concretan los puntos fundamentales de una acción política en America. Mi afán en cuanto a esto es que precisemos clara y lacónicamente principios definidos. No necesitamos hacer programas inmensos. Necesitamos palabras de orden, apotegmas, lemas de lucha. Y. luego, lo fundamental esta en la organización de la fuerza, en su disciplina, en su unidad, en su espíritu revolucionario. Hay que crear la fuerza, hay que encender las conciencias por la comprensión que engendran los únicos entusiasmos duraderos. Creo que debemos procurar no dispersar la energía, no perderla, no desbordarla. Hay que canalizar, orientar, dirigir todos los impulsos hacia una dirección conocida. Y esto es, por ahora, nuestro gran propósito. Claro esta que no seria posible en America latina creer en una acción evolutiva, porque todos los gobiernos son de violencia y formados o por gamonales o por capitalistas. En Venezuela de hoy en el México de Díaz, la acción legal y evolutiva es y fue imposible sin la revolución. En el Perú ocurre igual cosa porque hay una razón económica que ampara la tiranía. El tirano es Leguía, pero Leguía defiende un sistema, una clase, ampara toda una forma extrema de explotación y de oligarquía: el latifundio, el capitalismo y el imperialismo yanqui. Cualquiera de las otras fracciones políticas, hoy en acecho del poder, en el Perú o Venezuela, haría lo propio. Se trata de la conservación de una clase de grandes propietarios e industriales que desean sacar el ciento por uno.

Vemos ahora, por ejemplo, que los llamados "enemigos" de Leguía, Pardo, Riva Aguero, Aspillaga. Barreda, Prado, etcétera, continúan aprovechando de sus latifundios como antes. No tienen en las manos poder y dinero fiscal para aumentar sus capitales y enriquecer a sus amigos y familiares pobres, pero están indirectamente defendidos por la tiranía de Leguía. Más aun: en el destierro, convertidas sus rentas de libras peruanas a francos o liras (porque ninguno vive en Inglaterra), economizan. Viven aquí sin gastos de representación y acumulan el doble de lo que acumularon en el Perú. Leguía solo ha amenazado los intereses de esa gente en cuanto podían perturbarle el usufructo del poder político inmediato. Hoy los apoya. Odio personal hay entre todos ellos, pero una perfecta armonía económica. Todos pertenecen a una misma clase, a la clase dominante, y todos se hallan directa o indirectamente defendidos en sus intereses por un gobierno reaccionario y tiránico, gamonalista y capitalista al fin. Por eso puede explicarse la apatía y la cobardía de esa gente. Los que dentro de ellos se mueven o han movido, son los que vivieron del gobierno o han mermado sus haciendas. Los demás permanecen tranquilos, llevando en Europa una vida placida. No tienen ningún programa, porque su programa es el que Leguía desarrolla con violencia. Ellos no harían cosa distinta sino en cuanto a formas. Pero en el fondo hay una unión de intereses de clase que se haría inmediatamente ostensible en cuanto nuestras fuerzas tomaran cuerpo y amenazaran triunfar.

Por la tiranía, por la segura coalición de nuestros enemigos, por la absoluta imposibilidad de desarrollar en el Perú una acción evolutiva y de comicios, tendremos que organizar una fuerza revolucionaria activa. Contra la violencia habrá que organizar la violencia. Nunca la violencia anárquica, loca y demagógica, sino la violencia preparada, orientada, quirúrgica. Para librar a un hombre aprisionado entre garfios, no hay mas que romperlos. El cuento esta en dar los golpes al hierro y no a las carnes de la victima. Y para eso se necesita ser buen herrero.

Tenemos que organizar las fuerzas que harán la revolución y las que la sostendrán después. Para eso necesitamos un grupo de trabajadores capaces, disciplinados, estudiosos, conscientes y dispuestos a todo sacrificio por la causa común. Nuestro deber es enriquecer todas las capacidades espontáneas con una conciencia clara del deber y una mirada precisa del camino a seguir.

En esta preparación es urgente la división del trabajo, la preparación de grupos técnicos, especializados, expertos. Tenemos que dividir el trabajo dándonos cada uno una misión, una labor y un camino. Sin desunirnos nunca y manteniendo siempre la mas firme cohesión, bajo la inspiración de un gran programa común único, cuyos lemas generales con la concreción de nuestro gran plan de acción; es necesario que, divididos por grupos pequeños, nos hagamos especialistas de algo, de una rama cualquiera de la acción revolucionaria, no solo en su aspecto de preparación por el conocimiento y por la critica de formas actuales, sino por el "descubrimiento" — y aquí recordaremos a Engels, — por el descubrimiento de los medios que nos lleven a la organización de un nuevo sistema social.

Tanto en la acción presente como en la acción futura, necesitamos técnicos, especialistas. La revolución no se hace solo en las barricadas, hay que hacerla desde todos los sectores y hay que tener para cada uno de ellos hombres expertos, capacitados de las condiciones del piano en que deben actuar. Para esto es preciso no solo un estudio general del presente, un análisis atento de lo malo y lo bueno de cada sector de la vida colectica, sino un plan preparado todos los días, modificado por la observación, estudiado con talento y con sistema, para su aplicación futura.

Anhelaría que nuestra Alianza organizara bien claramente sus trabajos y dividiera su acción, primero, en dos grandes pianos: el de la crítica, organización y preparación revolucionaria actuales, y el de la acción futura, cuando el pueblo llegue al poder y sea preciso organizar, transformar y revolucionar los sistemas desde el gobierno. En cada uno de nosotros debe, pues, existir claramente definida esta doble actividad: la actual y la futura. Ni entregarse absolutamente a esta, ni caer pasionalmente en aquella. El grupo director de una obra grande y seria tiene dos reales responsabilidades: conducir y, luego, dirigir. Son dos cosas muy distintas: la una necesita a la otra cuando se hace labor de responsabilidad, de transformación social.

Yo confío que esta generación de revolucionarios de America, no caerá ni en el caos demagógico ni en el platonismo inútil. Cara a cara a la realidad y sin olvidar nunca el deber de trabajar y sacrificarse hasta el fin por la libertad de millones de hombres esclavos que serán mas tarde los constructores de una America transformada, debemos emprender o continuar el camino de preparar y organizar una gran fuerza colectiva, disciplinada, convencida y tenaz que constituya el nervio de nuestra acción posterior.





























Fuente: Carta a un Universitario Argentino publicado en "Por la Emancipación de América" de una carta de Haya de la Torre a Gabriel del Mazo a propósito de una carta de este, junio de 1925.
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jueves, 26 de febrero de 2015

Aristóbulo del Valle: "Revolución del '90" (9 de junio de 1891)

Sr. Del Valle—Pido la palabra.

Me felicito, señor Presidente, de intervenir en este momento en el debate, porque entro a el con el propósito de no dejar escapar un solo concepto, una sola palabra de injusticia que pueda herir susceptibilidades legitimas.

Tengo en cuenta la situación delicada, gravísima, en que el país se encuentra, y tengo también el sentimiento vivo de La responsabilidad que comporta el cargo de Senador de la Republica.

Se por otra parte, los respetos que debo en el debate al cuerpo en cuyo seno hablo, y haré todo lo que dependa de mi para no salir del limite mas restringido de mi derecho en las cuestiones que voy a tratar.

Este debate ha abarcado y abarca en realidad los principios más trascendentales de nuestro sistema político.

Yo no se si estamos dentro de las prescripciones estrictas del Reglamento de la Cámara, al traer a discusión la situación general del país, a propósito del diploma que juzgamos; pero lo que si se, señor Presidente, es que todos sentimos la necesidad de expresar nuestro pensamiento, porque tenemos la visión clara de que el país se encuentra en estos momentos en una gravísima situación, en un instante de transición que puede decidir de sus destinos; porque todo esta comprometido, y cada una de nosotros siente un movimiento del intimo que le empuja a llamar la atención de los demás sobre aquel peligro, sobre aquella amenaza que creemos próxima mas amenazadora para las instituciones del país.

Así se explica, señor Presidente, en mi concepto, sin agravio para el patriotismo del señor Senador por Santa Fe —a quien principalmente voy a contestar—sin mengua para sus talentos ni para su ilustración, el que habiendo considerado, desde su punto de vista, como el peligro mas amenazador en este memento, la perturbación del orden publico, en su anhelo de salvarle, le haya sacrificado principios, doctrinas, ciencia, justicia, verdad histórica, todo lo que en cualquiera otra ocasión habría movido su animo y dado inspiración a su elocuencia.

Yo no soy un demagogo, ni seré jamás un anarquista; primero, porque la idiosincrasia de mi espíritu no me permite encontrar el prototipo de lo que es bueno y de lo que es bello, sino dentro de las leyes del orden y de la armonía, y después, señor Presidente, porque tengo ante los ojos la experiencia de la humanidad y nuestra propia historia, y se que es la hora de la anarquía una hora caótica en la cual se chocan y despedazan precisamente los elementos mas sanos y vigorosos de la vida nacional.

Pero si no soy demagogo, si no soy un anarquista, ni lo seré jamás, tampoco acepto ni aceptare nunca, como ley de mi vida humana, la obligación moral o la obligación cívica de someterse sin protesta y eternamente a todas las esclavitudes, a todos los avasallamientos, a todas las servidumbres de la fuerza que no repose en el derecho.
No soy un revolucionario por temperamento, no soy un demagogo, no soy un anarquista; pero no todos los revolucionarios son anarquistas, ni todas las revoluciones son contra el orden social.

Y si fuese necesario llamar la atención del Senado en este momento sobre asunto de tal naturaleza, la historia abundaría en ejemplos, que sin duda conocen los señores Senadores, para demostrar que muchas, muchas veces, la humanidad ha ido a la revolución en defensa de sus mas altos derechos, en defensa de los mas sagrados principios, y que los hombres mas puros, aquellos a quienes la historia ciñe con la aureola de gloria y de respeto públicos, han sido revolucionarios en defensa de grandes y de nobles causas. ¿Para que un lujo estéril de recuerdos, que, sin duda, están en la memoria de los señores Senadores? ¿Para que hablar de revoluciones que nos sean extrañas?

Un caso bastara para demostrar el orden de ideas que responden estas palabras, un caso de la propia historia

Don Santiago de Liniers no era un anarquista, don Martín Alzaga, no era un demagogo.

La revolución tumultuaria del 13 de agosto de 1807, no fue una revolución destructora del orden social, que debían repudiar los que llevan el nombro de patriotas.

Si esa revolución no se hubiera llevado a termino, si el pueblo de esta capital, convulsionado, no hubiera exigido el cabildo abierto, y en el cabildo abierto la deposición del virrey Sobremonte, que había huido en presencia de la invasión inglesa, si no se hubiera llegado por ese medio a una solución que entregaba el Gobierno y la defensa de la ciudad a los elementos nacionales, es decir, a los elementos populares americanos y españoles, mucho mas capaces de representar el interés y los derechos de nuestra vida colonial que era entonces nuestra vida nacional, a esta fecha probablemente no se hablaría en este Congreso la bella lengua de Cervantes: hablaríamos ingles.

La invasión de 1807 probablemente habría prevalecido sobre la inepcia del virrey Sobremonte, que representaba la autoridad dentro de las formas constitucionales y legales del sistema colonial.

Yo estimo mucho, señor Presidente, las grandes cualidades de la raza anglo-normanda, su individualismo, su espíritu patriótico, la rectitud altiva del carácter nacional del pueblo británico; me imagino, tal vez, que, si hubiéramos sido conquistados entonces, a esta hora no tendríamos el oro a 400; probablemente llevaríamos en los bolsillos libras esterlinas con la efigie de la ilustre reina de Inglaterra; pero con todo y a pesar de todo, me siento argentino con la tradición de mi raza con tradición española, con tradición latina, y me coloco en las condiciones en que se colocaría el humilde gaucho de nuestras selvas o de nuestras pampas, a quien le preguntaran si quería cambiar su suerte, por la del rico hacendado ingles, francés, italiano, a trueque de cambiar de nacionalidad.

Seguramente, señor Presidente, este es el sentimiento de mi patria: lo siento dentro de mi; no habría un argentino que no prefiriese su miseria, su pobreza y los escándalos de que somos testigos, las desgracias que sufrimos, con tal de conservar lo que constituye lo que el hombre ama mas; su nacionalidad, es decir, su origen, su tradición, la irradiación de su raza, de sus glorias, todo lo que en estas palabras se simboliza; la bandera y la patria! (Aplausos).

Y bien, señor Presidente, ¿habría animo entre los argentinos para decir: ¡maldita sea la revolución!, si la revolución se hace a nombre de estos grandes sentimientos, con estos grandes objetos, con estos propósitos, que los contemporáneos aplauden y que la posteridad agradece?

Yo no soy un demagogo, no soy un anarquista: y sin embargo, señor Presidente, he sido revolucionario!

Le pido a Dios que conserve hasta al fin la serenidad de mi espíritu, porque comprendo que voy a entrar en la región de las tempestades. (Atención en la barra).

¿Puedo prescindir de la revolución de Julio cuando ella ha sido traída al debate, siquiera fuera incidentalmente, cuando ha sido apartada con una palabra ofensiva y desdeñosa de la categoría de una verdadera y justificada revolución, cuando se han oído palabras tan severas para los hombres civiles y sobre todo para los oficiales y soldados del ejercito que no acompañaron en aquel movimiento? No debo hacerlo: no puedo hacerlo.

Procurare, sin embargo, señor Presidente, debatir esta cuestión, tan delicada en el seno de la Cámara, tan candente para todos los que alguna participación hemos tenido en ella, guardando la prudencia y la circunspección, que deben ser los primeros atributos del orador que habla ante el Senado.

Señor Presidente: la revolución de Julio no ha sido una asonada; la revolución de Julio no ha sido un motín de cuartel. La Republica entera se encontraba en situación tal, que esa revolución se imponía como ley al patriotismo de los ciudadanos y quizá como necesidad a la existencia nacional.

¿Para que voy a hablar de lo que los señores Senadores saben tan bien como yo? ¿Para que voy a hablar de las instituciones subvertidas? ¿Para que voy a recordar que el sistema republicano no consiste en que no haya monarca, sino en que el pueblo se gobierne a si mismo? ¿Para que voy a decir que los principios representativos no consisten en que haya Diputados y Senadores?: consiste en que esos Diputados y esos Senadores sean elegidos por el pueblo.

¿Para que voy a recordar que los principios del gobierno federal estaban subvertidos? El gobierno federal no reposa en que haya un funcionario publico con el nombre de Gobernador en cada provincia, y un cuerpo con el nombre de Legislatura: consiste en que haya vida autonómica para los Estados; en que ese gobernador sea elegido por la voluntad de sus conciudadanos de la provincia, y en que esa legislatura sea fiel expresión del voto publico provincial; pero, el sistema federal se subvierte si una entidad cualquiera, llámese como se llame, se coloca en lugar del cuerpo elector de todas las provincias y forma la unidad monstruosa de un hombre que gobierna todo el país, sin contrapeso y sin responsabilidad.

Esos eran los antecedentes que dieron origen a la revolución de Julio.
Pero los había de otra naturaleza.

La fortuna publica había sido dilapidada—dije esta palabra en la Cámara, bajo el imperio de aquella situación y puedo repetirla ahora, sin que se crea que la uso porque aquella situación se ha modificado—la fortuna publica había sido dilapidada, lo era en todas las formas, con un sistema de legislación funesto, al cual me opuse, mientras pude, en las bancas de esta misma Cámara.
¿Quien no recuerda aquellas garantías prodigadas a todo el que las solicitaba para negociar a costa de la fortuna publica? ¿Quien no recuerda las concesiones y contratos ruinosos que se han realizado bajo el imperio de aquella administración? ¿Quien no recuerda que la moneda nacional ha sido adulterada, y emisiones clandestinas han circulado por la autoridad del mismo poder público del país, y quien no veía, y quien no sabía que todos esos hechos y todos esos abusos debían concluir en el tristísimo desequilibrio financiero en que ahora nos encontramos? ¿Quien no preveía, y quien no debía prever, cuando así se abusaba de todos los resortes de la vida civilizada, de todos los medios de progreso, de todos los medios inventados para acumular riqueza, que necesaria y fatalmente teníamos que concluir en la ruina pública?

Y entonces, señor Presidente, no se sabía la mitad de la verdad. Ha sido necesario que aquella situación se modifique para que tengamos la información oficial circunstanciada, el comprobante autentico de los más grandes escándalos.

El señor Senador por la Capital hizo referencia, y con razón, a la memoria del Banco Nacional, esa memoria del Banco Nacional que revela cosas inauditas, cosas que, nadie, ni yo mismo, habría creído o sospechado en el momento en que se producían.
Insinúe, cuando se trataba de las emisiones clandestinas, que el Banco Nacional repartía dividendos falsos.

Era el Senador de la oposición quien lo afirmaba, y no fue escuchado con suficiente atención. Ahora lo dice un ministro de aquella administración, lo dice bajo su firma, lo dice oficialmente; se han repartido dividendos falsos en el Banco Nacional. ¡Y para esto servían las emisiones clandestinas! Abrase la ley de bancos garantidos y se vera que el directorio de un banco garantido que reparte dividendos falsos tiene responsabilidad, que se convierte, según mis recuerdos, en diez años de presidio. (En la barra: ¡muy bien!)

En estas condiciones, señor Presidente, en tal situación del país, muchos hombres patriotas y sinceros, muchos hombres esencialmente conservadores, nos preguntamos, ¿es que el patriotismo nos manda continuar sometidos a ese régimen de gobierno, o es que el patriotismo nos impone el deber primordial de salvar las instituciones fundamentales del país que están subvertidas, la fortuna publica, y la fortuna privada que va tras de ella?

No procedimos con ligereza, no nos dejamos arrastrar por los impulsos de la pasión, la pasión pudo impulsarnos, pero no nos dejamos llevar por ella, buscamos el consejo de las personas mas capaces de darle, fuimos a los grandes Patricios de la Republica y les preguntamos: ¿creen Vds. que el momento de la revolución ha llegado para este pueblo desgraciado, y que tenemos derecho de alzar las armas contra el Gobierno existente? Y esos patricios nos declararon que la revolución estaba justificada. Fuimos a los centros científicos a golpear la puerta de los jurisconsultos, y les preguntamos si con su ciencia de jurisconsultos, y con su conciencia de argentinos podían declararnos si la revolución estaba justificada, y los jurisconsultos nos dijeron: la revolución es un deber. Había entre nosotros, hombres de creencias religiosas arraigadas y sinceras, y esos fueron a golpear los conventos y preguntaron a las lumbreras de la cátedra sagrada, a los sacerdotes patriotas, como lo eran los sacerdotes de nuestra gran revolución, si creían que habíamos llegado a un momento en que la revolución estaba justificada, y aquellos sacerdotes, gloria y honor del clero argentino, contestaron al cristiano, al católico ferviente, que la hora de la revolución había llegado. (Bravos aplausos en la barra).
¿Tiene esto el carácter de un motín? ¿Tiene el carácter de una asonada? Esto en cuanto a la intención; veamos los medios. ¿Como se hace esta revolución?

Tomaron su dirección hombres de vida inmaculada, que se acercan a los últimos años de la existencia y marchan con la frente altiva, porque no hay una sola sombra que los empañe; la hicieron espíritus austeros, catonianos, que se citan en nuestro país como ejemplo de rectitud, de firmeza y de honorabilidad; la hicieron hombres de Estado, hombres que se han sentado con el señor Senador por Santa Fe en los altos consejos de Gobierno, formando parte de los Ministerios Nacionales; la hicieron hombres de letras, comerciantes, hacendados, generales, coroneles, jefes y oficiales del ejercito de la Republica cubiertos de gloria, que ostentan en el pecho todas, y cada una de las condecoraciones que la Patria ha dado al valor, al honor y a la disciplina militar en nuestro tiempo— (muy bien)— la hicieron, señor Presidente, los jefes y oficiales del ejercito que saltan de la escuela de Palermo, donde habían aprendido que arriba de la ordenanza esta la constitución—(aplausos)—la hizo, señor Presidente, la juventud de Buenos Aires, no esa pobre juventud desheredada que vaga en nuestras calles vendiendo diarios, los humildes de vida, no; no la hicieron los jóvenes sin posición social, o de espíritu inculto, no era ese el elemento de aquel movimiento; era la juventud de la universidad de Buenos Aires, es decir, era el intelecto, era el porvenir de nuestra Patria.

Tal fue la revolución de Julio. Eso no es un motín, eso no es una asonada. Pero, ¿era acaso un atentado contra el orden social? Esa revolución venia a conmover las bases sobre las cuales esta sentada esta sociedad y toda sociedad civilizada. ¿Había peligro de que si esa revolución triunfaba, aquellas quedaran comprometidas y los elementos conservadores del país fueran victimas de un movimiento desesperado? ¿Había siquiera el peligro del desorden, había siquiera un interés sórdido, una razón malvada en los que la dirigían o en los que la ejecutaban?

¡Ah, señor Presidente! Aquello no era una conjura catilinaria; allí no estaba Catilina, no estaba Clodio, no estaban los soldados empobrecidos y viciosos del ejercito de las guerras civiles; allí no había libertos: estaba el pueblo de Buenos Aires, el pueblo de la Republica con sus mas nobles representaciones!—(Muy bien)

Y si así no fue, señor Presidente, ¿por que no vino Cicerón al Senado a denunciar el peligro publico que amenazaba a la Patria? ¿Acaso no era conciencia nacional que el movimiento revolucionario estaba en las manos de hombres que si bien no hacen profesión de revolucionarios; que si bien son hombres de moderación y de orden, tienen el sentimiento de la responsabilidad y del honor, y cuando entran en un camino, entran deliberadamente y con la revolución de llegar a su término?

Que se suprimía la revolución de julio y se habrán suprimido quizá los trastornos posteriores a las inquietudes que ahora nos agitan; pero ¿donde y como nos encontraríamos?

Las ideas, sea su índole buena o mala, cuando no encuentran vallas u obstáculos, ganan terreno, y probablemente estaríamos próximos o en el camino de las facultades extraordinarias. Un antecedente ilustra esta opinión:

A nadie se le había ocurrido en un largo periodo de nuestra historia, la idea de convertir al presidente de la Republica, os decir, al jefe constitucional de todos los argentinos, en jefe único do un partido, y esa idea maldita echo raíces y se hizo carne en el espíritu extraviado de algunos de nuestros conciudadanos Yo la denuncie en esta Cámara hace siete años, como uno de los síntomas mas desgraciados de la mas perversa perturbación en las ideas.

Mi palabra no fue bastante elocuente, no fue bastante poderosa, no fue bastante autorizada para modificar el curso de los acontecimientos, y tres o cuatro años mas tarde, aquel jefe único era sustituido por otro jefe único. Pero era necesario fue la adulación alzara el tono: el jefe único ya no basta, porque el jefe supone todavía la independencia, la opinión libre de los subalternos, los necesario que toda valla del decoro humano desaparezca, y el jefe único se convirtió en jefe de un partido incondicional, es decir, la abdicación de la inteligencia, la abdicación de la conciencia, la abdicación de 'todo lo que levanta al hombre y le coloca arriba de los demás seres de la creación.

Siguiendo por ese mismo camino ¿por que nos habíamos de sorprender, señor Presidente, si un año o dos mas tarde, llegáramos legalmente a las facultades extraordinarias que ejercía de hecho el Presidente de la Republica?

Posiblemente, se diga: a tal extremo no habríamos llegado. Quiero creerlo por honor de mi pueblo, pero por los menos...

Sr. Pizarro. — ¿De mi pueblo? Del pueblo argentino!

Sr. Del Valle. —Ese es mi pueblo, no tengo otro.

Sr. Pizarro. —Muy bien.

Sr. Del Valle. —Pero seguramente nos encontraríamos en aquella desgraciada situación que veían llegar aun los más optimistas.

Hay un Presidente que gobierna contra la opinión del país, y este Presidente va a imponer otro, y le va a imponer, no con el criterio de las conveniencias publicas, sino simplemente determinado por un sentimiento de protección personal. Un joven político sin experiencia, sin autoridad, sin práctica en la vida publica, sin servicios al país, seria el Presidente de la Republica!

Suprimid la revolución de Julio, y posiblemente no habríamos llegado a la dictadura, no habríamos llegado a las facultades extraordinarias, pero tenemos la palabra oficial y autentica: habríamos llegado a la Presidencia del doctor Carcano, quien ha declarado urbi et orbi, que contaba con las ocho décimas partes de lo que el llamaba la opinión de la Republica!

Y bien, señor Presidente, una revolución con esos antecedentes, con esos medios, que persigue tales objetos, que se mueve por tales razones, ¿es una asonada? ¿Los revolucionarios son demagogos, son anarquistas en ese caso?
Pero, señor Presidente, no necesito contestar estas preguntas; esas preguntas han sido contestadas por la opinión nacional en todo el país; a esas preguntas ha contestado el mundo entero, como decía el señor Senador por la Capital.

Francia, Inglaterra., Italia, Alemania, Bélgica, todas las naciones civilizadas de la Tierra han expresado su opinión por todos los órganos autor izados para expresarla, declarando que si alguna revolución estaba justificada, era la revolución de Julio contra el Presidente Juárez.

Pero no lo ha declarado solamente la opinión nacional, en una forma que puede ser discutida o cuestionada: lo ha declarado el poder publico, lo ha declarado el Presidente de la Republica, que, como recordaba el señor Senador por la capital, saludo las consecuencias inmediatas de esa revolución como la aurora de un nuevo día, como el principio de una nueva era de orden, de moralidad y de libertad.

Lo ha declarado, señor Presidente, el mismo señor Senador por Santa Fe que en un momento solemne de su vida parlamentaria, hizo constar en el seno de esta Cámara, que la revolución estaba desarmada, y que el Gobierno estaba muerto! ¿Quien le había muerto si la revolución estaba desarmada?; Le habría muerto la idea que encarnaba la revolución!— (Muy bien).—Le habría muerto la voluntad, el pensamiento argentino, el deseo que se manifestaba por palabras, que se transparentaba en los gestos, en la acción, las manifestaciones todas, de todos los pueblos de la Republica.— (Muy bien).—El señor Senador por Santa Fe no vino a matar ese Gobierno, sino a declarar su muerte! (Muy bien).

Pero lo ha dicho también, señor Presidente, el Senado argentino. El Senado argentino no ha colocado en condiciones de motín militar, ni de asonada, ni de conjuración catilinaria la revolución de Julio. Debemos a este cuerpo la marcada deferencia de que dos de las personas que habían tomado parte principal en aquella revolución hayan sido recibidos como Senadores de la Republica, haciendo excepción para nuestra recepción, a las formas ordinarias que reclama la presentación de diplomas.

Sr. Rojas. —Contra eso reclame.

Sr. Del Valle. —Cito el hecho; el Senado de la Nación nos ha recibido Senadores de la Republica, antes de que nosotros hubiéramos presentado los diplomas de tales, y no cito este hecho por sentimiento de vanidad o vanagloria personal, sino para fijar el carácter del movimiento revolucionario en que tomamos parte, y que refleja sus luces sobre los dos Senadores de la Capital.

Señor Presidente: la revolución de Julio es un acontecimiento histórico. Es posible que el juicio respectivo de los que estamos llamados a manifestarnos sobre ella en la actualidad, sufra la influencia del papel que cada uno ha desempeñado en los acontecimientos recientes; pero estoy convencido de que aquella posteridad que anuncie próxima a llegar para los Gobiernos que prescindían de la opinión publica, y de las reglas del buen Gobierno, esa posteridad esta también próxima para los que nos arrojamos en el incierto camino de aventuras, empujados por móviles levantados, nobles y honrados, sin otra aspiración que el bien de la Patria.

Sr. Pizarro. — Pido la palabra.
El señor Senador dice que va a usar largamente de la palabra, y se ven las proyecciones del discurso de su discurso; hago moción para levantar la sesión.

Sr. Presidente. Habiendo asentimiento, queda levantada la sesión y con la palabra el Señor Senador por la Capital.

Eran las 5.30 p.m.      





























Fuente: Alocución del Señor Senador por la Capital Federal Dr. Aristóbulo del Valle sobre La Situación Politica del País con motivo de la "Revolución del '90" en la Honorable Cámara de Senadores de la Nación Argentina en la sesión del 9 de junio de 1891.
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