Páginas

martes, 30 de junio de 2015

Carlos Duclos: "Rodríguez Araya y la patria perdida" (2008)

"Querido don Amadeo: creo en Larcher no así en Toranzo. Este tiene un trauma conspirativo. El radicalismo se desintegrará. Sólo lo evitaría su conducción. A Balbín lo pierde su odio a Frondizi. Esto lo llevará a perder sus posibilidades presidenciales; él quiere el quiebre del orden constitucional y la muerte civil del peronismo. Lo logrará. Contará con el clero y el ejército. Del Castillo le explicará mis preocupaciones. Yo no seré cómplice de un radicalismo golpista. Prefiero quedarme solo".

Ante estas palabras que dan contexto a una breve carta escrita en el año 1959, no puede menos quien las lee sino guardar silencio nostálgico, reflexionar y apenarse porque en nuestros días no haya políticos de la talla de Agustín Rodríguez Araya, que de él es la misiva. Políticos que tanta falta hacen en esta patria sometida, humillada, asida desde hace muchos años por incapaces o desvergonzados cuando no ultracorruptos que han puesto de rodillas y llorosas a tantas almas inocentes, muchas de las cuales han partido sumidas en la desesperación por ver a su descendencia condenada a la incertidumbre.

La carta que se acaba de reproducir, escrita con una vieja pero robusta máquina de escribir, tan noble como aquellos espíritus que hoy huelgan en la Nación, es la respuesta que Rodríguez Araya le envía nada menos que al gran médico cirujano argentino y dirigente radical Amadeo Sabattini, quien en un recetario y con una estilográfica de la época le decía al entonces diputado nacional por Santa Fe que abrigaba esperanzas respecto del país y del partido. La respuesta del rosarino fue contundente: refiere a las posibles reacciones de los generales Larcher y Toranzo y pone al desnudo, sin eufemismos ni ambages, los sentimientos de entonces del Chino Balbín y sus anhelos. Y es en ese breve texto donde se pone al desnudo toda la traza magnífica de un hombre comprometido con la causa de toda la Nación y despojado de burdas mezquindades que hoy abundan.

Sería poco después el general Larcher quien retaría a duelo a Rodríguez Araya en virtud de algunas denuncias y manifestaciones públicas que éste había hecho contra militares. Hábil en el manejo de la espada, el militar eligió ese arma para el lance caballeresco y el diputado lejos estuvo de achicarse, a pesar de que jamás había empuñado un filo de este tipo. El rosarino designa como padrinos nada menos que a don Luis Palacios (otra de las figuras que dieron lustre a la vida argentina) y a Horacio Thedy. Palacios le envía a Rodríguez Araya un telegrama que quien esto escribe tiene ante su vista y que conmueve:

"Gracias al amigo y gran ciudadano con un fuerte abrazo. Alfredo Palacios".

Llega el día y se baten. Larcher hiere en la cabeza al radical y, como recuerda un amigo del injustamente olvidado político argentino: "El general no lo quiso matar. En realidad terminó admirándolo tanto que antes de morir el militar le pide a su esposa que le obsequiara a Agustín su reloj". No parece ser el único de sus adversarios que admiraba a Rodríguez Araya; el propio Perón le mandó nada menos que el original (que aún existe y está celosamente guardado por amigos) de la proclama revolucionaria que había escrito Perón, de su puño y letra, antes de asumir la primera presidencia.

 Algunas historias. Al hablar de Rodríguez Araya no es posible no recordar algunas historias, como las constantes denuncias por contrabando que realizaba. Por ejemplo, aquella que determinó, en el año 1954, el desbaratamiento de una operación consistente en contrabando de autopartes y otros elementos por un valor de 500.000 pesos que hoy representarían, en valores reales, acaso millones de dólares. O el haber denunciado y esclarecido la estafa en la que estaban involucrados hasta los niños cantores de la Lotería. Era simple pero enriquecía a muchos: salía la bolilla con un número y a los chicos les hacían cantar otro. El premio era para el que lo había comprado.

Durante una campaña para la elección de gobernador, en el año 1949, había denunciado al gobierno de entonces comparándolo con Alí Baba y los cuarenta ladrones. La tarde de la votación definitiva, el 9 de junio de 1949, Rodríguez Araya se defendió con un nuevo ataque: "Dicen que me referí a Alí Babá, pero esto es poco, comparado con el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (el IAPI creado por el gobierno del general Farrell), porque en el IAPI está la lámpara de Aladino y quien la frota se enriquece en un diez por ciento". Exhibió entonces un manojo de documentos probatorios de irregularidades que saturaban el pupitre de su banca.

Hombreando bolsa. Claro, un político de tal naturaleza no sólo que no era querido por los mismos de siempre, sino odiado. Fue baleado por la espalda y perseguido. Debió proteger su vida exiliándose en Uruguay. "Allí llegó con una mano atrás y otra adelante, recuerda unos de sus discípulos, y para poder subsistir se fue al puerto y trabajó hombreando bolsas".

Le corresponden a Agustín Rodríguez Araya estas palabras:

"He comentado que los generales compañeros de promoción de la época en que Alsogaray era cadete de la Escuela Militar lo hicieron ministro abriéndole las puertas de los cuarteles e institutos militares a fin de que inficionara la mente de los jóvenes oficiales con las ideas de la libre empresa, la piedra libre como debería llamarse, en contra de la política económica nacionalista que esos mismos generales venían sustentando hasta hace poco".

Esta piedra libre, a la que hizo referencia Agustín Rodríguez Araya hace ya más de cuarenta años, es la que ha llevado a esta Nación y sus hijos a un estado de situación que sólo pueden comprender cabalmente, por medio de la comparación, aquellos que han vivido épocas pasadas y que soportan la actualidad. Es cierto que problemas hubo siempre, que la corrupción no es algo nuevo, pero quien puede comparar sabe del grado de putrefacción política y resignación social. Bien puede decirse que en este país el que hoy se salva no goza de la garantía de la redención mañana. Por eso tantos padres y abuelos reflexivos hoy piensan con angustia y temor en el destino de la sangre nueva.

Tendría cien años. ¿Pero por qué este recuerdo de Rodríguez Araya? Porque si viviera, el día miércoles pasado, esto es el 13 de agosto, hubiera cumplido cien años. Hubiera leído en el diario muchas noticias desagradables; se hubiera indignado, se hubiera enfadado profundamente al leer, por ejemplo, que uno de los tres empresarios asesinados hace horas tenía más de 20 causas en la justicia por adulteración de medicamentos, que había donado a la campaña electoral del actual gobierno 200 mil pesos y que había logrado vender al Hospital Francés, cuando fue intervenido por el gobierno, medicamentos por un valor de más de cuatro millones de dólares. Hubiera seguido leyendo otras noticias y sería testigo, como tantos, de una Patria perdida. El, ese hombre que dijo: "No seré cómplice del golpismo, prefiero quedarme solo". Solo, como tantos compatriotas hoy.








Fuente: Reflexiones: Rodríguez Araya y la patria perdida por Carlos Duclos - Diario La Capital 17 de agosto de 2008



Leer más...

viernes, 26 de junio de 2015

Hipólito Yrigoyen: "Comicios honorables y garantidos" (18 de octubre de 1891)

A la tercera conferencia, del 18 de octubre, concurren H. Yrigoyen que lo hace a titulo personal y el doctor Oscar Liliedal en representación de D. Bernardo; Gutiérrez comunica su inasistencia.

Pellegrini esgrimió el argumento de una "solución patriótica", debiendo haber un acuerdo sobre los candidatos de la sucesión presidencial, entre los políticos presentes.

Sigue Mitre, reconociendo el patriótico propósito del señor presidente y que el como su partido, estaban dispuestos "incondicionalmente" a secundarlo.

Entonces, se hace oír la voz de una ética política, de Yrigoyen que dice: “la Unión Cívica Radical no solo no estaba incondicionalmente dispuesta a secundar los planes del presidente, sino que este no cumplía con su deber, debiendo colocarse en su puesto; la presidencia futura debía surgir de comicios libres y no de un pacto o conciliábulo”.

Objetando Pellegrini: Y ¿Como quiere el doctor Yrigoyen que me coloque en mi puesto si siento que me quema la cara las llamaradas de una revolución de su partido? Contesta Yrigoyen severamente: "Cumpla el Presidente de la Republica con su deber, garantice el comicio y vera como no le quema la cara las llamaradas de ninguna revolución radical".

Del Valle apoya el criterio presidencial, no solo como un derecho sino como un deber en circunstancias trascendentales. Interrumpido por el doctor Yrigoyen, quien aclara que en circunstancias anormales el presidente podía tener ese derecho, pero no cuando la Nación toda solo reclamaba comicios garantidos para darse sus gobiernos legítimos. (Ver Documentos y conferencias con F. Alcorta y R. Saenz Pena.)

Después ocurre el episodio, entre Quintana y Mitre, cuando el primero trata a Yrigoyen de "mocito petulante" replicándole Mitre: “no solo no es petulante, sino una gran esperanza para la patria”

Mientras Yrigoyen da un golpe moral al acuerdo en su mismo reducto, Alem denunciaba en el Senado (setiembre 1891), otra faz de la situación nacional, unida al acuerdo: "Se quiere evitar la lucha, no de dos partidos organizados, sino la lucha del partido popular con los gobernadores de provincia manejados por el Presidente de la Republica".

Testimonio del Dr. Hipólito Yrigoyen

Tal como se planteó en los clásicos manifiestos del 90, 93 y 905, y en la consecutiva documentación pública de las altas direcciones de la Unión Cívica Radical, y como lo reiteró ante el señor vicepresidente de la República en ejercicio de la presidencia, doctor Pellegrini, en la memorable reunión a que convocara a un número de ciudadanos de las distintas representaciones públicas, a la que asistí conjuntamente con él doctor Oscar Liliedal, respondiendo a la invitación que el Señor Presidente hiciera a la Unión Cívica Radical, y en la que se encontraban el general Mitre, el doctor Aristóbulo del Valle, Manuel Quintana, más otros señores, y en la cual debí rebatir y refutar la proposición de concordancia que para evitar la contienda electoral, propusiera el señor Presidente como solución patriótica, tan nefasta en la vida representativa de la Nación, y a la que se adhirió incondicionalmente —dijo—el General Mitre.

Pero, ante los opuestos razonamientos con que dilucidé la cuestión, desentendiendo totalmente sobre ella, no insistieron en la proposición formulada, limitándose el doctor Pellegrini a expresar que, como podía colocarse en la situación a que yo me refería, cuando como Presidente estaba sintiendo sobre su rostro el calor de una revolución y que era precisamente de mi partido, a lo que contesté en síntesis: que se colocara el Presidente en la línea de conducta que le marcaba la Constitución y sus leyes correlativas y que estuviera seguro de que tendría en la institución cívica que representábamos el primer factor de la tranquilidad y de la seguridad pública.

El General Mitre no insistió y por el contrario hizo manifestaciones visibles de asentimiento a los juicios que yo había emitido, formulando después elogiosas manifestaciones a mi respecto.

El Dr. del Valle se concretó a decir que coincidía en gran parte con mi pensamiento, pero que creía que había momentos en la vida de los pueblos, en que los Presidentes podían y hasta debían consultar a los ciudadanos que creyeron más capacitados. Le observé que condecía con ese raciocinio y que me lo explicaba muy bien cuando sucesos de un orden inesperado o extraordinario, requerían una mayor consulta de juicio superior, pero de ninguna manera cuando se trataba de elementales reglas de gobierno para garantir y cumplimentar el ejercicio del derecho electoral.

Como algunos de los otros señores nos preguntaron si podíamos atender proposiciones, les hice presente, que nuestra misión estaba definida por las consideraciones aducidas.
Así terminó la conferencia, siendo despedidos por el Señor Presidente y demás señores con toda cordialidad y que dejo referida más o menos en los términos con que se hizo pública en toda la prensa.

Quedó así confirmada ante la más alta autoridad del gobierno, que no había ventaja ni beneficio que pudiera desviar a la Unión Cívica Radical de la suprema idealidad, con que desde su punto de partida, emprendía la ímproba empresa de la reparación fundamental de la Nación.

Concurrió generosamente a la vida electoral con la legislación del régimen, pero aleccionada por los sucesos, pudo apercibirse de que por ese camino no iría sino a todos los desmedros y a todos los desencantos públicos, y entonces resolvió renunciar a las representaciones oficiales que tenía, reconcentrándose hacia la abstención, manteniendo su altiva protesta y dando los motivos de su recogimiento, que duró dos años en una serena contemplación de los sucesos y la decisión de no salir de ella, sino para afrontar y abordar comicios honorables y garantizados.













Fuente: -Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Tomo I Vol. I Reparación-Intransigencia, Selección, anotación y ordenamiento por Hector Rodolfo Orlandi, Jorge Rodolfo Barilari y Roberto Etchepareborda, Editorial Raigal 1953.

-Quinto escrito de defensa de H. Yrigoyen, ante la Corte Suprema de Justicia, 8 de septiembre de 1932 

Leer más...

miércoles, 24 de junio de 2015

Nélido Baigorria: "El perenne legado de Ricardo Rojas" (17 de setiembre de 2007)

Un 29 de julio de 1957, en el mes de la libertad, como acostumbraba llamarlo el gran Alfredo Palacios, se iba de la vida don Ricardo Rojas. Para su viaje hacia la eternidad llevaba sólo una alforja cargada de dignidad, de civismo, de amor a la tierra, a la juventud que había formado en las aulas o en las tribunas políticas, porque en el profesor universitario como en el orador de las asambleas públicas, quien estaba presente era siempre un maestro.

Y así partió para su destino final, sin oro, sin oropeles, sólo con esa alforja plena de los grandes valores para los que había vivido: fiel a sí mismo, fiel a los principios de los que jamás abjuró, fiel a los profundos afectos que iluminaron el largo trayecto de su rica vida que no conoció claudicaciones cualesquiera fuesen los cantos de sirena que perseguían su complacencia.

Quienes tuvimos el infinito privilegio de haber sido sus alumnos, en el cincuentenario de su muerte, lo imaginamos vivo, tal como quedan en el recuerdo aquellos a los que hemos amado y a los que debemos inmutable gratitud. Lo vemos llegar al aula de la vieja Facultad de Filosofía y Letras de la calle Viamonte con su estampa de poeta, su traje negro, su impecable camisa blanca de cuello duro y la cadena de oro, que atravesaba su chaleco quebrando con una nota brillante la majestuosa sobriedad de su atuendo, y, siempre, en su manos un libro, que podía ser La España del Cid , de Menéndez Pidal o El Buscón, de Quevedo, uno de cuyos fragmentos nos leía con voz grave y dicción perfecta.

Por las inolvidables clases de Literatura Española de ese profesor erudito, para su mayor gloria autodidacto, desfilaron los cantares de gesta, la heroica figura del Cid y el proceso lingüístico que marcaba el avance del hermoso idioma que se estaba consolidando; toda la belleza del romancero, los albores del humanismo, el estallido estilístico de la España áurea, la cumbre de Cervantes, la maravilla del barroco, y así, indefinidamente, brindándonos con la responsabilidad de un gran maestro, sin retaceos de tiempo ni de esfuerzos, la savia cultural que, con el deslizarse de los años, se trasformaría en el sólido sustrato de nuestra formación ética, estética y cívica.

Nada fue ajeno a su inquietud intelectual, por eso sus clases trascendían el tema indicado y dejaban, más allá del conocimiento específico, aquella "arenilla dorada", la sabiduría, que, según el brillante escritor ecuatoriano, Juan Montalvo, arrojaba "chanceando" la pluma de Cervantes. De su profuso bagaje cultural surgía la leyenda oportuna, el gracejo de un dicho popular, la lección emanada de un apasionante momento histórico, la referencia a alguno de sus viajes, que era una dínamo para la exaltada fantasía de nuestros gloriosos dieciocho años. Jamás hemos olvidado su clase sobre el romancero, cuando recordó que en Marruecos, en una noche desbordante de estrellas y en un palacio al que había sido invitado, desde los amplios ventanales abiertos que permitían oír el silencio nocturno, escuchó de pronto, emocionado el canto de un romance viejo en el dialecto judeo-español, el ladino, que los sefardíes, descendientes de los expulsados de España hacía 500 años, aún mantenían como nexo con la patria lejana y para siempre perdida.

Investigador infatigable, introdujo en la carrera de Letras, la cátedra de Literatura Argentina y trabajó en un portentoso esfuerzo, dada la precariedad de antecedentes, en la sistematización de la historia de la literatura argentina. Sus investigaciones también llegaban a la cátedra para develarnos las raíces sobre las que se forjó nuestra identidad nacional. Su pasión americanista de la que está impregnada toda su obra le inspira Ollantay , subtitulada La tragedia de los Andes , en la cual, del amor prohibido entre el titán de los Andes y Coellur, la ñusta hija del sol, nacerá la progenie americana que elevará, como lo dice el poeta, "a hijos del sol los hijos de la tierra", bella imagen que expresa el luminoso destino que el maestro aguardaba para América del Sur.

No obstante, el valor de su profusa obra literaria, el reconocimiento de prestigiosas universidades extranjeras que le otorgaron títulos honoris causa, las condecoraciones de gobiernos extranjeros y diplomas emitidos por instituciones culturales de renombre universal, y aun después de haber sido rector de la Universidad de Buenos Aires, nada logró postergar su deber cívico de intervenir en la vida política del país que necesitaba consolidar el mandato de Mayo al que la Constitución Nacional de 1853 obligaba.

Como una faceta más de su calidoscópica personalidad, surge el ciudadano responsable que estudia la génesis del pensamiento político con el cual se abrió cauces a nuestra nación libre y soberana. Por eso, cuando el 6 de septiembre de 1930 se produce la primera quiebra institucional, con el golpe de Estado que derroca al presidente Yrigoyen, el maestro abandona su gabinete de estudioso y adopta la posición militante, que sólo se extinguirá con su vida. La vocación docente y su pasión por la escritura encauzan su pluma hacia la defensa del partido político desalojado del poder, porque encuentra en su doctrina las raíces de la inconclusa Revolución de Mayo.

Escribe entonces su primer libro, esencialmente político: El radicalismo de mañana , en el que aporta no sólo solidez a la idea moral y su fundamentación histórico-filosófica, sino también la jerarquía de su nombre y de su prestigio de pensador insobornable para la lucha que se avecina, donde se jugaba el destino del mundo, entre las concepciones totalitarias y la defensa de la democracia con sus dos pilares clave: la libertad y la justicia.

El 10 de octubre de 1931 el diario Noticias Gráficas lo visita en su casona de la calle Charcas, para indagar la causa acerca de esa sorprendente determinación de ascender al escenario político con todo lo que entraña de sinsabores e ingratitudes. La respuesta no ofrece dudas:

"He llegado a esta altura de mi vida sin haber estado jamás en ninguno de nuestros partidos políticos (...) y así habrían seguido transcurriendo mis días, en el retiro del estudio, que no fue torre de marfil para mi deleite, sino atalaya de piedra para mi ansiedad, a no ser por la crisis profunda que hoy amenaza nuestras instituciones vitales".

El poeta compromete en el accionar político su devoción al credo de Mayo y se afilia al radicalismo que, de acuerdo con su mirada, esa fuerza cívica expresa. Llega en el momento del dolor y el ostracismo, incluso de la persecución, no conoce al presidente derrocado, nunca se acercó al poder para solazarse con los oropeles de un cargo público, se ofrece, en cambio, sólo como un ciudadano militante y lo testimonia en las últimas líneas de su libro con estas palabras, que suenan a quimeras en el cuadro de total decadencia ética en el que estamos viviendo:

"Llegué al partido donde los nietos de los próceres y las gentes anónimas que allí se congregan en una fuerte solidaridad de patria me recibieron como a un viejo amigo. Ocupé mi puesto como el más humilde de todos. No era la hora de las canonjías, sino la hora de los vejámenes. Pero era también la hora de la esperanza, que siempre nace de un gran dolor, y este libro es el mensaje de mi esperanza cívica, puesta hoy en el radicalismo de mañana".











Fuente: Diario LA NACION del 17 de setiembre de 2007 la autora fue diputada nacional y es miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Sociales de Mendoza.

Leer más...

martes, 23 de junio de 2015

Armando Balbín: "Sobre justicia social, huelgas y paros" (1992)

En cierta época, retumbaron en Argentina las palabras de Perón "quiero que en Argentina haya mas ricos y menos pobres". Algunos gremialistas de aquel periodo actuando incontrolados e impunes, decidieron que la recaudación del sindicato era invulnerable, aun en detrimento de aquella consigna.

Un ejemplo lo confirma. Los propietarios del tradicional Restaurante Odeón que registraba desde añares en las mas importantes guías turísticas del mundo entero, imponentes para sobrellevar presiones de todo tipo, decidieron transferir el fondo de comercio a sus 25 empleados, asociados bajo el régimen de las cooperativas por un precio altamente conveniente.

La dirigencia sindical encabezada por un italiano, se opuso aduciendo que privaba del ingreso de otras tantas cuotas sindicales y como los contratantes insistieran las turbas organizadas, molestaban a los clientes y amenazaban de muerte a los nuevos aspirantes a "dueños" por traicionar al peronismo. Uno de estos Aquilino Morado, un idealista, que les puso pecho, - fue arrojado a las vías del tranvía. Allí estuve entre el publico que corrió en su auxilio. Promovida la causa a penal, la Cámara de Apelación dio por iniciada la audiencia pública con la presencia de alrededor de 200 gastronomicos que no encontraron mejor forma de coaccionar que estallando en fuertes aplausos cuando los defensores de los imputados, intempestivamente, pidieron al tribunal que pusiera el acto bajo los auspicios de Perón y de Eva Perón. El presidente, haciendo sonar la campanilla anuncio que de repetirse, desalojaría la sala, a lo que me opuse alegando:

"De ninguna modo señores jueces, es oportunísima la advocación. El espíritu de Eva y la doctrina de Perón habrá de sobrevalorar en esta sala vigorizando mi tesis que seguramente será recogida por VE y aplaudida por todos los presentes cuando termine".

Oídas las severas amonestaciones que me impuso el tribunal, cuando llego mi turno, cada vez que martillaba con el índice el lugar de la página del libro que iba sacando de dos portafolios, clavaba la vista en el auditorio a la par que decía:

“Cada pagina prueba señores jueces, la tesis del binomio presidencial ampliamente explicitada por los ideólogos del peronismo y apoyada por auténticos sindicalistas. Hasta hoy nunca se derogo el Decreto N° 16 suscripto por el Coronel Perón prohibiendo la huelga”

La barra dejo dir tosesitas y el frotar de sus mamelucos sobre los bancos. Los que permanecían de pie zapateaban levemente. El Tribunal reitero la advertencia. Yo agitaba el decreto. "Aquí esta la prueba que debe incorporase a la causa. V.E. incurriría en un error impidiendo que estos compañeros se enteren que, sin querer y por no saber, están boicoteando al gobierno, atentando contra el derecho de los trabajadores a cambiar su condición de subordinados por la de patrones y por ende, negándose al más caro de los anhelos propalados por Eva y Perón.

La presidencia ordeno que me ajustara al tema a los que respondí:

“Este es el tema señores jueces.

“La teoría explicitada por Perón, fue desarrollada en el recinto de la Cámara de Diputados por el más preclaro de los ideólogos de su partido, Díaz de Vivar (Diario de Sesiones Tomo III ano 1950, pag. 2252 y 2256), contando con el apoyo de su blok, la adhesión del sindicalista Tejeda, del ministro Borlengui, del secretario de la C.G.T. Espejo, y de un sin numero de gremialistas cuyos nombres llenarían paginas”

Al término de la audiencia el señor secretario del tribunal se acerco para comunicarme, en nombre de los magistrados, que previendo desagrados me invitaban a usar la puerta privada.

Agradecí la dieferencia, haciéndole saber que acaba de imponerles a mis familiares y amigos, en total siete, que permanecieran dentro de la sala hasta que yo franqueara la puerta de salida del palacio. Los peronistas respetan el coraje de la franqueza. Estos concurrieron a la audiencia traído como elemento de presión convencidos que atacaría al peronismo y al sindicato y se encontraron defendidos en sus perspectivas de futuro.

Asi ocurrió. A medida que yo avanzaba entre medio de esa "multitud" agolpada en el hall de tribunales me habrían paso. Algunos ponian "cara de amigos".














Fuente: ¡Argentinos! A precaverse contra los que engañan a su partido y al pueblo del Dr. Armando Balbín, 1992.
Leer más...

lunes, 22 de junio de 2015

Siluetas parlamentarias: "Aristóbulo del Valle" (1886)

Será cierto que cada uno de nosotros no es mas que una percepción relativa de algo absoluto que se llama el hombre?...

La originalidad de las teorías de Schopenhauer me seduce y encanta.

Demonio! con que ni mi abuelo ha muerto, ni yo moriré jamás, porque prosigo la encarnación, que continuarán mis descendientes, de una entidad inmortal que figura en el reino zoológico con el nombre de «especie humana»?

Pero no me satisfacen las consecuencias que surgen de las doctrinas del filósofo predilecto de los suicidas.

Y sinó, escuchen ustedes:

Ese diputado que ocupa tal banca del Congreso, confundido entre la izquierda ministerial, es don Agustín Cabeza, don Rubén Ocampo, ú otro legislador tapiado de idéntico jaez.

Pues, aunque parezca raro, esos modestos diputados son, según Schopenhauer, el testimonio elocuente de la inmortalidad del hombre.

¿Quién afirmará que el hombre muere, aun ante los huesos de los millones que nos han precedido, cuando á través de los siglos se nos presentan ejemplares corpulentos de esos organismos semovientes?...

¡Cuánto consuelo encierra tan desconsoladora metafísica!

E pur —imaginen mis lectores que, segun mi catetómetro analítico, resultase que el mas menguado de los congresales de voto tiene la misma estatura política de uno de los mas brillantes de nuestros oradores parlamentarios.

Se diria que mi instrumento, ó yo, ó ambos, no servíamos para maldita la cosa.

Lo que pasa con las teorías precitadas. Nos conducen á este corolario absurdo: Aristóbulo del Valle es tan percepción de la humanidad como cualquiera de sus negativos parlamentarios.

Todo puede, empero, ser susceptible de progreso. La metafísica, por ejemplo. Procuraré entonces dar viabilidad á las doctrinas «contra la vida» del sabio Schopenhauer.

Comenzaré.... Todo país tiene su tradición parlamentaria. Entiendo por tal concepto la serie de monumentos que inteligencias patrióticas han ido construyendo en los campos estériles del despotismo ó floridos de la libertad, que han sido hollados por un pueblo.

Admito que toda colectividad tenga cuenta corriente con cada repartición del génio humano.

Por ejemplo, la partida Elocuencia ha existido, desde la disertación de Castelli sobre la caducidad del poder español en América, hasta el discurso de Del Valle sobre los fueros de la Imprenta en nuestro país.

Podria, pues, exclamar, parodiando al filósofo:

«Ese hombre que veis de tez morocha, espresivos ojos, picado de viruela, rostro grande y simpático, nariz recta, y nazarena barba, es un orador parlamentario! Muchos le habrán precedido con no menor fama; pero en realidad no han muerto. Cada uno de ellos fué lo que aun subsiste en esa abultada y atrayente envoltura mortal de algo perdurable y eterno!...»

Separador.jpg
O main de l'impalpable! ô pouvoir surprenant!
Mets un mot sur un homme, et l'homme fris-
(sonnant
Sèche et meurt, pènètrè par sa force profonde!
Creo que de las obras de la oratoria podria decirse lo que La Bruyére de los libros:

«Cuando una lectura eleva vuestro espíritu, cuando os inspira sentimientos generosos y grandes, no procuréis encontrar otro criterio para juzgar del mérito de la obra: ha de ser buena, y de mano maestra».

Escuchando al doctor Del Valle en el Senado, uno siente algo como ese frio en las carnes que retempla la fortaleza del ánimo y oprime en el corazón las arterias del sentimiento: ese hombre es elocuente, sin duda alguna.

Gallo, Estrada, Goyena, son también oradores elocuentes. Recuerdo haber indicado cómo el segundo suple, con los resortes patéticos, la escasa estensión de sonidos agudos en su registro vocal.

Y en esta cualidad, Del Valle es mas acaudalado que Gallo y Goyena.

Tendrá este mayor fluidez en la espresión, y redondeará aquel los párrafos con elegancia mas seductora; pero no siempre conseguirán los efectos oratorios del ilustrado Senador por Buenos Aires, quien, como Avellaneda, tiene en sus órganos vocales el diapasón cuyo resonador es el corazón de las multitudes.

Del Valle es uno de los escasos tenores de nuestros anales oratorios. Me refiero á ese elemento que se llama «espresión del orador».

Solo tiene rivales en cada una de las múltiples facetas de su oratoria: Avellaneda lo fué en su mímica y en la densidad del pensamiento; Goyena lo es en la impetuosidad de la improvisación; Gallo, en la esbeltez de los párrafos; los Várela en la vehemencia de la elocución; Estrada, en el vigor de los raciocinios; Sarmiento, en la originalidad, y Mitre en el prestigio popular de la palabra.

Por lo demás, Del Valle tiene, como Quintana y Rawson, una confianza ciega en sus recursos intelectuales y fónicos. En estos últimos desearía tenerla el doctor Alem!...

Y á propósito. Con los tres últimamente citados, tiene también sus puntos de contacto el doctor Del Valle.

Con Alem, por la sinceridad y honradez de su palabra; con Quintana por la robustez de la dialéctica, y encanto de la exposición; y con Rawson, por la dignidad y erudición de sus elocuciones.

También.... Pero basta de comparaciones, y discúlpenme los demás oradores, que no se trata de un desfile, sino de meras determinaciones cualitativas, para las cuales necesitaba algunos puntos de mira, como cuando se trata de una nivelación matemática.

Recapitulando sobre las cualidades oratorias de del Valle, puede afirmarse que su género es mas próximo de la persuasión que del convencimiento.

Encierra lo que Ennio atribuia al brillante Cornelio Cethego: suadae medulla —el alma de la persuasión!

Separador.jpg
El doctor del Valle comenzó á flotar como hombre público en las memorables campañas electorales del 73 y 74.

Contribuyó, como Alem, Eugenio Cambaceres, Irigoyen, Rocha, Luis Varela, Saenz Peña, López, Cané y tantos otros, á constituir aquel núcleo vigoroso que, rodeando al malogrado Adolfo Alsina, sirvió de instrumento histórico contra el prestigio político del vencedor de Pavón.

En aquel partido denominado «autonomista,» del Valle puso á prueba su talento en las asambleas populares y legislativas, así como en el periodismo; su actividad en las operaciones del comité político, y su valor en las cruentas refriegas del comicio.

Hombre de inteligencia y de acción. Del Valle desempeñó sucesivamente con brillo y con firmeza los cargos de Convencional, Diputado y Ministro de Gobierno en la Provincia de Buenos Aires.

En 1867, acompañado por Cárlos Keen y Cárlos D'Amico, ya habia comenzado á ser conocido como periodista de expresión fogosa, contundente dialéctica y galano estilo, desde las columnas de EL NACIONAL, diario al que permaneció fiel en los intérvalos posteriores de las agitaciones de su vida pública.

Vino la conciliación de aquende el Plata, saludada con tanto alborozo y con mayor entusiasmo que la contemporánea de allende...

No puedo detenerme en el análisis de las pasiones que fermentaron en aquel episodio de nuestras contiendas electorales: tuvo su capítulo final sobre la tumba de Alsina; y las jornadas de 1880 formaron su sangriento epílogo!...

Del Valle y los alsinistas que habían levantado su candidatura para Gobernador, no estuvieron de acuerdo con aquella política de olvido, de fraternidad y de circunstancias: prodújose el cisma, y Del Valle, Rocha, Pellegrini, Alem, López, Saenz Peña, Irigoyen, Uriburu y demás miembros de la juventud activa del partido alsinista, organizaron la famosa fracción «republicana».

Les sucedió lo que Alsina habiales profetizado: «¡Ay de ellos! desgraciados! los arrastrará el torrente!»

No desaparecieron, empero, pues en 1880, y desdeñando alistarse en los grandes bandos, se agruparon en torno de Sarmiento y de Irigoyen.

El nudo electoral fué cortado á filo de espada; y Del Valle entró con los vencedores... ¿Veleidad? ¿Cálculo? ¿Imprevisión?.... Examino los hechos sin penetrar en las intenciones. Meses después, los republicanos formaban en las filas de la oposición.

No hay cargo sério en las líneas que preceden. Conozco al distinguido sanador, y consta á todos que abriga sentimientos elevados y patrióticos.

Pero ¿quién no se estravía en medio de los torbellinos de ambición que invaden nuestro mundo político, como aquellos de seres humanos con que pobló su infierno la fantasía del Dante?...

El político, mas que el hombre privado, se encuentra sometido muchas veces á tensiones contrarias, y termina, —ó por debatirse en la desesperación, —ó por hundirse en el desfallecimiento, —ó bien se torna revolucionario,— cuando no contemporiza, midiendo prudentemente las consecuencias probables de sus actos.

Separador.jpg
Durante los primeros años de la guerra del Pacífico, éramos los argentinos, mas aperuanados que los mismos peruanos.

Deseábamos de corazón que los descendientes de Pizarro deslomasen á los de Almagro, en conmemoración de la primera lucha de hace siglos, entre ambos conquistadores.

En realidad, nos parecía que otros nos evitarían la probable empresa de poner panza arriba á la robusta anguila ultrandina del Pacífico.

Pero el Héctor marino de la Troya de los Incas sucumbió con su famosa nave; y nosotros, aliados de corazón, tributamos grandes honras fúnebres á la memoria del valiente Grau.

Hubo un funeral religioso, y otro literario... El panegírico del segundo fué encomendado al Dr. del Valle.

Y en aquella hermosa oración fúnebre, su fama de literato, divisada á través de sus discursos y de sus editoriales, se exhibió nue, sin ocultar uno solo de sus encantos.

No se dedica, empero, al cultivo de las letras, podando su propio ingenio.

De ahi que sus raras producciones denuncien el esfuerzo poco ejercitado del maestro.

Deja las huellas del buril, lo que no pasa con los camafeos salidos de los talleres de literatos en constante actividad.

Y es lástima, porque las obras literarias de Del Valle tendrían no menos brillo y originalidad que las conocidas de Lopez, Muñoz, Cané, Cambaceres, Groussac y demás buenos prosistas del Rio de la Plata.

Pero observo que estoy reincidiendo en el pecado que me criticaron cuando escribí de Eudoro Avellaneda: dedicar párrafos á lo que puede hacer y no hace.

Es que eso tendia á poner en relieve ciertas cualidades del hombre..,. Como aquí, pretendo dar una idea de la fertilidad de un talento, cuyas aptitudes literarias no solo se transparentan en sus artículos periodísticos, en sus discursos parlamentarios, en sus informes judiciales y en sus arengas populares, sino tambien en su refinadísimo gusto artístico, y en la seducción de su charla, sencilla pero sólida y agradable, como una joya inglesa.

Un amigo no encontraba palabras con que ponderar el caudal de buen gusto artístico que contienen los lienzos y bronces adquiridos por Del Valle en su viage al coptinente europeo.

Y ese buen gusto, esa afición artística, forman el foco cuyos resplandores combinan juegos de luz en la charla que desborda en los labios del simpático leader de la oposición en el Senado.

De mi primera visita al Dr. del Valle conservo un recuerdo mixto: grato por la sensación de la proximidad de tan excelente espíritu; desagradable por las causas que me hicieron abandonar mí butaca en la mitad de la función.

Mi introductor cometió la barbaridad de señalar para la presentación, la sobremesa de no recuerdo qué festejo, celebrado con intemperancia de templarios en el Café de Paris.

Todo fué bien al principio; pero la viveza de la charla, y la amabilidad obsequiosa del visitado, echaron á perder el debut.

Para evitar los tomates del público, que ya coloreaban en las mejillas, «hubo que tocar espiante», como dicen los compadres.

Uf! El solo recuerdo de aquel four me ponia de colores, y me hacia evitar todo encuentro con el Dr. Del Valle.

Pero lo política me puso nuevamente á su alcance, y su risueña afabilidad no dejó señales del temor de una «malísima impresión» respecto de mis aptitudes de visitante

Cá! la bondad de Del Valle es característica. Suele llegar hasta los límites de la abnegación. En 1871 compartió con los miembros de la Comisión Popular los peligros de aquella cruzada contra una peste mortífera.

Eso como hombre. Y como orador? como caudillo? como político?.....

El Dr. Del Valle recorre la segunda mitad del viage humano hácia el resumidero panteista del sepulcro. Según Campoamor, es cuando hacemos mejores cosas.

Quedo á la espectativa.








Fuente: Diario El Nacional “Siluetas parlamentarias” (1886)
Leer más...

domingo, 21 de junio de 2015

Luis León: "Proyecto de Reordenamiento Sindical" (14 y 15 de marzo de 1984)

Sr. Presidente. - Tiene la palabra el señor senador por el Chaco.
Sr. León. - Señor presidente: siempre pensé que la mejor manera de manifestarse una nación era a través del régimen parlamentario. El debate de esta noche justifica totalmente mi convencimiento: el Parlamento esta dando un alto ejemplo para esa democracia por la que la Republica y seguramente muchos argentinos están bregando.

Debe ser definitivamente cierto que los argentinos estamos buscando una nueva sociedad, una nación integrada, con prestigio. Para nosotros la democracia es una idea cultural, y en nombre de ella la Unión Cívica Radical ha tenido en este contexto el coraje de lanzar este debate a la Republica.

No estamos en 1916, cuando Yrigoyen puso el genio de su sentido social para arrancar de la tierra y del alma de nuestros hombres una actitud transformadora. No estamos en 1945 o 1946, cuando Perón intento hacer un poco mas de justicia de abajo hacia arriba.

Estamos en la Argentina de 1984, en una republica por primera vez rendida incondicionalmente a las fauces de la piratería internacional. La Argentina de la inmigración se transformo en un país con un alto porcentaje de emigración. Entonces nuestro desafío tiene características especiales.

De ahí que la elección que acaba de vivir el país haya tenido una densidad distinta a la de cualquier otra. En una republica que funciona normalmente, un resultado marca la derrota de un partido por otro partido o la de un hombre por otro hombre. Pero la elección que paso debe tener el símbolo de un pueblo rescatando el sistema de su vida y de sus libertades.

Quien llega al poder en esta circunstancia no b hace para aplicar la política de un partido. Asume el gobierno para instaurar una concepción nacional. Este es el sentido que para nosotros tiene la ley que estamos considerando.

No quiero recoger algunos conceptos que aquí se han vertido. Mucha gente sabe que he tratado junto con los demás integrantes de nuestro bloque de elaborar una síntesis. Vivimos en un país en el que cada uno se ha equivocado algo. Nos han acusado de cosas que nunca hemos hecho, sentido o practicado; entonces, es mejor dejar pasar de largo estas acusaciones para no enredarnos en las lianas que deformarían la actitud del gobierno en este tenia.

Queremos ser socios de la liberación nacional, por este motivo hemos considerado como prioridad la recuperación del campo gremial. ¿Saben por que? Porque el movimiento trabajador tiene que ser nuestro aliado en atropellar las torres del privilegio.

Por eso queremos que los sindicatos se reorganicen; entonces, cuando tengan legitimidad -como nosotros la tenemos- le diremos a America entera que hemos recuperado la fortaleza de un pueblo que mira hacia abajo pero que intenta salir de los espasmos de sus viejas frustraciones para elaborar una historia mucho mas fecunda.

Esto nos obliga a ser humildes, a custodiar silenciosamente nuestras diferencias, a eliminar las sospechas de trampas que podamos tendernos, a comprender que a la vuelta de la esquina no nos espera el partido sino una nueva Nación que tenemos que reelaborar casi íntegramente.

Tenemos la responsabilidad de legislar para todos los argentinos. Aquí se ha dicho que en algunas oportunidades todos reclamamos valores mas o menos importantes. Yo estuve en la plaza de Mayo el 30 de marzo de 1982. EI partido nunca dejo de votar históricamente una ley que sirviese al mejoramiento de los sectores de trabajo. ¿Que ley represiva voto alguna vez la Unión Cívica Radical? Esto fue aclarado debidamente por los señores senadores integrantes de mi bancada y, especialmente, por el señor senador Napoli.

El señor senador Vidal nos ha acusado de intervencionistas; pero yo me pregunto, ¿a titulo de que formula esa declaración? Yo vote la ley 14.455, pero no la sancionada durante el gobierno de 1958, que en diciembre de ese año instituyo tribunales militares para juzgar a los huelguistas. Es la única vez que me meto de rondon en el pasado, porque hay una historia que esta escrita, que nos duele, que esta abierta, llena de heridas, dolores y violencia. ¿Y para que serviría en nosotros si vamos a meter la mano en las heridas y la violencia, sin pensar que tenemos que recrear un mundo de paz?

Ahora tenemos que avanzar. Estoy de acuerdo, señor senador Saadi, en que no tenemos que confundir nuestros objetivos ni nuestros adversarios. Hay que sacar al país de la jungla, pero tal vez haya que decir que si en este desafío de la comunidad organizada de los argentinos los grupos intermedios adoptan comportamientos represivos, provocaremos reacciones que si no i :n perversas serán negativas, casi lamentables. Y si los grupos sociales y políticos actúan armonizando estrategias, que es lo que quiere el radicalismo para encarar su responsabilidad frente a los factores internos y a los externos que aquí se han mencionado, seguramente vamos a escribir entre todos una historia mucho mas inteligente.

Tenia, por supuesto, notas para otro tipo de discurso. Pero todo se ha hecho largo y mucho ha sido dicho muy bien por otros señores senadores, cada uno desde su ámbito.

Se hizo incluso el racconto de aquellas luchas que empezaron a mediados del siglo pasado, en los organismos de la resistencia y del anarquismo. Hubo obreros en la revolución del 90, y desde allí pasamos por las federaciones obreras hasta llegar a las estructuras de la CGT. Y aquí, en nombre del radicalismo, tenemos que hacer una concitación humilde frente al pedido de algunos señores senadores para que cumplamos nuestro proyecto y nuestro programa. Hay que unir a los sectores sindicales, y por eso proponemos esta ley, porque solo la legitimidad y la democracia que respeta al otro hombre en el seno del propio sindicato van a gestar esa unidad que no es el unicato.

Celebro que ahora la CGT este unida para hacer los reclamos de esta libertad que vive la Republica, pero hubiera sido mejor que ahí nomás, a la vuelta de la esquina del proceso, no hubieran ido algunos del brazo del tirano a la OIT en Ginebra. Así no hubiera habido 62, ni 25, ni 8, ni 20, ni 32, sino una sola fuerza. Cuando se hizo esa primera protesta y huelga que mencionaba el señor senador Saadi, la CNT pidió públicamente por las radios de la dictadura que los trabajadores fueran a trabajar.

Nosotros respetamos a todos pero queremos esta especie de blanqueo que marca una ideología convencidamente social en la estructura de los hombres de trabajo. Lo que hay que hacer lo tenemos que hacer los convencidos, y no algunos arrepentidos que anduvieron bastante tiempo en el faldon del régimen falaz y descreído. (Aplausos en las galerías).

La génesis del derecho esta en la realidad y esta ley se inserta en esa pretensión totalmente falible, por supuesto, de meternos en la realidad del reclamo de nuestro tiempo. Esta ley busca elecciones; se nos ha criticado, pero yo tengo acá la propuesta que recibimos del justicialismo por la que aceptamos la participación de las minorías y lo que iba a pasar con los sindicatos de mandato prorrogado. Como ya se dijo, estuvimos cerca.

Yo no entiendo mucho cuando me dicen que la participación de las minorías en los sindicatos puede restarle eficacia a su acción política. Es como si yo pensara que la presencia de las minorías en esta Cámara podría quitarle eficacia a la acción política del Parlamento de la Republica. (Aplausos en las galerías).

Se hablo de que la Iglesia establece que el Estado no puede meterse en el sindicato, pero la propia Iglesia como aquí se menciono, en la manifestación episcopal del 3 de agosto de 1979 -aquí cada uno uso un poco lo que le convenía de esa declaración de los obispos y yo voy a usar la parte que me corresponde (visas)-, en el punto de legislación., se dice que, como muchos otros derechos, también el de asociarse sindicalmente ha de ser reglamentado por la autoridad publica. En la parte de autonomía sindical, aclara la Iglesia que la unidad no debe confundirse con el unicato sindical ni la pluralidad con la atomización sindical. En el punto de acción política se señala que las asociaciones sindicales pueden pronunciarse y actuar en relación con la política social y económica, pero no actuar en política partidista ni reivindicar directamente a un partido político.

Nosotros queremos que los hombres de los sindicatos se metan en los partidos políticos.

Es deseable que los hombres militantes, los activistas de los sindicatos y las asociados lleven a la vida de los partidos una pretensión de mayor justicia y de mejor distribución.

Lo que no queremos es que con los fondos de los sindicatos se paguen las boletas de los partidos políticos. (Aplausos en las galenas).

La Iglesia establece que se ha de evitar cual- quier forma de opresión sindical sobre los mismos trabajadores, paternalismos, caudillismos o exageración de la disciplina sindical.

Todos estamos de acuerdo con esto, por que ustedes han dicho una parte y yo he mencionado otra. Todos estamos buscando la libertad sindical y la unidad, que es fundamental para nosotros.

Se hablo del intervencionismo, pero lo plantea tan inteligentemente nuestro colega, el senador Celli, que debo pasar por alto las ideas que pensaba decir sobre este punto y muchas otras que también he acumulado a lo largo del debate.

Entiendo que este proyecto de ley, señor presidente, intenta preparar y unir a los que tienen que combatir por ellos mismos.

Comparto las preocupaciones de los amigos de otras provincias que han hablado sobre la pobreza y la miseria. Yo también veo en mi provincia por las rendijas grandes de los ranchos chicos mucha tragedia, y tal vez en ese momento comprenda uno la trascendencia que puede tener militar en política, con ese formidable sabor humano.

La Unión Cívica Radical podrá disentir con algunas opiniones, pero históricamente ha expresado su solidaridad con las grandes causas de nuestro pueblo.

Aquí se hablo de la Constitución del 49 que no contemplaba el derecho de huelga y, también de la reforma constituyente del 57, que si contemplaba el derecho de huelga.

A esta altura me permitiré tomar una actitud un algo personal. Aquí tengo el diario de la Convención del 57, en donde presente el proyecto del fuero sindical, que se estableció en el nuevo articulo. Yo lo estimo, amigo Britos, pero nunca más nos diga que los radicales creemos que todos los obreros son subversivos. (Aplausos en las galerías).

Para mi el fuero jerarquiza el derecho de huelga.

Creemos en este articulo; desde el 57 todas las huelgas son constitucionales porque el radicalismo las constitucionalizó; al mismo tiempo, es necesario aclarar, en lo que se refiere a la estabilidad del empleado publico, que muchos han peleado ese derecho porque el radicalismo lo inserto en la Constitución.

Comprendemos que una revolución conmueve al mundo, que se están muriendo un poco las ideologías y que esta comenzando a caminar la de una mayor justicia. Por eso, el Papa es el gran líder de nuestro tiempo. Ni Andropov, antes de morir, ni Reagan, han podido convocar, en nombre de la hegemonía de la fuerza, a las multitudes que convoca el Papa en nombre de la pretensión de una justicia mayor para el hombre.

Nosotros, los radicales, queremos sindicatos con Dios y sin transigencias peligrosas con los dioses del egoísmo. Esto exige una voluntad política. Tampoco queremos transigencia con algunas patronales del lucro puro, del capitalismo sin corazón.

En el debate sobre los derechos humanos dije que de nada servia teorizar respecto de un orden jurídico perfecto de respeto a la libertad de la gente, si descubríamos que lo que un hombre tira en un tacho de basura para otro hombre es un manjar para su hambre y un alivio a su intemperie. Este es el sentido que quería dar a los sectores de trabajo organizado, que deben ser símbolos de una revolución que debe aterrizar en la Argentina.

Y nadie puede afirmar -lo digo respetuosamente, lealmente-que el radicalismo, desde su Poder Ejecutivo hasta nuestro Poder, haya perdido esta aspiración porque, en estos noventa días de gobierno, tal vez no hayamos podido vencer a esta especie de "molinos de viento" de la "patria financiera". Cuando pongamos las cosas en marcha, seguramente podremos atropellar mas, por eso no hay que equivocarse. Pretendemos ser una especie de tábano contra todas las desigualdades. Esta estructura del trabajo organizado debe comenzar a pelear por la igualdad definitiva de posibilidades y de calidad de vida de los argentinos. Los políticos, la juventud, o los dirigentes gremiales no podemos dejarnos tentar por las llamas sensuales del capitalismo periférico que modifican nuestra actitud cultural. Demasiado mal han hecho ya a la Argentina los civiles y militares que se sirvieron de la acumulación. No hay abismo en nuestro pluralismo. No debe haberlo. Quedo demostrado esta noche. y no es una aventura decirlo, que un alto porcentaje de coincidencias puede presidir nuestro destino en busca de una nueva historia. Esta es nuestra pretensión. Se que es difícil, pero tenemos que intentarlo.

Todavía hay mucha gente mancomunada de nuestra concepción social. Hay hombres que han hecho de sus mentes una especie de bastilla cerrada y han clausurado sus ideas en egoístas cavernas donde no penetran los ecos del trío, del dolor ni de la intemperie.

Que Dios ilumine y cambie a estas minorías. Pero no podemos detenernos a esperarlas.

La revolución no espera. El relámpago anuncia la tempestad. ¿Por que se realizo la revolución francesa? Porque el progresismo y las ansias de libertad se paseaban por las calles de Paris. Advertimos que pasea por las calles de la Argentina un sentimiento de madurez social y de voluntad política uniforme.

Intentamos poner esto en marcha. No se si nos equivocamos en algo, pero ¿quien no se equivoca alguna vez? Perón fue el primero que militarizo a los obreros, y yo no tendría derecho a decir que el conspiro contra la clase trabajadora. Seguramente, también nosotros nos equivocamos alguna vez, pero nadie tiene derecho a ubicarnos en una actitud contra la clase trabajadora argentina. (Aplausos).

Tenemos que trabajar para cortar las cadenas de la deformación que tiene nuestro país.

Quiero que nos crean. Sena bueno que nosotros pudiéramos mejorar la credibilidad en la alta responsabilidad de mayoría, que puede ser coyuntural, como decía el senador Martiarena al decir que el justicialismo es el partido mas importante en lo popular y lo nacional. Es una idea, pero por ahora hay que aprender a ganar y a perder. Nosotros, la Unión Cívica Radical, perdimos muchas veces y seguimos trabajando. Ahora nos toco ganar y vamos a demostrar al país que sabemos ganar y tener el empuje necesario para realizar la transformación que la Republica esta esperando. (Aplausos).

Quiero y pretendo, de corazón, que nos integremos para que esta extranjería de que aquí se hablo, que nos compra y se abraza con los criollos que nos venden, quede notificada de que en la Argentina de mañana solo los pillos van a estar en la cárcel y que solo lo nacional debe custodiar nuestra historia.

Queremos un sindicalismo sin burócratas y un orden democrático custodiado por los demócratas. Deseamos dirigentes de abajo hacia arriba que lleguen del brazo de sus compañeros y no del brazo de los tiranos. Si sindicalismo es la asociación de hombres de un mismo oficio que quieren luchar por los mismos derechos, defendiendo las mismas causas, y gozar o sufrir con la misma humanidad, ahí estamos nosotros.

Respetamos mucho a quienes integran los bloques provinciales de las minorías y la mayoría relativa de este Senado. Respetamos a todos. No pretendemos, en esta etapa de nuestro triunfo en que tenemos que integrar a la Nación como conjunto, hacer peronismo al revés en los sindicatos. Queremos hacer nacionalismo al derecho.

Queremos recoger lo bueno del justicialismo, lo bueno de los partidos provinciales, pretender que recojan de nosotros lo que podamos tener de saludable para, en esta nueva historia y todos juntos, enmendar los errores del pasado y poner en marcha la Nación postergada.

Hay que ir a la síntesis. El sindicato tiene una función política pero no debe incursionar dentro de los partidos. El gremio es de todos y cada trabajador tiene y vive sus propias ideas. Esto conspira contra la unidad si no se actúa dentro de ellos con decencia y con docencia democrática.

El gobierno anuncio ya la reimplantación del instituto del salario vital, mínimo y móvil, y juntos hemos votado alguna disposiciones que están tratando de elaborar una sociedad mas ética, mas moral. Creo que el señor presidente de la Republica es el primero que esta preocupado porque no puede hacer seguramente todo lo que el suena, igual que nosotros. Pero piensa que tenemos todavía un "plafón" para intentar las respuestas que, si con seguridad las hacemos con generosidad, van a resultar mas útiles y patrióticas.

No quiero que la revolución informática nos pueda encontrar discutiendo quien controla un comicio. Hay que convencerse y pensar para siempre que los argentinos de la trampa y del fraude deben llenar las cárceles juntamente con los torturadores y los ladrones.

Nuestro campo es la libertad.

No podemos discutir las bases éticas de la Nación sin una escala de valores que nos resulte común. Yo suelo decir siempre que una Nación tiene dos pisos: en el piso de abajo nos ponemos de acuerdo sobre cual va a ser nuestra estructura jurídica, nuestra inserción internacional, nuestras costumbres, nuestra religión, nuestro pensamiento político, y recién cuando en ese piso tengamos la nación unida, solidaria, convencida y con consenso, vamos al piso de arriba y procedemos a la votación, y el que gana aplica las coincidencias obtenidas para poner en marcha todas las aspiraciones de la patria común. Eso es lo que pretendemos también de la estructura gremial.

Voy a formular una confesión que tal vez no resulte elegante. En estos momentos estamos convocando a elecciones en muchos gremios sabiendo que en algunos de el los vamos a perder y en otros a ganar; entonces, no se puede decir con seriedad a un partido que esta convocando a elecciones para perder, que realiza trampas.

Siempre pensé que los dirigentes políticos que presiden elecciones que pueden perder son grandes demócratas. A mi me convenció fundamentalmente Hipólito Yrigoyen, quien presidio las elecciones del año 30 en la Capital Federal y las perdió. Después lo echaron porque se convencieron definitivamente que era un demócrata que estaba tratando de insertar en serio un proyecto de emancipación.

Esta ley no vende al país, no mata de hambre, solo busca un rumbo. La Unión Cívica Radical pretende simplemente ejercer una responsabilidad, producto de su victoria, con la propuesta del proyecto de ley en consideración. Pero para ello no hay que insultarse y mucho menos ser soberbio o tener en la intimidad el valor absoluto de su idea.

Para este futuro que perseguimos es definitivamente imprescindible una organización sindical de raíz nacional, legítima y representativa. Es cierto que las grandes mayorías de nuestros sectores del trabajo responden a una concepción nacional y por eso siempre estuvimos también junto a esa estructura, nacional.

Aquí algún amigo, creo que el señor senador Sanchez, reconoció que tal vez también el justicialismo tenia que golpearse el pecho. Yo lo hago, y digo que es posible que en algún minuto de la historia no hayamos abrazado definitivamente la estructura gremial, porque reconozco que algún burguesito diablo se había metido en los niveles partidarios.

Para esto que andamos buscando debemos ir al fondo de la realidad, no correr por la superficie. Somos una Nación que no debería tener problemas, pero los tenemos. Todos los muchachos deberían tener libros y escuelas gratis. y no se los podemos dar.

Deberíamos estar seguros de que no hay desocupados, pero los hay. Por eso tenemos que cambiar para salir de la periferia y dejar de ser objetos; salir de la subordinación.
Intereses ajenos buscan sin duda seguir custodiando su seguridad y los sectores mas des- protegidos quieren alcanzarla mínimamente.

Hay que poner en marcha políticas solidarias. Esta escrito el pasado pero nos resta trazar el porvenir. Hay que unir a la Nación y esto será imposible si libramos batallas campales por tener sospechas entre nosotros. Si sospechamos de fraudes entre los políticos, entre los gremialistas, seguramente los únicos que van a celebrar serán los enemigos de la Nación y la oligarquía criolla, que pusieron al país en el mostrador del toma y daca con el imperialismo.

Me niego a que no podamos encontrar una síntesis para hacer esta ley en el más alto sentido del término. No será seguramente la Unión Cívica Radical la que no libere para arriba en términos de distribución de libertades. En nuestra historia es posible encontrar tácticas equivocadas, pero no estrategias de entregas ni persecuciones. Creo que era Mannheim el que decía que las crisis son expresión de un proceso de cambio o de desintegración.

Señores senadores: hagamos que la crisis actual de nuestra Nación sirva al proceso de cambio y no al proceso de desintegración. Esta ley debe ser una herramienta de justicia, debe servir a la paz social. Es posible que esto exija que los adversarios o enemigos de ayer seamos los aliados de mañana.

Las experiencias históricas de los pueblos no se pueden borrar ni ignorar. La Unión Civica Radical es un partido responsable y no vamos a actuar como si el pueblo argentino no hubiera experimentado un vertiginoso despertar de su conciencia social y política después de tantas dictaduras y poca Constitución.

Entre el inmovilismo de la usurpación histórica y las fuerzas del cambio, nosotros estamos hace tiempo con la revolución yrigoyenista. Esto exige custodiar- la tradición republicana. Creo en la síntesis, no en la polarización: esta puede ser una táctica.

Alguna vez nuestro enfrentamiento puede responder incluso a compromisos políticos, pero es parte del engranaje de la democracia. No exigiremos al punto de ir abrazados, pero en el afán de ir por el camino o por caminos paralelos debemos tratar de hacerlo de la mano para evitar que la polarización nos vaya alejando en el cumplimiento de nuestras altas responsabilidades. Estamos buscando que esto no suceda. Si volvemos a la polarización y la llevamos a los limites extremos de la agresión verbal, algunas minorías seguramente van a aparecer otra vez tratando de arrinconar- nos contra la historia en el abrazo infecundo de la pretensión de todas las violencias.

Nuestro pueblo tiene conciencia democrática. ¡Cuantas veces estuvo en las tinieblas sacudido por todas las deformaciones! Experimentamos el verticalismo del cuartel metido en la horizontalidad de nuestra sociedad triunfante, tendiendo a la Republica, torturando a la gente, escondido en la invisible actitud del que mata de hambre o mata de un tiro, o del que preside una sociedad de injusta distribución y saturada de injusticia.

Debemos compartir colectivamente las experiencias sectoriales. Para el muy rico la miseria no se ve. El muy pobre siempre ve la opulencia v la desigualdad. Por eso vamos en busca de la igualdad. Con esta ley perseguimos esta posibi- iidad de transformation.

La conducción anterior metía la mano en el bolsillo de los trabajadores. De la distribución del ingreso vigente en las épocas del justicialismo y del radicalismo, con un 48, 50 o 52 por ciento correspondiente a los sectores del trabajo, se paso a otra que otorgaba el 70 por ciento a los sectores del capital y el 30 a los del trabajo, con la circunstancia de que ni siquiera se trataba del capital que reinvertía y producía: era el capital que especulaba. Ayúdennos a derrotarlo. Una forma de hacerlo es recreando entre todos nuevamente la conciencia de que tenemos un compromiso con el pueblo, que nadie puede declinar.

Tenemos que aprovechar el haber vivido experiencias comunes. No debemos abrazarnos al tiempo sino a nuestra fe. No solucionaremos el drama de las nuevas generaciones sentados en la puerta de nuestra casa. Tampoco lo solucionaremos transmitiendo los odios heredados. Sin admitir el suicidio, debemos enfrentar nuestros problemas buscando soluciones con seriedad y una alta dosis de coraje moral.

Yo voy a votar la sanción que viene de Diputados y que integra la estrategia de nuestro bloque. La democracia exige custodiar lo que creemos verdadero. Creemos lealmente que las estructuras gremiales necesitan una oxigenación, una nueva conformación, modificar su morfología estructural, adaptarse a los tiempos y, por que no, incluso una actualización ideológica que nos ponga en la cresta de la ola de la reparación emancipadora. Hay que ir a un redimensionamiento funcional y abrazarse a una metodología que sirva a los nuevos tiempos. Además, tenemos que hacerles comprender a los sectores gremiales que todo su esfuerzo no debe estar orientado a una puja por el poder o por el ingreso. Tienen una alta responsabilidad nacional.

Dejando de lado algunos datos, quiero concluir mi participación en este debate recordando a un hombre que admiro mucho y que, como aquí se dijo, estuvo presente en la Convención Constituyente de Santa Fe: Crislogo Larralde. Parafraseando sus ideas creo que ha sido el sindicato, ha sido el gremio han sido los hombres del tiempo de las Utopías sociales, los filósofos populares de la economía y los incorruptibles y valientes dirigentes olvidados de las luchas sociales de todos los tiempos, quienes en defensa de los derechos del hombre demolieron las torres del privilegio y forzaron el paso a las nuevas formas de nuestra convivencia. Hoy también la democracia debe demoler los privilegios dentro de los partidos, de los sindicatos y de los cuarteles. Y el privilegio que nosotros entreguemos será el que recoja el pueblo para privilegiar a la Nación.

Señores senadores: estamos al filo de votar una ley que pueda tener gran trascendencia y que quisiéramos poner en marcha mañana.

La ley 20.615 es intervencionista; la 22.105 es peor; el convenio 87 de la OIT no interpreta a las mayorías del país, que no quieren sindicatos diversificados ni atomizantes.

Por eso pienso que a veces un minuto antes de la derrota -como decía Napoleón- aparece la victoria. Tengo que ser optimista y, en ese sentido voy a contar un hecho que tuvo lugar durante un debate realizado en este Congreso. En el año 1947 se votaban pactos que hacían a la soberanía y a la independencia de la Nación. El bloque del radicalismo estaba presidido por Ricardo Balbín. Fue un debate estupendo. El oficialismo era justicialista y votaba a favor, mientras que los radicales lo hacían en contra.

Después vendría la consideración del Tratado de Río de Janeiro, y nuestra bancada también voto en contra. Y esa noche Balbín termino su discurso diciendo: "Este es nuestro pensamiento. Nos oponemos a este despacho, pero esta es una ley nacionalmente muy importante. Si el señor presidente de la Republica -que era Perón- por razones de Estado cree que necesita que modifiquemos nuestro voto, será la Nación la que nos ordene". Esta es nuestra esperanza. (Aplausos en las bancas y en las galerías. Varios señores senadores rodean y felicitan al orador).










Fuente: Honorable Senado de la Nación Argentina.


Leer más...