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jueves, 29 de enero de 2015

La Época: "Frente a la Jornada Cívica" (24 de mayo de 1923)

La fiesta de mañana, más que en las exterioridades brillantes estará en los corazones. Hasta el último de los ciudadanos, satisfecho del bienestar alcanzado por la República y por el concepto que ella merece dentro y fuera de sus fronteras, hará íntimamente un voto fervoroso de gratitud para los prohombres de la Revolución de Mayo. ¿Qué mejor homenaje a la memoria sagrada de los patriotas inmortales de nuestra gesta libertadora que hallarnos en paz y vivir la democracia?

El pueblo podrá entregarse en cuerpo y alma a las expansiones de júbilo que la efemérides provoca en los nativos, ligados a la colectividad por el lazo de sangre, y en los extranjeros residentes, vinculados a la Nación definitivamente por la prosperidad de las actividades fecundas y por el idealismo que preside los desenvolvimientos superiores de la vida nacional. El pueblo ha de reconocerse dueño de sus destinos, frente a un porvenir magnífico en el concierto de los países adelantados de la tierra.

Hay motivos para experimentar la noble emoción patriótica. Impulsada la grandeza material vigorosamente, se ha cumplido la evolución política en conquistas, que fueron cruentas pero que han quedado incorporadas para siempre a la civilización argentina, hechas carne en las multitudes, redimidas de la situación de inferioridad, subalternaría e indigencia en que las tuvo el pasado oligárquico, que clasificó a los habitantes de este suelo, abierto a todos los hombres libres de buena voluntad, en élite y plebe; aquélla con la suma de privilegios, estotra con el derecho de trabajar, sometida, resignada, como el sembrador de la parábola evangélica.

El pueblo asociará la fiesta cívica, en sus manifestaciones de la jornada, a la otra realizada por el Partido Radical, largos años en el llano, sin transigir jamás con las desviaciones antidemocráticas del «régimen», y después, en un ciclo de Gobierno que será imperecedero, por la verdad de las instituciones republicanas que idearon los próceres de la emancipación y que sólo a partir de 1916 guardaron indispensable armonía del espíritu y la función a ellas encomendada, transformadas en meras concepciones, propias de visionarios generosos del futuro, en realidades concretas y tangibles, creadas no a guisa de elementos decorativos, destinadas a encubrir simulaciones y falacias, sino para labrar la felicidad del pueblo en la ascensión constante del perfeccionamiento humano en los distintos órdenes porque se encauzan las energías del pensamiento y del trabajo.

Particularmente la hueste juvenil, inclinada de suyo ¡loado sea Dios! A todo lo que es desinteresado, por encima de la sugestión de las pasiones, los instintos y las conveniencias utilitarias, ha de contemplar, en inteligente vistazo, los resultados del esfuerzo radical que ha despejado de brumas el horizonte de la patria, habiendo reivindicado para el ciudadano, cualquiera que fuere su condición, los Derechos del Hombre, en la existencia tranquila y cotidiana de la democracia.













Fuente: “Frente a la jornada cívica”. En La Época, 24 de mayo de 1923, p. 1
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martes, 27 de enero de 2015

Eduardo Mallea: "El Sayal y la Púrpura" (1941)

En los tiempos en que la gente de mi edad teniamos trece años —dieciséis después del comienzo del siglo— hubo un cambio en la actitud de los argentinos frente al país. En esos dieciséis años se había ido pensando cada vez más al país en términos de vaca holandesa. Opulentos conservadores epilogaban excelentes digestiones sonando con la futura Arcadia nacional, con una especie de país opíparo del que todos — con solo vivir bien y prosperar— podrían obtener en años mas, un fabuloso ordeno. La nación tendría millones y millones de habitantes, y todo andaría con el movimiento suelto e innecesitado de atención de la tierra prometida. 

Entonces, algunos hombres, algunos grupos, luego el pueblo todo, comenzaron a preocuparse, no privada sino general y nacionalmente. Sobrevino un estado de pureza cívica. Y una gran seriedad de conciencia culmino en 1916 con el advenimiento de un gobierno austero y popular. Lo que paso después no interesa al caso. Lo que nos interesa es ese estado nacional de gentes serias, profundamente deseosas de ver a su tierra sanamente conducida: era una gran necesidad civil de decencia contra muchos años de explotación y de fraude. Nadie pensaba en su medro personal. Era una cuestión de limpieza y honor. Era un movimiento de conciencias, de corazones, de almas. Era un estado de nobleza colectiva, de salud nacional.





























Fuente: Eduardo Mallea, El sayal y la purpura, Losada, Buenos Aires, 1941, pag. 10.
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lunes, 26 de enero de 2015

Arturo Illia: "En la Central Telefónica de Lanús" (23 de mayo de 1964)

Se ha hecho bien en recordar en la inauguración de esta central telefónica el histórico hecho de la reunión del Cabildo del 22 de mayo, hace 155 años.

No crean que aquella fue simplemente una reunión emocional de argentinos patriotas que luchaban por la libertad de nuestro pueblo. Eran hombres muy capaces, muy inteligentes y muy responsables.

Ellos debatían, como lo hacemos nosotros en este instante, problemas económicos, políticos y sociales, bregando para darle al pueblo argentino la mejor perspectiva para lograr un futuro en el que pudiéramos vivir dignamente. Transcurridos 155 años, nuestra patria es otra, pero los móviles continúan siendo los mismos. Aquellos hombres querían libertad para el país y se liberaron de todo tipo de tutelajes. Es lo que debemos hacer nosotros, argentinas y argentinos: defender la libertad, marchar con nuestras propias orientaciones, darle a nuestra vida estilo nacional, contribuir a formar una conciencia argentina, defender nuestras instituciones y nuestro acervo histórico. No necesitamos copiar de nadie, tenemos mucha capacidad para forjar nuestro propio destino.

Ellos quisieron libertad, y nosotros también la queremos. Que no haya jamás dictaduras en nuestro país, que no haya que hablar en voz baja en la República; que la democracia sea cálida y plena, y que cada uno pueda expresarse con libertad, sabiendo que los gobiernos deben resguardar sus derechos, pero comprendiendo también que, cada uno en nuestra actividad, debemos cumplir todos con nuestros deberes.

Esta es la única manera, compatriotas, cómo concibo que debe servirse a la República. Si predicamos paz y tranquilidad, no es por impotencia ni falta de dinamismo ni de coraje civil. Porque estamos hechos, en largos años a una lucha donde hemos enfrentado virilmente las contingencias que el destino nos depare. Lo decimos con la alta responsabilidad del gobernante que tiene el deber de llamar a la paz a su pueblo, ya que en un ambiente de paz podemos resolver todos los problemas.

Vean ustedes lo que ha ocurrido en muchos países del mundo cuando los pueblos, creyendo apurarse tomaron caminos que derribaron las instituciones y subvirtieron el orden legal. Después de muchos años, no pueden esos pueblos volver a encontrar su propia convivencia.

Nosotros queremos paz, democracia, igualdad y también justicia. Queremos igualitarismo en nuestro pueblo. Queremos proporcionar a todos los hombres que habitan este territorio la posibilidad de lograrse intelectual, espiritual y moralmente. Por eso, desde el Gobierno hemos dicho y ratificamos que no defendemos ningún privilegio, que estamos sirviendo al orden y seguiremos por ese camino.

Quiero que ustedes, argentinas y argentinos, al tener la oportunidad de escuchar al Presidente de la República en ocasión de este significativo acto, reciban la cordial expresión de mi solidaridad. Los dejo con la impresión de que la juventud, las mujeres y los hombres argentinos, lucharán siempre con gran sentido nacional, poniendo todas sus fuerzas al servicio del mejor logro de una patria grande, cumpliendo honestamente nuestro deber para con ellos.





















Fuente; Arturo Illia, “Discurso pronunciado al inaugurar la Central Telefónica de Lanús”. Publicado en Clarín, domingo 23 de mayo de 1964, p. 16
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domingo, 25 de enero de 2015

Moisés Lebensohn: "Mensaje a la Juventud" (1950)

¡Esta es tu Hora, Muchacho de Buenos Aires!

Argentina, 1889. Crisis del carácter y del idealismo. El éxito es la única meta, no importa cómo. Es la época de la riqueza fácil, de las rodillas blandas y del sometimiento sin tasa. El Presidente ejerce el poder sin límites. Unge gobernadores; fabrica diputados.


Su palabra es orden para quienes sienten como lastre nuestra gran tradición de altivez. Una ola sensual y dorada envuelve al país. El dinero, emitido en cantidades fabulosas, crea ilusión de prosperidad. Como ahora. Y como ahora, la corrupción de los negociados y un coro inmenso de adulaciones cubriendo la tierra de los argentinos.

Desmayan los varones, envejecidos en la lucha por los principios de la República, y la soberbia posee al Presidente, cuyo poder parece infinito.

Y, sin embargo...

El 22 de agosto reunióse un grupo de jóvenes. Proclama en banquete «su adhesión incondicional» al presidente de la República y lo erige en «jefe único». Esa mañana se publicó un artículo periodístico, un simple artículo periodístico. «¡Tu quoque, juventud!

En Tropel al Exito». Las frases vibrantes de Barroetaveña, conmueven el espíritu juvenil. En réplica al banquete de los incondicionables, nace la Unión Cívica de la Juventud. Ocho días después una multitud clamorosa responde, en el Jardín Florida «para proclamar con firmeza la resolución de los jóvenes de ejercitar los derechos políticos animados de grandes ideales, con entera independencia de las autoridades constituidas, y para provocar el renacimiento de la vida Cívica Argentina». Allí, en ese sitio, esos muchachos iniciaron el despertar del civismo.

La Unión Cívica de la Juventud - que constituyeron- fue el órgano fundador del
Radicalismo. Su punto de partida como movimiento organizado, pero no su origen, que se enraíza en los grandes movimientos históricos por la emancipación del hombre y la creación de la nacionalidad. 

El Radicalismo es un modo de sentir la vida y de concebir la función de la Argentina. Su fervor alienta la pasión republicana de Moreno, late en la visión de patria de la Asociación de Mayo, mueve el sueño profético de Sarmiento, agita al pueblo que rodea al Alsina de los grandes momentos, y que sigue a Alem cuando en él se refugió el sentimiento autonómico de Buenos Aires. Cual lo define la Profesión de Fe de la Unión Cívica Radical, «es la corriente orgánica y social de lo popular, del federalismo y de la libertad apegada al suelo e interprete de nuestra autenticidad emocional y humana, reivindicatoria de las bases morales de la nacionalidad; es el pueblo mismo en su gesta para constituirse como nación dueña de su patriotismo y de su espíritu»’

El 90, el 93 y el 95.
Del esfuerzo de aquel grupo de muchachos surge el reencuentro de los argentinos con el alma de la República. Alem alza la bandera reivindicatoria de los grandes ideales.
Julio de 1890. Revolución del Parque. Pueblo y soldados, mas no pueblo siguiendo a soldados, sino soldados con amor de pueblo, sirviendo con sus armas al movimiento de la civilidad Argentina, en la consigna inmortal de San Martín. Y aquel Presidente, que ayer parecía omnipotente, debió acogerse a la soledad y el olvido.
1893. Revoluciones radicales. Yrigoyen, el jefe revolucionario rechaza como incompatible con su honor la gobernación provisoria de Buenos Aires. 1905, nueva
Revolución. Y así, década tras década, el pueblo radical sigue fiel al propósito de permanecer en la lucha hasta la integración del pensamiento de Mayo, hasta la vigencia de las libertades fundamentales. Los triunfos de la oligarquía, respaldada en el fraude y en la ficción institucional - triunfos efímeros, como todos los de la fuerza-, encuentran al Radicalismo en la determinación insobornable de persistir hasta la prevalencia final de sus ideales.

Victoria del derecho.
Y llego la victoria. La resistencia popular y la energía paciente e infatigable de
Yrigoyen trajeron la ley Saenz Peña y abrieron el camino del sufragio. 16 al 30. Barre las oligarquías políticas. El Radicalismo gobierna al país y desde él inicia la era de la transformación social; se afirman, cual patrimonio inolvidable de todos los argentinos, las libertades vitales sobre las cuales se asienta la dignidad del hombre; en la pugna de los imperialismos, la Argentina señala la más alta posición moral. Nuestra democracia se perfeccionó en el progreso social, la cultura política y el inmaculado respeto a los derechos del pueblo.

1930, motín de septiembre.
El Radicalismo promueve la nacionalización del petróleo, base de la independencia económica y de la soberanía política. La Cámara de Diputados - de mayoría radical- vota la ley; mas el Senado - reducto reaccionario-, detiene su sanción. El 7 de septiembre deben celebrarse elecciones. Con los nuevos senadores habría de modificarse la mayoría del Senado. El día anterior, el 6, el gobierno constitucional cae derribado por la conjuración de un sector militar, Triunfa el complot imperialista. «Pasaron unos aviones - dijo Waldo Franck-, desfilaron unos cadetes, y por la noche los terratenientes argentinos bebieron Champagne de las mejores vendimias pagado por el oro de los petroleros yanquis». Y desde entonces, el petróleo argentino sigue sin nacionalizarse...

Calvario popular.
Uriburu intenta la reforma constitucional. Tiende al establecimiento de un orden totalitario. Su plan naufraga en los históricos comicios del 5 de abril de 1931.

Comienza, entonces, la vigencia del fraude, la perduración de las formas institucionales, en tanto se altera su esencia: la voluntad del pueblo. Imposición del privilegio y entrega económica.

Régimen de coloniaje material y espiritual, dirigido por dictaduras de turno, todas las cuales recibieron el apoyo de los núcleos militares actualmente gobernantes.

Cuatro de junio.
Mientras tanto prosigue la tentativa de avasallamiento de orden civilizado, de deshumanización del hombre. Hitler y Mussolini. Cae la democracia española y aquellos imponen otro dictador: Franco. El gobierno de Castillo mantiene una seudo-neutralidad, tras la cual se disfraza la colaboración con los nazis. Aquellos círculos militaristas que participaron en el plan frustrado del 30 retoman la iniciativa. 

No representan al ejército. La mayoría de sus cuadros de jefes y oficiales es leal a la gran tradición sanmartiniana. Es una minoría, pero minoría ágil. Cree incuestionable la victoria de los enemigos de la libertad, y forma el poder para jugar su propia partida en la hora definitiva del éxito totalitario. Más la suerte de la guerra le es adversa y, ante la presión de los acontecimientos, tiene que regresar a las consignas de democracia y libertad, proscriptas en el primer momento, como último camino de retirada. Levanta, entonces, cual señuelos, las banderas históricas del Radicalismo, la lucha contra el privilegio nacional e internacional, y con todo el aparato de propaganda, logra introducir la confusión en gran parte del pueblo.

Nuevas formas totalitarias.
La experiencia impuso correcciones. Ya no se realizó, como en 1930, una exhibición descarnada de los propósitos perseguidos. Aquel fracaso y las derrotas europeas enseñaron la necesidad de proceder paulatina y progresivamente. Declámanse las sagradas palabras revolucionarias para conquistar el corazón del hombre del pueblo, y ofrecésele, como gracia, algunas mejoras transitorias, mientras se estructura sigilosamente un orden de opresión, en el que estarán ausentes las libertades esenciales.

¡Guay del pueblo argentino, si no lo advierte a tiempo, si no reacciona antes de que el dogal se cierre sobre su cuello!

¡Guay si cae, como los infelices pueblos aniquilados, en deslumbramiento ante los artificios de los dictadores! En aquellos desgraciados paises - al igual que aquí- se monopolizaron los medios de expresión; se deformó la mentalidad del niño en la escuela, para uniformar mañana el alma del hombre; se anuló la independencia de los sindicatos, convirtiéndolos en satélites del gobierno; se reguló la economía y las finanzas en beneficio de nuevas oligarquías industriales y en sacrificio de consumidores y productores. allí, como aquí, la radio y la prensa oficiales, se encargaron de moldear a su arbitrio el pensamiento de la ciudadanía, manejando al son de la única campana que puede oírse; y Allí como aquí, plebiscitos o elecciones configuran una simulación democrática al impedirse el cotejo de hechos e ideas indispensables para el libre pronunciamiento popular.

Quedaba una última garantía de la vida republicana: la rotación de gobernantes, que si no restringe la arbitrariedad del poder, las limita en el tiempo, poniéndole término en plazo cierto. La supresión del articulo 77 de la Constitución, que prohibía las reelecciones, como último remedio para impedir la consolidación de un sistema dictatorial, fue el motivo real y la única finalidad de la reforma, que se encubrió con un manto de solemnes palabras.

El régimen desnudo.
El sistema puede ocultar su naturaleza mientras dispuso de las grandes diferencias de los precios de los cereales que substrajo a los agricultores. Su prodigalidad le creó un clima de transitoria popularidad. Normalizados los mercados, la corrupción y el despilfarro agotaron las reservas del trabajo argentino, despojando al país de su garantía monetaria.

Solo atina a sobrevivir emitiendo papel moneda, en tanto aguarda el estallido de una nueva guerra para la cual pactó la participación Argentina, en los convenios de Río de Janeiro. El pueblo paga el derroche oficial con la carestía de la vida. La inflación agobia a quienes trabajan o producen, y enriquece a los poseedores, cada vez más ricos. El régimen teme que el pueblo advierta la realidad: expulsa a diputados, clausura diarios, persigue a los trabajadores libres. Más la verdad se está abriendo paso. Lo dicen los últimos escrutinios.

Lo dirá Buenos Aires en marzo, convocatoria de lealtad con los principios de la larga lucha por la dignidad del hombre.

Hora de la juventud.
Esta es la batalla por la república, por los ideales que dieron origen y sentido a nuestra patria; batalla de juventud, de muchachos que no tienen el alma vencida, que quieren servir al porvenir construyéndolo con sus propios brazos, con sus desvelos y sus sacrificios. Eran un puñado los estudiantes que gestaron hace sesenta y un años el gran movimiento civil del Radicalismo. Parecían insignificantes ante el poderío del gobierno.

Y sin embargo, aquel gobierno cayó y ellos escribieron la historia de medio siglo, pues reencendieron al civismo en el corazón de los argentinos. Este es ese mismo pueblo, del cual estamos orgullos, aún en sus errores. Hagamos un grupo compacto en cada pueblo y en cada ciudad de nuestro Buenos Aires y levantemos fervorosamente la voluntad de combatir por la liberación política, social y económica de nuestros hombres y de nuestras mujeres. Es lucha para muchachos de corazón templado, que sientan su responsabilidad ante el destino nacional. Es lucha para muchachos dignos del honor de ser argentinos y de la emoción de ser radicales. Es nuestra lucha. Alcemos las banderas de la Juventud Radical, digamos nuestra palabra con autonomía dentro del Radicalismo, la fuerza histórica de la democracia

Argentina, y marchemos al encuentro del porvenir.

Tienes tu puesto en nuestras filas, en la Organización de la Juventud Radical.

Acércate, muchacho de Buenos Aires, a los compañeros de tu generación, que formamos esta columna. Irá engrosando día a día, hasta reunir a todos los hombres jóvenes.

Combatiremos y sufriremos juntos, y juntos obtendremos nuestra victoria en la construcción de la patria del mañana: la Argentina soñada del trabajo, la justicia y la libertad.






















Fuente: Moises Lebensohn "Pensamiento y Acción", Ed. Talleres Gráficos Buenos Aires, octubre de 1966. 
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sábado, 24 de enero de 2015

Amadeo Sabattini: "Opiniones sobre el Plan Económico" (28 de noviembre de 1940)

Señor Presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la H. Cámara de Diputados Dr. Ismael López Merino. Buenos Aires

Distinguido correligionario:

Acuso recibo de una nota suscripta por Ud. en la que requiere mi opinión personal respecto a las soluciones que propugna el plan económico, cuya copia acompaña elaborado por el Ministro de Hacienda Dr. Federico Pinedo y actualmente a consideración del Honorable Congreso. Me apresuro a agradecer la deferencia que ello importa.

He leído con la debida atención los puntos de vista que se exponen en el curso del referido plan y creo, después de meditarlo que la solución de los problemas que tan decididamente afectan al país, sólo pueden lograrse en forma integral con la adopción de conceptos que expongo en forma sintética:

1. Presupuesto único.

2. Reducción del presupuesto en un monto considerable adecuándolo a las reales necesidades de la Nación para lo cual es menester eliminar todos los empleos cuyo origen reconozca como causa un favoritismo inaceptable, debiendo también operarse una razonable disminución de los grandes sueldos y aun por otra parte, deben abolirse los gastos superfluos y los subsidios de buena voluntad. No hay razón para que nuestro pueblo joven y lleno de reservas tenga que debatirse en un permanente déficit.

3. Compra de la cosecha de cereales tal cual se ha realizado ya, tratando de obtener ventajosa colocación; pues esto solo es suficiente para reactivar la economía del país sin que sea necesario orientarla o dirigirla. Como complemento estimo que debe dictarse una ley de arrendamientos y crear al mismo tiempo impuestos de la índole del proporcional progresivo y otros para eliminar a la tierra como elemento de agio, el propietario que no la trabaje encarece la producción en un 25 o 30% que es en lo que puede apreciarse el monto de los arrendamientos; a más ingentes capitales hoy invertidos en tierra en forma sencilla y espontánea tendrían que orientarse hacia el comercio y la industria.

4. Aumentar fuertemente el Impuesto a los Réditos modificándolo tan sólo en todo aquello que signifique un gravamen al trabajo.

5. País agrícola y ganadero no dejará de serlo para convertirse en industrial hasta que la población y los años naturalmente lo exijan; ello no obsta a que tratemos por todos los medios de fomentar ciertas industrias que son indispensables a aquella situación, tales como el transporte marítimo que coloco en primer término; la del motor, especialmente el destinado a las faenas agrícolas y al transporte. Otra industria que con poco capital sería de grandes beneficios constituye el aprovechamiento de las caídas de agua para regadío y producción de energía eléctrica. Ello fue intentado, sin éxito por suerte, por capitales extranjeros sin mayores inversiones y allanando pocas dificultades deben ser fuente de riqueza netamente argentina.

6. Conceptúo necesario la reducción de las importaciones, especialmente las de carácter superfluo o suntuario. Nuestro pueblo debe ser sobrio y puedo asegurar que a ello llegará cuando con el ejemplo sea aleccionado por sus dirigentes y sus gobernantes.

7. Contrario a los empréstitos que hipotecan al país y comprometen su porvenir más de lo que está, salvo, por cierto, cuando circunstancias especialísimas autoricen esa grave medida de gobierno.

8. Paz interior basada en la confianza que pueden inspirar los gobiernos, confianza cuyo fundamento no puede ser otro que el cumplimiento del orden jurídico establecido.

9. Paz exterior, vale decir, neutralidad absoluta que aleje toda beligerancia impropia de acuerdo a los antecedentes y tradición de nuestra política internacional.
Con esto dejo contestado lo que es a mi juicio el interrogante fundamental que trasunta la nota de referencia: cuál es la solución adecuada para el momento económico porque atraviesa el país.

Aprovecho esta oportunidad para reiterarle las seguridades de mi mejor consideración.



































Fuente “Hechos e Ideas”, Año VI – Nº 38-39, Buenos Aires, Enero 1941. Aporte de Marcos Funes Presidente de la Fundación Amadeo Sabattini.
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jueves, 22 de enero de 2015

León Alem: "La UCR autentica es la que preside Alvear" (7 de noviembre de 1931)

Buenos Aires, 7 de noviembre de 1931 

"Con el propósito de desvirtuar entre los ciudadanos una falsa interpretación que se hace en determinadas masas civicas de cierto titulo o leyendas, etc., declaro solemnemente que la efigie del malogrado maestro, jefe y tribuno del verdadero radicalismo, Dr. Leandro N. Alem, cuyo nombre pertenece al pueblo y a la posteridad, por razones de ética politica únicamente el verdadero y autentico radicalismo, cuyo jefe actual es el doctor Marcelo T. de Alvear, puede ostentar con orgullo y propiedad a su frente y como blasón inmaculado su venerable figura ya que ello significa el reconocer tacita y llanamente que es la entidad radical que heredó los conceptos de Alem en su doctrina máxima.

"Con esto quiero dejar sentado ---como nieto del digno ciudadano--- que el uso del retrato o efigie del mismo, por agrupaciones con titulos bastardos de radicalismo es una usurpacion indebida y maliciosa que se hace con egoismos que atentan contra la nobleza del pueblo, al cual se pretende engañar con 'camouflage' y titulos de seudos radicalismos que jamas podrán existir, y al  ostentar las referidas agrupaciones el emblema de un ideal que no aman. Buscan materialidades, es decir, cargos publicos bien rentados; descubramos sus finalidades y no nos dejemos engañar.

"Ya seran juzgados por el Aeropago de la historia"   

León Alem






















Fuente: Carta de León Alem nieto del Tribuno y Fundador de la Unión Cívica Radical Dr. Leandro Alem, en Noticias Gráficas reproducido en "Ecos Diarios" de Necochea el 8 de noviembre de 1931. Aporte de Angie Manuel.
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miércoles, 21 de enero de 2015

Alejandro Gomez: "Conversaciones con el Dr. Roque F. Coulin"

Yo lo consultaba siempre porque lo consideraba mi maestro, y asi en una ocasión le inquirí:

Un tema que me interesa, doctor Coulin, es su interpretación de si a la Unión Cívica Radical es un movimiento o un partido político, porque a ese respecto he leído y escuchado las más diversas opiniones.

El problema es importante, Gómez. No olvide que la originaria Unión Cívica de la Juventud se convierte con la incorporación de Alem, Mitre, Del Valle y otros prohombres del país en la Unión Cívica. Ese movimiento organiza la Revolución del 90 y subsiste con tal nombre hasta que Mitre accede a un acuerdo con Roca sobre la presidencia de la Nación. Alem expresa públicamente su disenso "antiacuerdista", diciendo que "era radical".

Desde esos mismos momentos los Cívicos que siguieron a Alem fueron Radicales y el documento fundamental del 26 de julio de 1893 dio a la nueva fuerza política el nombre de Unión Cívica Radical, sin negar la continuidad con el Movimiento del Parque.

A Don Hipólito le gustaba usar el vocablo Radicalismo más que el de Partido Radical, porque siempre tuvo la idea de que era el continuador de aquel Movimiento originario.

Creo, en consecuencia, que somos un movimiento, estructurado como partido político, pero siempre antiacuerdista.

En lo íntimo, el doctor Yrigoyen no le adjudicaba prevalencia a los aspectos formales del radicalismo y hasta creo que nunca fue afiliado. Pero era muy exigente en lo ideológico y ese es el sentido de nuestra intransigencia, vocablo que se refiere a la ortodoxia y a la conducta de los radicales.

Doctor, Don Hipólito siempre afirmo que el radicalismo es una continuidad histórica de la "revolución frustrada"; desearía que usted se explayara sobre ese concepto.

Es que para Yrigoyen la palabra "revolución" era solo aplicable a aquello que contribuía a la autentica construcción nacional y a la mayor dignidad del hombre. Todos los actos del pasado que no respondieron a tales conceptos no coadyuvaron a esos nobles fines, fueron la antihistoria.

Y así vera usted que en el léxico yrigoyenista es frecuente encontrar las palabras "mandato histórico" y anteponerlo al sistema precedente, denominado por el como "régimen falaz y descreído". Lo llamaba así porque engañaba o se engañaba en cuanto al destino de la Patria y porque no creían en el futuro venturoso ansiado por los padres fundadores.

¿Por que Yrigoyen afirmaba que la tarea a cumplir era la "reparación nacional"? ¿Que es lo que había que reparar?

Ya hemos dicho que la continuidad histórica no ha sido el camino de los gobiernos del " régimen". Para aquellos hombres su justificante era "el progreso", que se afirmaba en un mejoramiento material del que se aprovechaban las minorías encumbradas. Lea a José Hernández y vera lo que significaba para Martín Fierro el progreso. Fierro no fue un solo ejemplar sino la expresión de un estado social. Yrigoyen estaba místicamente posesionado de que su tarea era crear una sociedad moral y por eso nos hablaba de reparar, en momentos en que todo aquel pasado hacia crisis.

Pero aclaremos: el no es un predicador que prepara almas para otra existencia, sino un hombre que ejerce su lucha reparatoria en su país y en provecho de sus habitantes.

Nunca será perdonado por la sociedad de los privilegios, siempre habrá dicterios contra el, pero el hombre argentino lleva en el corazón a este redentor laico.

¿Cree usted que solamente los radicales comprenden el concepto de "continuidad histórica" o de "reparación nacional" que ha explicado?

No, doctor Gómez, si dijéramos que solamente nosotros somos los interpretes de esos principios, seriamos unos presuntuosos. Es nuestra interpretación y ojala muchos la compartan con otras variantes que no desvirtúen los conceptos. Yo conozco hombres que por diferentes motivos no son radicales, pero en lo fundamental tenemos los mismos pensamientos.

Un ejemplo de la amplitud de las ideas radicales usted lo encuentra en ese movimiento singular que fue la Reforma Universitaria de 1918, donde se mezclan muchachos radicales con muchachos de otras posiciones políticas, unidos en el Manifiesto Liminar que conmovió a nuestra America Indohispanica. El documento expresa lo que profesamos y defendemos los radicales y eso nos es suficiente, sin importarnos las rotulaciones.

Usted sabe que yo a los 20 años era socialista y había en mí y en mis buenos amigos de aquellos tiempos la siguiente pregunta: ¿Como puede ser afiliado al mismo partido el peón y el patrón, cuando sus intereses son evidentemente distintos?

El peón y el patrón, mi querido Gómez, son dos personas que conviven en un mismo país cuyo destino será provechoso o no para ambos. No puede haber una Argentina antagónica hecha para los ricos o para los pobres, ignorando que están unidos por los grandes intereses de un país que, a diferencia de la vieja Europa, da posibilidades que jamás se alcanzarían allá. No aceptamos que el natural disenso respecto de las aspiraciones sociales sea el único motor de la historia.

Nuestra democracia no se conforma con legalidades que no impliquen la elevación cultural y el bienestar del hombre, y decimos con claridad que el antagonismo con estos conceptos esta en el supercapitalismo y en los Estados mundiales que lo sirvan. Yrigoyen tuvo en su primer gobierno la huelga más importante que conoció hasta entonces la Republica: fue el paro ferroviario absoluto durante más de cuarenta días. Actúo como representante del pueblo todo y por eso comprendió donde estaban las mejores razones; así los trabajadores obtuvieron sustanciales mejoras.

¿Usted cree que Yrigoyen fue un hombre influido por el filósofo alemán Krause, como ahora se repite?

Yrigoyen indudablemente leyó a los hombres de la generación española del 98, imbuida del moralismo krausista que introdujo en la península ibérica Julián Sanz del Río, pero esto no implica que el hombre que hasta pide se lo vista para su descanso final con el traje talar de un monje, esté vinculado a un misticismo que nada tiene que ver con su confesa permanente adhesión a ese cristianismo operante que impregno por completo su pensamiento y su acción por la Causa.

¿Por que usted renuncio siempre a las candidaturas políticas? Según relato de Don Amadeo Sabattini, cuando en octubre de 1945 le ofrecieron en nombre de las Fuerzas Armadas la conducción del país, no la aceptó; entonces le piden que de un nombre, y Don Amadeo señaló a Coulin, a usted, que también rehúso. ¿Cree que esa es una buena conducta? ¿No eludió responsabilidades?


Vea doctor, siempre me adjudique un papel docente en el radicalismo y ya le he dicho en otra oportunidad que lo importante es formar una generación adoctrinada. Un hombre en el poder nada puede hacer por su país, si no es interpretado y otros hombres no lo acompañan. Yo quiero que el Movimiento de Renovación y Cambio sea ahora el que nos vuelva a la  autenticidad yrigoyenista, de lo contrario aunque alcancemos el gobierno no podremos realizar la gran tarea. Sobre esto he meditado mucho y mis propósitos son más importantes que una presidencia de la Republica en la orfandad y la incomprensión. No estoy arrepentido del renunciamiento al que usted se ha referido.




























Fuente: Alejandro Gomez "Un Siglo... Una vida" de la Soberania a la Dependencia, 2001
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viernes, 16 de enero de 2015

Partido Radical: "Entrevista al Dr. Diego Luis Molinari" (4 de septiembre de 1937)

La posición del Partido Radical es doctrinaria — expresa el doctor Diego Luis Molinari.
En el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, donde es catedrático, entrevisté al doctor Diego Luis Molinari, candidato a presidente por el Partido Radical.

— ¿Qué significado tiene la presencia de su partido en la lucha presidencial? — fué mi primera pregunta.

— La posición del Partido Radical — me contestó — es eminentemente doctrinaria.

El encarna al radicalismo neto de izquierda, cuya orientación disiente fundamentalmente del radicalismo de la U. C. R. que preside el doctor Alvear. Hay en esta disencíón una cuestión de contenido y no de forma. El Partido Radical aspira a una política avanzada. En cambio, la U. C. R. actúa contrariando las directivas del radicalismo tradicional. Así, por ejemplo, se atribuye la defensa de la democracia y de los intereses del pueblo, pero sus dirigentes obran contra la democracia y contra estos intereses. Lo de las empresas eléctricas y el despacho sobre e] proyecto de ley de los teléfonos, revelan basta qué punto el radicalismo del doctor Alvear se aparta de las directivas radicales.

— ¿Cree usted que favorecerá a la U. C. R. el apoyo de los comunistas y de los llamados "socialistas obreros"?

-—Numéricamente podrá favorecerlo, y esto, de manera relativa, pues se trata de grupos con poco caudal electoral, desde que los forman extranjeros, en su mayor parte. Pero, políticamente, ese apoyó significará para la U. C. R. un lastre capaz de hundirlo en la confusión, pues es sabido que aquellos elementos obran sin lealtad y persiguen como propósito el de infiltrarse en la masa radical para absorberla.

— Volviendo ahora a su partido, ¿qué posibilidades tiene en la próxima elección?

—Siendo la nuestra una posición doctrinaria, nos ha interesado, sobre todo, salir a la calle a divulgar nuestras ideas. No hemos pensado en posibilidades, desde que conocemos cómo está planteada la lucha. Y, por esto mismo, hemos considerado oportuno presentar fórmula propia.

Así comprobaremos cuál es el capital electoral de nuestro partido. 
































Nota: A partir de la dictadura de Uriburu, Molinari fundó una disidencia denominada “Partido Radical”, que tuvo nula repercusión electoral, automarginándose de la vida partidaria en los duros años del fraude y la persecución.



Fuente: Caras y Caretas del 4 de septiembre de 1937, Entrevista al Dr. Diego Luis Molinari candidato a Presidente por el Partido Radical del Gorro Frigio para las elecciones del 5 de septiembre de 1937. 
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martes, 13 de enero de 2015

Félix Luna: "Ollas Radicales"

No ha sido estudiada nunca ---que sepamos--- la actividad que la UCR desarrolló en diversos momentos en relación con una ayuda de carácter social. Tanto durante la primera presidencia de Yrigoyen como después de 1931, el Radicalismo organizó “ollas populares” a fin de abaratar los almuerzos y permitir a los necesitados comer gratis o por unos pocos centavos.

Este aspecto se conecta con una preocupación social que tuvo diversa expresiones en el Radicalismo; prestamos a bajo interés, ayuda para conseguir vivienda, etc. Generalmente se trataba de iniciativas de algunos caudillos de barrio en la Capital Federal y alrededores y su importancia, reside en la vocación social que revelaba. Así se pudo hablar del “pan radical” o “la sopa radical” y no fueron pocos los obreros que pudieron comer por pocos centavos en locales.


Es este un aspecto conocido de la actividad de los comités, con una autentica significación social, que echa una luz casi inédita sobre las múltiples funciones que ejercieron.




























Fuente: Todo es Historia N° 170 "Noventa años de Radicalismo", julio de 1981, 
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lunes, 12 de enero de 2015

Zavala Ortiz: "Unidad Radical refuta al Frondizismo" (16 de febrero de 1957)

De todo lo que se dijo el sábado anterior por esta onda a la misma hora, según creo, lo único cercano a la verdad que las ambiciones personales no explican, por si solas, el drama del radicalismo. Aun cuando haya ambiciones que olvidan a los hermanos, a los credos y hasta las exigencias nacionales.

El drama de nuestro partido es el drama del mundo contemporáneo metido adentro. Es el drama de lo absoluto que se pretende haber descubierto y lo relativo que se sigue ofreciendo convencido de la imposibilidad humana para llegar a lo definitivo; es el drama entre lo pretencioso y fatuo con lo humilde y respetuoso en política; es el drama entre la inconducta y la conducta, es el drama entre el que pretende ser el único justo y el único patriota y los que quieren ser solamente tan justos y patriotas como otros conciudadanos, es el drama entre el despotismo y la libertad; entre el totalitarismo y la democracia. Es el drama que vivió Alemania, Italia y que viven desesperadamente España, Rusia y 800 millones de seres humanos; es el drama que vivimos ayer en nuestra Argentina y de cuyas consecuencias procuramos salir tan pronto se pueda.

La expresión característica de una de las partes de ese drama estuvo en esta onda el sábado pasado con palabra entera, con pensamiento entero, con intención entera. Se lo debemos agradecer, porque nadie tendrá dudas de lo que se trate. Fue la repetición literal de quien protagonizó el drama de ayer. A pesar de ciertos destellos de radicalismo que asomaron en las referencias históricas, pudo cualquiera que no hubiese leído el nombre, suponer con toda buena fe que había vuelto tal como lo anuncian ingenuos adeptos.

De nuevo, subido sobre una montaña de vanidad, al mesías, al salvador de la Nación definitivamente desilusionada de todos ellos. Otra vez era el intrépido protector que llegaba sangrando por persecuciones de enemigos abstractos y lloroso por tribulaciones imaginadas.

De nuevo se hablaba de si que de la patria y del pueblo.  De nuevo se hablaba del pueblo que lo rodeaba y del antipueblo que lo criticaba. De nuevo veíamos el andariego político que muestra una cara de rico en el barrio norte y una cara de pobre en el barrio sur; que habla a los creyentes de su fe y a los liberales de su ateismo; que cuando encuentra a los empresarios los enternece con elogios al sistema capitalista para llenar las arcas del tesoro partidario y que cuando se enfrenta a los obreros los consuela con el anuncio de advenimiento del régimen colectivista; que si encuentra a los intelectuales les bendice sus pensamientos y si se topa con los trabajadores les asegura que hará la alpargata el bastón de mando.

De nuevo se habla de aspectos fundamentales como si fuesen cosas propias, descubiertas por si y para llevarlas acabo únicamente por sí y para llevarlas a cabo únicamente por si.

Hasta llegó para lograr éxito como supuesto defensor de las causas fundamentales a tergiversar los hechos afirmando que sus correligionarios negaban el programa del partido cuando la verdad es que todos lo han aceptado, muchos lo han defendido con inteligencia y valor, mientras que casi nadie ha aceptado su candidatura.  Para nosotros es tan fundamental ese programa del partido que consideramos posible su proposición y su aceptación por cualquier argentino normal, del buen sentido y de espíritu justo. No tenemos al programa como a un invento del partido, sino como una confluencia de la conciencia social misma, capaz de captarse por cualquier grupo de ciudadanos o gobernantes bien intencionados. Solamente los fatuos pueden creer que lo fundamental esta únicamente en ellos. Una persona sensata sabe que lo fundamental esta en todos o en cualquiera; sea porque Dios nos hizo a cada uno con una conciencia para encontrar solución a nuestros padecimientos sea porque nuestra identidad mental posibilita al hallazgo simultaneo de la misma solución.

En el libro “Petróleo y Política”, constituido en la biblia por los creyentes de Río Bamba, se hacen afirmaciones como estas:

“A cada una de las grandes etapas del desarrollo de la civilización corresponde una distinta estructura económica, una peculiar ordenación social y un particular sistema jurídico…

“Las estructuras económicas responden a la cantidad y calidad de los instrumentos de producción en un momento histórico determinado. Las estructuras sociales están dadas principalmente por las relaciones que los mismos instrumentos crean entre los mismos individuos componentes de la colectividad y las relaciones sociales, a su vez se condensan en sistemas jurídicos una de cuyas notas esenciales consiste en el poder de sancionar las violaciones que los individuos comentan”

Dicho concepto que se repite y desarrolla en otras partes de la introducción al libro mencionado es, como puede observarse, la reproducción casi textual de la tesis sobre la interpretación económica de la historia expuesta por Karl Marx en su conocida obra critica a la economía política. A pesar de que quieren aparecer como renovadores, no se dan cuenta que el izquierdismo dentro de la marcha de las ideas políticas y sociales es la corriente que manteniéndose ligada al cuerpo ideológico de la democracia hace, antes que las otras, la exploración del futuro, buscando las correcciones del presente, pero siempre inspirado por los permanentes impulsos de la vida humana.

Tampoco se comprende que el totalitarismo por ser fanático, absolutista y sectario nunca será izquierdista, porque al negar la libertad, niega la posibilidad de nuevas o mejores verdades y obliga al pueblo a entrar en una escafandra rígida de la que solamente puede salir para ahogarse en la persecución despiadada del despotismo.

Mientras, nosotros hemos querido mantener al Radicalismo entre el centro y la izquierda de la democracia argentina, el orador del sábado y autor de “Petróleo y Política” prefirió colocar al partido a la derecha de los totalitarismos criollos.

Deseamos que los resentimientos del pasado se olviden cuanto antes. La democracia de mañana debe ir afirmada por la reconciliación y el respeto mutuo entre los argentinos. Pero no debe olvidarse el pasado para repetirlo sino para alejarlo para siempre como posibilidad argentina. No olvidar el pasado donde hay votos y sostener un odio permanente recordando un pasado sin votos.

Nuestra generosidad no es electoralista. Es limpia y por eso, comprende en la reconciliación y en el olvido a todos los argentinos que ayer pudieron haberse equivocado.

En diciembre de 1955 yo sugerí el indulto de presos sometidos a procesos políticos.
Se hizo solo parcialmente el indulto. Insistí para todo el resto. Siempre encontré la mejor disposición en los hombres del gobierno, a los cuales únicamente les cohibía la posibilidad que una medida de tanta magnitud fuese tomada por los conspiradores y saboteadores permanentes como una debilidad de la revolución y como una contribución a la contrarrevolución.

Tengo confianza en que desaparecido el peligro de que la amnistía o el indulto sirviesen a negocios electorales, el nuevo ministro del Interior disponga la libertad de todos los ciudadanos que estén dispuestos a vivir fraternalmente en paz y en libertad.

Para contribuir a todos estos anhelos teniendo por preocupación la patria y la democracia el partido ha vuelto a reunirse. Entre el inmenso concurso humano que sostienen los viejos y nuevos ideales del Radicalismo se alcanza a distinguir las figuras de Sabattini, Perkins, Balbín, Larralde y otros que, como hitos humanos, marcan a nuestros compatriotas el itinerario del sacrificio, la decencia, la libertad y la justicia, seguidos sin renunciamientos por la Unión Cívica, ahora unida definitivamente.








Fuente: Alocución radial del Dr. Miguel Ángel Zavala Ortiz "Unidad Radical refuta al Frondizismo" del 16 de febrero de 1957.
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Jorge Luis Borges: "Carta a Enrique y Raúl González Tuñon" (marzo de 1928)

Razonar esta convicción de yrigoyenista es empresa fácil. Equivale a pensar ante los demás lo que ya ha pensado mi pecho. Yrigoyen es la continuidad argentina. Es el caballero porteño que supo de las vehemencias del alsinismo y de la patriada grande del Parque y que persiste en una casita (lugar que tiene clima de patria, hasta para los que no somos de él), pero es el que mejor se acuerda con profética y esperanzada memoria de nuestro porvenir. Es el caudillo que con autoridad de caudillo ha decretado la muerte inapelable de todo caudillismo; es el presente que, sin desmemoriarse del pasado y honrándose con él se hace porvenir.

Esa voluntad de heroísmo, esa vocación cívica de Yrigoyen, ha sido administrada (válganos aquí la palabra) por una conducta que es lícito calificar de genial. El fácil y hereditario descubrimiento de los políticos era éste: la publicidad, la garrulidad, la franqueza, provoca simpatía.

El de Yrigoyen es el reverso adivinatorio de aquel y es enunciable así: el recatado, el juramentado, el callado, es también simpático. Esa intuición ha bastado para salvarlo de las obligadas exhibiciones callejeras de la política.

Yrigoyen, nobilísimo conspirador del Bien, no ha precisado ofrecernos otro espectáculo que le de su apasionado vivir, dedicado con fidelidad celosa a la Patria. 
































Fuente: Jorge Luis Borges: "Carta a Enrique y Raúl González Tuñon" (marzo de 1928) en "Yrigoyen y la Gran Guerra" de Carlos Goñi Demarchi, José Seala y Germán W. Berraondo. 

Y recorte del Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes, Diario Crítica del 20 de diciembre de 1927. Aporte de Sergio Fausto Varisco ex Intendente de Paraná (1999-2003), ex Diputado Nacional (MC). 

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domingo, 11 de enero de 2015

Eduardo Giuffra: "Debate por la Nacionalización del Petróleo" Parte V (3 de agosto de 1927)

Sr. Giuffra: Pido la palabra.

No iba a tomar parte en esta estación del debate, por cuanto entiendo que la misión que incumbía a mi gestión debía cumplirse al considerarse, lógicamente, el despacho numero 77. Sin alzarme contra la determinación de la Cámara, considero todavía que ha dado un voto malo: la Cámara ha conseguido lo que dijo que quería evitar, es decir, prolongar una discusión, en medio de un conjunto de ideas que no hacen sino alterar el método, para determinar la verdadera legislación que corresponde sobre petróleo. Pero, no obstante ello, vengo a participar del debate, para hacer las consideraciones que merece el despacho numero 95 y para determinar, dentro de el, acatando la forma reglamentaria, el pensamiento que tenemos sobre este asunto, según lo anunciara nuestra representación que forma parte integrante de la Comisión de Industrias y Comercio.

Es indudable, como lo ha sostenido nuestra representación, que el punto fundamental de esta cuestión radica en la fijación de la persona sujeto del derecho, es decir, establecer, primero, de quien es la propiedad de la mina, y después, saber quien es el que la va a explotar, por disposición de su dueño.

Este método era precisamente el que combinaba el conjunto de estos dos despachos y el que hacia a la prelación del despacho numero 77 En ese sentido, como la representación radical cree en la nacionalización de las minas, vamos a considerar aquello que, según se ha dicho, pasara a ser el articulo l4 de ese despacho, o sea el gran asunto.

He de abreviar todo cuanto se refiere a la importancia del mineral materia del despacho, porque eso es bien sabido de todos, y a esta altura del debate seria una desconsideración pretender ilustrar a los señores diputados sobre la importancia del petróleo. Seria pueril que se viniese a legislar sobre una cuestión tan importante, que ha llamado la atención del mundo, si se considerase que no se conoce la importancia del mineral.

Para desvanecer ciertas dudas que pudo traer la participación de algunos señores diputados en el debate, defendiendo un pretendido derecho de autonomía, fundamental breve, pero claramente a mi juicio, la razón que asistirá al Congreso para dictar la ley que nacionalice la mina.

Es indudable que ella deriva del inciso 11, del artículo 67 de la Constitución que se ha citado de modo incompleto. Deriva de ese articulo, porque es el que atribuye al Congreso la facultad de dictar el Código de Minería; pero acepto y demostrare que ese articulo no esta desamparado en la Constitución esta subordinado a toda la economía constitucional. Cuando el inciso 11 del citado articulo dice que es facultad del Congreso dictar los códigos Civil, Comercial, Penal y de Minería, ha establecido claramente que todo lo que corresponde a la legislación minera es materia de ese código; y lo que corresponde a un código, lo ha dicho, en momentos en que se hacia la Constitución, el convencional Zapata, cuando expresaba que un código debe contemplar todas las necesidades de la época.

Es inequívoco, pues, que desde el momento inicial de la Constitución ya se sabía cual seria el contenido del Código de Minas, es decir todo lo que se refiere a minerales. En consecuencia, el mismo Congreso Constituyente determino con precisión que esta era una facultad del soberano, y lo dijo cuando se expide respecto del Estatuto de Hacienda y Crédito. Estableció claramente, repito, que esta era una facultad del soberano, y nosotros tenemos que ir a buscar donde esta el soberano.

No es, señores diputados, una cuestión de simple lectura de artículos, sino una cuestión esencial en el Derecho publico argentino. Hay aquí una confusión lamentable respecto de los verdaderos valores dentro de la técnica constitucional. Se ha pretendido sostener que, porque a continuación el articulo dice: "sin que tales códigos alteren las jurisdicciones locales", esto autoriza a los gobiernos de Provincia incluso a destruir en parte la disposición básica sobre la facultad de dictar el código.

He visto en muchas partes, incluso en informaciones, en artículos de colaboración citados en esta Cámara, que se incurre en el mismo grave error; y en esto no he de valerme solo de mi opinión, porque al fin y al cabo es una entre muchas y todas las opiniones individuales son respetables, sino que voy a fundarme en la opinión de la Suprema Corte Nacional, que es la autoridad que por imperio del articulo 100 de la Constitución esta llamada a determinar sobre el valor de las cláusulas constitucionales. Ella ha establecido claramente que las palabras "sin que tales códigos alteren las jurisdicciones locales" no tienen otro valor que atribuir a los tribunales de Provincia la aplicación de la ley. No es una restricción, no es una limitación; es solo una condición: respetar el poder judicial de las Provincias.

De esto no se puede seguir que los gobiernos provinciales tengan esa clase de propiedad en la zona donde ejercen sus funciones, porque ya vamos a ver cuales son las facultades reservadas a los gobiernos de Provincia.

La Suprema Corte ha declarado en varios fallos que la facultad del Congreso de dictar los códigos Civil, Comercial, Penal y de Minería, no tienen otra restricción que la de no alterar las jurisdicciones locales para su aplicación. Esa es la verdadera inteligencia: para la aplicación de la ley ¿Y quien hace la ley? El Congreso nacional. Tanto es así que tratándose de una cuestión de forma, la misma Corte ha sostenido, interpretando el valor de la ley de jurisdicción y competencia de los tribunales federales, que los tribunales de Provincia, en cuanto apliquen el Código Civil, Comercial, o cualquier otro, no tienen facultad para anular la ley. Procede el recurso ante los tribunales federales. ¿Por que?

Porque si la Constitución no acuerda a los gobiernos de Provincia el derecho para dictar la ley, no puede acordar a un poder de las Provincias la facultad de anular la ley dictada por el Congreso.

El articulo 67, en este inciso, tiene su historia, y saben todos los señores diputados que al consignarlo se apartaron los constituyentes de su modelo. Es necesario interpretar cual ha sido la fuerza histórica que ha dado nacimiento a este inciso. Cuando se refiere a que el Congreso Nacional puede dictar los códigos, es porque la organización de las Provincias es un hecho ulterior a la Nación. La organización de los Estados Unidos es el resultado de la concurrencia de distintas organizaciones a formar una unidad.

Es una cuestión perfectamente sabida. Lo demás son teorías que se traen para querer afianzar un principio que no cabe dentro de la Constitución. Esta claramente establecido que los Estados Unidos fueron el resultado de colonias, de concesiones y de gobiernos de cartas, que llevaron desde Inglaterra todos los principios de derecho público y privado y que después, evolucionados separadamente, concurrieron a formar la unidad. Nosotros ¿como venimos a hablar de provincias y de republicas internas cuando hemos sido una colonia segregada de la madre patria y hemos constituido la Nación sobre la base del esfuerzo común para establecer la independencia del país? (Aplausos.)

La colonia tuvo su organización política en los cabildos y su organización administrativa en las intendencias. Las intendencias creadas en 1782 para poner en orden a la hacienda, dividieron el territorio en entidades administrativas hasta cierto punto independientes, pero subordinadas a la superintendencia de la de Buenos Aires; y por eso, con razón han dicho los historiadores que, no obstante ser este un principio federativo, lleva en germen el principio de la unidad.

No coinciden las provincias actuales ni con las intendencias ni con los cabildos, porque en cada provincia había distintos cabildos que representaban a las ciudades.

De manera que hay que arrancar del momento inicial, cuando se constituye la nacionalidad. Y es evidente que el movimiento revolucionario segrego una parte y estableció una individualidad que pugnaba por constituirse en Estado. Todo fue centralizado, y desde las expediciones que se mandaron inmediatamente después del movimiento revolucionario, ya al Norte o al Paraguay, fueron precisamente dirigidas- por la junta revolucionaria, el único gobierno provisional. Estos gobiernos llegaron hasta la Asamblea del año 1813, la cual, no obstante no haber dado Constitución —a pesar de haber habido dos proyectos—, declaro que en ella radicaba la soberanía; es decir, que desde el punto de vista del Derecho se consagraba ya la independencia porque se evitaba que se invocase la autoridad del rey Fernando, en cuanto la Asamblea se declaraba soberana y representaba a la nueva entidad. La nueva entidad tenia que organizarse como un nuevo Estado para hacerse individualidad del Derecho internacional y así lo explicaban todos los que tenían a su cargo la lucha de la emancipación. Por eso el mismo general San Martín, en vísperas de la declaración de la independencia, decía que lo que hacia falta era declarar esta porque el, en su acción emancipadora de otros pueblos, necesitaba ampararla en el pabellón de una nueva patria.

Esta es la parte inicial de la elaboración del Estado argentino, y lo que sobrevino después fue un con junto de acciones intestinas que no han podido modificar los derechos de familia las escisiones que pudiera haber entre padres e hijos o entre hermanos. Esto no varia el vinculo de parentesco, varia una situación; así después de hacerse la unidad como consecuencia del Congreso de Tucumán, la Constitución unitaria de 1819 rompió todo vinculo y se estableció la anarquía; pero esa anarquía no es sino la disociación momentánea y que es momentánea se lo prueban a los señores diputados las palabras del preámbulo de la Constitución y como inmediatamente después de la lucha, cuando vuelven a la paz estas provincias, lo hacen mediante tratados: el tratado del Pilar del ano 20, el tratado del Cuadrilátero del 22, los tratados del 27 al 29, el Pacto del Litoral del ano 31, el mismo acuerdo de San Nicolás y hasta el pacto del 11 de Noviembre del 59 y todos ellos respiran ansias de unificación, de volver nuevamente a la unidad, pero a la unidad anterior que ya existía, es decir, que estos quebrantos que se produjeron habrían de desaparecer y ellas declaraban expresamente que harían la unión, para lo cual reunirían un congreso.

Es por esto que la Constitución en el preámbulo dice: "... en cumplimiento de pactos preexistentes"; "pactos preexistentes", que como lo han enseñado todos los tratadistas, se refieren a la organización del Congreso.

Pero nos corresponde a nosotros buscar donde esta la soberanía. Este es el principio de derecho público que rige la Constitución, es en lo que se han equivocado lamentablemente muchos señores diputados.

El derecho de soberanía hay que definirlo como tal y, después de saber lo que es la soberanía, atribuirla a un sujeto.

El derecho de soberanía para todos los tratadistas es indudablemente un derecho ilimitado, superior a cualquier otra potestad, indivisible e inalienable. Estos son los caracteres, los atributos de la soberanía. No puede haber ningún derecho igual, porque como lo enseñan todos los autores, si hubiera un derecho igual, el obedecer a uno seria desobedecer a otro, lo que no puede ser. De manera, entonces, que no puede haber un derecho de la misma magnitud, no puede enajenarse, no puede dividirse. La única limitación de la soberanía que se admite es la iniciación de otra soberanía, lo que quiere decir que aunque los autores admiten la limitación, la soberanía es ilimitada dentro del territorio en que ella se ejerce. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)

Cuando nosotros hemos establecido el derecho de soberanía tenemos que establecer quien as el soberano y la Constitución lo determina cuando dice: "Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina".... es decir, que el soberano es el pueblo, no dice que la soberanía radica en tal parte; pero dice quien hace la Constitución y el sujeto que hace la Constitución es el pueblo mediante mandatarios. Lo dice en el preámbulo: "Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso...

El pueblo es el soberano, ha hecho la Constitución y ha dejado a salvo el derecho de la soberanía en el articulo 33, que dice: "Las declaraciones, derechos y garantías, que enumera la Constitución, no será entendido como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno"... y el articulo 104 les da la clave a muchos señores diputados que no se por que dicen que las provincias hicieron la Constitución, delegaron derechos y se reservaron otros. El artículo 104 establece que las provincias conservan todo el poder no delegado por "esta Constitución al gobierno federal".

Las provincias, entonces, no han hecho la Constitución; la ha hecho el pueblo, y el pueblo es el soberano. Luego, entonces, y por definición, no puede haber dos derechos iguales sobre una misma cosa. Quiere decir que cualquier otro derecho que haya será de otra naturaleza, pero no será la soberanía, e importa un error grave y una confusión lamentable, de principios elementales de ciencia política y de derecho constitucional argentino, hablar de la soberanía de las provincias. Si por definición la soberanía es una sola y la ejerce una sola entidad, ¿como es posible que se diga que las provincias son soberanas?

Esta ocurrencia fue fulminada precisamente en el Congreso de 1853, cuando Zavalia, discutiendo sobre el inciso 11 que atribuía al Congreso la facultad de hacer los códigos, dijo que este articulo restringía la facultad soberana e independiente de las provincias; tremenda confusión hizo que fuera desechada su proposición, con las palabras que dijo Gorostiaga y que termino con la expresión de Centeno.

De manera que murió el día de su nacimiento la pretensión de las soberanías provinciales. La soberanía provincial y los estados provinciales, que las leyes establecen, por ese afán de enriquecer el idioma, constituyen un absurdo, porque no hay Estado donde no hay soberanía. De manera que la verdadera expresión es que las nuestras son provincias, provincias que tienen un derecho de autonomía, cuya autonomía esta definida por la propia Constitución. Por eso, la Constitución deja establecido en su articulo 105, que las provincias se dan sus propias instituciones locales y se rigen por ellas, eligen sus gobernadores y demás funcionarios, con independencia del gobierno federal, y de acuerdo con la Constitución que dictara cada provincia para si, y de conformidad al articulo 5, esto es, en armonía con los principios, declaraciones y garantías de la Constitución nacional. Tanto es así, que si las provincias no cumplieran el mandato del artículo 5, serian intervenidas con toda amplitud, por el artículo 6, que se aplica automáticamente.

De manera que esta bien establecido, dentro de la Constitución, que la autonomía no es sino el conjunto de aquellas facultades que se les reserva por derecho, después de haber establecido las facultades que el pueblo delega para la Nación mediante esta Constitución. Es una Constitución perfectamente clara, tan clara que se diría que hasta en sus defectos ha habido el deseo vehemente de reafirmar un derecho, que parecería que esos defectos de la Constitución fueran hechos con doble intención.

A cualquier extranjero que leyera nuestra Constitución, le bastaría el inciso 11 del articulo 67, para decir que todo lo que se refiere a minas es exclusivo de la legislación nacional, porque es un derecho inherente a la soberanía y esta establecido que es facultad del Congreso, pero como aquí estaba la lucha intestina todavía cerca —como es practica que todo el mundo estudie la extensión de sus derechos y no la de sus obligaciones— parece que se puso por ahí, en el articulo 108, entre las facultades que no se pueden ejercer, que las provincias que no ejercen el poder delegado de la Nación, no pueden hacer esto y aquello, y entre otras cosas esta que no pueden hacer el Código de Minería. Lo ha dicho una vez y repetido otra, para recordar a las provincias que no pueden hacer esto; mas clara no puede estar la Constitución.

Yo quisiera, no obstante, recordar en este momento que sobre todas estas cosas habría que pensar que estamos pretendiendo legislar sobre un producto que es característico, típico, de la defensa nacional, porque el  proyecto se ha limitado a legislar sobre el petróleo. Tienen entonces aplicación una cantidad de disposiciones constitucionales, comenzando por el preámbulo, que determina como uno de los objetivos fundamentales del Estado el de proveer a la defensa común. Saben los señores diputados que el preámbulo es parte integrante de la Constitución, en cuanto sirve como fuente de interpretación. La Suprema Corte así lo ha declarado repetidas veces, diciendo que no es posible que se pretenda dar a un artículo de la Constitución una interpretación que contraríe los objetos de la formación del Estado.

Cuando se piensa aquí que las provincias tienen esa jurisdicción material, se incurre en una equivocación de concepto. Se dice que el gobierno de provincia tiene que ejercer su función dentro de un territorio dado: es exacto; lo ejerce, pero dentro de la extensión que le atribuye la Constitución. La misma Constitución nacional ha dicho que, cuando dicten su propia Constitución, lo harán las provincias de acuerdo con la forma de gobierno que crea la Constitución nacional. La Constitución nacional ha dicho que "la Nación adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal según lo establece la presente Constitución." Y de ahí deriva la serie de características nacionales, y es eso lo que autoriza la incorporación de una cantidad de cláusulas que arraigan en nuestra propia historia. Contra eso no puede haber nada, porque el articulo 31 expresa claramente que, cualesquiera sean las disposiciones internas de las provincias, tienen que silenciar ante el mandato expreso de la Constitución, ante las leyes que en su consecuencia dicte el Congreso y los tratados con las naciones extranjeras que son la ley suprema de la Nación.

La propiedad de las minas, se dice, es parte integrante del suelo. No quiero entrar a considerar la diferencia que hay entre el subsuelo y el suelo. Hoy se ha hecho la cuestión, y un señor diputado por la Capital ha hecho una pregunta que tiene su importancia. Dentro de nuestra legislación minera no es propietario de la mina el propietario del suelo. Nadie ha discutido eso, porque dentro de la legislación de minas es esencial que se establezca un patrimonio especial, distinto del dominio de la superficie. Pretender hacer una discusión sobre este aspecto, me parece que es alejarnos de la cuestión que nos interesa; todos en conciencia sabemos el interés que hay, y la única objeción que se hace es la imposibilidad de que se realice la ley, porque la Constitución no lo permite; de manera que lo que hay que demostrar es que la Constitución lo permite. De lo contrario, yo establecería que en el subsuelo existe una riqueza particular, de un carácter especial, cuyas corrientes no se sabe si salen de una provincia para invadir a otra, como son las corrientes superficiales y como son las vías aéreas, sometidas a la superintendencia de la Nación. Pero como esto no es necesario, yo lo silencio.

Sin embargo, es menester alguna expresión respecto de los muy comentados discursos y, sin que esto sea desoír la palabra de personas que son calificadas de maestros, creo que el debate se ha hecho en gran parte mal. Desde el año 1918, se ha dado como argumento lo que dice la ley del 75, lo que dice el Código Civil, lo que dice el Código de Minería. Es posible que el Congreso pueda atar sus brazos por propia determinación.

Pero esto no quiere decir que por su propia decisión no se los desate. Si hubiera hecho dos o tres leyes malas, las rectifica haciendo otra ley buena. Pretender demostrar el alcance de la Constitución por las leyes del Congreso, es supeditar el soberano a la facultad de simples representantes legislativos que no somos sino depositarios de una parte del ejercicio de la soberanía.

El Congreso no tiene otra fuente de interpretación, en cuanto a sus facultades, que la Constitución misma. Esta, señores diputados, es la que hemos jurado y de la que debemos saber que alcance tiene. Nosotros no podemos aceptar porque la ley del 75 haya dicho al codificador que haga una ley que respete la división política de la Republica, se acepte que esto es lo constitucional. Puede ser lo conveniente en un momento dado. Autoricémoslo; pero esto no enerva una facultad de un poder de la Nación.

Que el Código Civil diga tal o cual cosa carece de valor, pues es una ley del Congreso y no es la ley especial de la materia; y que lo diga el propio Código de Minas tampoco tiene importancia porque es uno de los tantos actos del Congreso, como he dicho. Y tanto es así, que para ser concreto en mi exposición no traigo sino el recuerdo de la propia opinión del codificador que determina claramente en la nota del artículo 2:

"Respecto al régimen de las minas, ahí ha de haber mucho librado al arbitrio del legislador, que consultara ante todo el interés de la sociedad" Véase que el legislador no ha de consultar lo que dice una ley, sino lo que dicen los intereses de la Nación.

Ahora, en cuanto a la facultad del Congreso, la Corte Suprema ha declarado expresamente en un fallo interesante, que la discreción en el ejercicio de las facultades del Congreso pertenece al Congreso mismo. Lo tiene declarado en distintos fallos; lo ha hecho con motivo de esta cuestión de la aplicación de los códigos y lo ha hecho con motivo de la aplicación del articulo 17 de la Constitución, cuando establece el derecho de expropiación por el Estado. Ha dicho "Escapa a la jurisdicción de este cuerpo determinar si ha habido o no interés publico porque es facultad exclusiva del Congreso decir si hay utilidad publica-.."

El articulo 7 establece en su nota: "La ley nacional de 1875, de acuerdo con lo indicado en el articulo 2.342, del Código Civil prescribe que se tome por base del código el principio de que las minas son bienes privados de la Nación o de las provincias, según el territorio en que se encuentren. El objeto principal de la ley de minas quedaba cumplido, ya adjudicándolo exclusivamente a la Nación, ya atribuyéndolo a las provincias. Dada nuestra organización y régimen político, era consiguiente, y bajo muchos aspectos conveniente, atribuir a los estados la propiedad de las sustancias minerales comprendidas en su respectivo dominio, pero no es indispensable"

De manera que el mismo codificador lo dice: al hacer el código ha podido declarar que eran bienes privados de la Nación. No lo ha hecho porque la ley le ha dicho que no lo haga y la ley no ha hecho sino optar por una forma, pero no quiere decir que no tuviera facultades.

Ahora, hay espíritus más prácticos, no jurídicos, que dicen: esta riqueza cuantiosa se saca a las provincias para llevarla a la Nación. No otra cosa hace el gobierno federal cuando recluta tropas: las saca de las provincias y las lleva a cualquier parte. Ejerce una facultad de acuerdo con las necesidades de la Nación en la forma que estima conveniente y a ningún ciudadano vecino de provincia se le ocurre decir: "a mi déjeme en Córdoba o en Tucumán", según de donde sea. Ira adonde lo mande el gobierno. Todo aquello pasa a ser parte del patrimonio nacional.

Creo, señor Presidente, que con esta breve reseña ha quedado establecido el derecho del Congreso para dictar el Código de Minas, que el Código de Minas debe contener todo lo que corresponde a minas, lo que sea el resultado de la necesidad de una época, de acuerdo con los principios establecidos y expresados desde la Convención Constituyente del ano 1853.

No es necesario invocar más antecedentes para asegurar este hecho, pero lo haré porque he prometido ocuparme desde el punto de vista general, de este despacho, y no solo en lo que respecta a este artículo. Vamos a votar por la nacionalización porque la creemos conveniente, porque es facultativa del Congreso y porque consideramos que en este caso particular no es posible consentir que la riqueza de la Nación quede librada a la voluntad de catorce gobiernos, como no seria posible dejar la defensa de la Nación, en el orden fundamental, al criterio de gobiernos provinciales. Esa riqueza debe ser de la Nación y explotada por el gobierno nacional con las mas amplias garantías.

No se cual es el inconveniente que encuentran los señores diputados en que esto pase al gobierno federal. Parecería que el gobierno federal fuera para ellos una entidad extraña a la Nación. El gobierno federal lo único que tiene, que no es de las provincias, son los diputados de la Capital, una ínfima minoría, que como ciudadanos nos sentimos honrados de que tengamos como legislatura local al Congreso de la Nación, como cumplimos las leyes que dicta el Congreso con ciudadanos vecinos de todas las provincias; las provincias, a su vez, nos retribuyen este agrado cuando aceptan del Congreso nacional que les llevemos todo el amparo de la Nación por vía de subsidios y en otros aspectos fundamentales, como es la educación común, que por el articulo 59 de la Constitución están obligadas a cultivar, pues de lo contrario se harían pasibles de la intervención del gobierno federal. Hemos visto, además, sin que esto sea una crítica, que hasta los mismos bienes, que quizá corresponden en el fondo a la Capital, se han distribuido con una exactitud matemática entre la Capital y las provincias.

Y cuando se hablaba de la tierra publica, yo he hecho el distingo, que advierto una vez mas, entre la propiedad minera y la jurisdicción territorial.

Sin embargo, cuando establece la Constitución en el inciso 14 del artículo 67, que es facultad del Congreso fijar los límites de las provincias, que es lo que nadie discute, la Constitución ha establecido que todo lo que quede fuera del dominio de las provincias es para la Nación.

Sr. Araya. Pero no puede producir sus fallos sino dentro de la parte controvertida.

Sr. Giuffra. Esos son limites que pone el señor diputado. Yo le voy a recordar lo que dijeron Vélez Sarsfield y Elizalde cuando se discutió la ley número 28, y le voy a recordar lo que dijeron Sarmiento y Alberdi cuando pretendieron que hasta las tierras que no tuvieran dueño conocido en las provincias, eran de la Nación. Y decía Alberdi: ¿Si se les preguntara a las provincias si corresponden a Rusia o a Noruega, que contestarían? Somos argentinas.

Todo responde al criterio de la unidad de la Nación en este orden. Y quiero completar este concepto diciendo que la Constitución, al atribuirle al Congreso la facultad de fijar definitivamente los limites de las provincias, ha determinado la posibilidad de que el Congreso les saque un retazo para pasarlo a otra provincia si es entre provincias limítrofes o para dejárselo al gobierno nacional si limita un territorio. Fíjense hasta donde llegan las facultades del Congreso.

Dejo así establecida la parte de derecho, los fundamentos que van a inducir a la representación de la Unión Cívica Radical a votar en favor de la nacionalización de las minas; no así en cuanto al resto del proyecto.

Se ha dicho con mucho énfasis que la nacionalización de las minas es retrotraer para la Nación todo su rico patrimonio. No es cierto. La declaración de la nacionalización de las minas, tal cual lo hace el proyecto que se debate y a que se refiere el despacho número 95, no hace otra cosa que cambiar la tutela de los gobiernos provinciales por la del gobierno nacional, es decir, que varía la autoridad que las concede para su explotación. Nosotros no estamos conformes en manera alguna ton ese concepto: entendemos que el Estado tiene facultad para dictar la ley estableciendo que es dominio del Estado, que basta que lo diga, por obra del Congreso cuando dicta los códigos; pero el Estado, para hacer cierto ese principio de la nacionalización de las minas, necesita reasumir esa soberanía en cuanto se refiere al patrimonio y hacer de modo que nadie pueda venir a alterar la paz interior, especialmente en este caso, donde por tratarse de un producto cuyos yacimientos no son inagotables, de otros centros vienen a buscar manantiales a los puntos donde se encuentran, cuando les falta.

Nosotros, pues, hemos de votar el concepto fundamental integral: el Estado es el dueño de las minas, el Estado las explota, el Estado no consiente que saiga un solo gramo de petróleo de la Nación.

Pido al señor presidente que haga dar lectura del proyecto que hemos presentado en sustitución del artículo 1 para que después se haga valer en la discusión en particular.

(Aplausos.)

—Se lee:

Artículo 1 —Son bienes privados de la Nación:

a) Los criaderos, fuentes y depósitos naturales de petróleo;
b) Los hidrocarburos gaseosos que se encuentren en el subsuelo y que se escapen de la superficie de la tierra.

La exploración y explotación de tales bienes se hará exclusivamente por el Estado nacional en todo el territorio de la Republica y se declaran de utilidad publica todos los criaderos, fuentes y depósitos naturales de petróleo y los hidrocarburos gaseosos que se encuentren en el subsuelo, que se escapan de la superficie de la tierra, que hubiesen sido concedidos a particulares por el Estado nacional o los gobiernos de Provincia, antes de la sanción de esta ley, procediendo el Poder Ejecutivo a su expropiación de acuerdo a las prescripciones legales en vigor.

Corresponde igualmente al Estado nacional la explotación exclusiva de los medios de transporte terrestre, marítimo y fluvial destinados a la explotación aludida, dentro de la jurisdicción de la Republica.

El petróleo y sus derivados, provenientes de la explotación efectuada en los yacimientos nacionales, no podrán ser exportados.

Diego Luis Molinari. Eduardo F. Giuffra. Jorge Raúl Rodríguez. Blas Goñi. Amancio González Zimmermann. Leopoldo Bard. Juan Garralda, José Luis Alvarez. Carlos J. Rodriguez. Guillermo R. Fonrouge.

Sr. Giuffra. Nuestra representación, pues, no cree en ningún momento que el Estado garantice su bienestar interno, asegure su paz y facilite la vida de la población, como no sea tomando para si el ejercicio que deriva de este derecho de dominio.

Nacionalizar las minas para consentir que los capitales extraños o privados tengan que explotarlas, es dejar las cosas tal cual están. El Estado no puede consentir que se suponga que para explotar su riqueza fundamental, para su defensa y para su industria, tenga que necesitar, exclusivamente, o en gran parte, de los capitales particulares. Por cierto ha pasado ya la época en que el Estado había perdido el crédito respetable que debe tener cualquier nación en el concierto del mundo. Los últimos años han dado para el Estado argentino un predominio en el crédito amplio y claro —lo acusa la colocación de todos sus títulos, la forma y el precio de colocación—, como consecuencia de la actitud de nuestro gobierno durante el periodo mas grave por que atravesó el mundo, y en que pudo destacar la personalidad del país precisamente por sus grandes conceptos y por su verdadera capacidad directiva. (Aplausos.)

Nosotros, perfectamente solidarizados con esos conceptos, no podemos sino aprovechar para el pueblo esta hegemonía que hemos adquirido dentro de los países que conjuntamente con nosotros labraron su porvenir, en una esfera de acción más o menos equivalente. Nosotros queremos que esa producción venga a manos del Estado y que el Estado la aproveche para felicidad de todos. Nosotros no creemos ni decimos que las provincias no tengan aptitud. ¡Como vamos a decirlo, si los hombres que se sientan en estas bancas son en su casi totalidad hombres de provincia! Pero lo que yo digo a estos, es. ¿Por que pretenden que sus provincias, que todos los días nos dicen que son tan pobres, deban manejar intereses tan cuantiosos, cuando ellos mismos tienen en sus manos el poder colosal de la Nación para explotar esas minas? ¿Por que no vienen a contribuir a este mejoramiento que va a derivar de la riqueza nacional, en lugar de insistir en una pretensión casi inoficiosa, de estar modificando el régimen financiero, cuando tenemos tanta riqueza que podemos acrecentar? Debemos ir al aspecto económico y en esa forma habremos conseguido el máximo de esfuerzo, haciendo que el Estado las explote, monopolizando todo lo que sea necesario a este efecto.

Nosotros deseamos que se trabajen las minas, que se tomen todos los elementos necesarios y que el Estado, bajo su responsabilidad, ejercite ese derecho. Depende del propio pueblo, que es quien ejercita el derecho soberano de elegir sus mandatarios, garantizarse por estos medio verdaderos administradores para el país.

Tales son los razonamientos que surgen frente a este despacho —que hemos de considerar muy detenidamente en particular— respecto a estas iniciativas que pretenden dar al Estado la facultad de regular con unidad lógica una fuente de producción, que puede llegar a comprometer en su hora, hasta la suerte de los destinos nacionales.

Que no le ocurra con su riqueza, lo que a muchos acaudalados con sus bienes: que por no saberlos administrar en forma, lejos de procurarse con ellos su propio bienestar, labran, desgraciadamente su infortunio.


He terminado. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos. Varios señores diputados felicitan al orador.)



























Fuente: Hipólito Yrigoyen "Pueblo y Gobierno" Politica Emancipadora Reforma Patrimonial Volumen II Petróleo, Editorial Raigal, 1953. Recopilación hecha por Roberto Etchepareborda y Tito Leoni.

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