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jueves, 23 de abril de 2015

Amadeo Sabattini: "El voto de la Mujer" (13 de febrero de 1946)

El ex gobernador de la provincia, doctor Amadeo Sabattini, en visitas que realizó a comités seccionales de la Unión Cívica Radical, comité nacional, pronunció breves discursos entre grupos compactos de afiliados y mujeres concurrentes, a quienes saludó destacando que en todos los pueblos cordobeses que visitó encontró el mismo espectáculo de hombres y mujeres escuchando la palabra de los dirigentes.

Dijo el orador:

“Trabajaré intensamente en la campaña política que se ha iniciado para conquistar la felicidad del pueblo”

Agregó:

“Si bien aún no existe para las mujeres el documento cívico con el cual se podrá conquistar la democracia integral que el país necesita, el pueblo y, en particular, la mujeres, prestaran mucha ayuda a la causa radical.

Pero agregó:

“Quiero adelantar que en los futuros comicios posteriores a los próximo también podrán participar porque el gobierno radical otorgará el derecho que merece el voto femenino. La situación de esta hora es la expresión de quince años de luchas y de sacrificios después de la cual vemos a la Unión Cívica Radical triunfante en todo el país apoyada por la totalidad de los partidos democráticos”

Expresó después que:

“El comicio será garantizado por el ejercito de la Nación y que al pueblo corresponde cumplir con su deber”

Y continúo diciendo:

“A la democracia se podrá discutirla en algún país del mundo, pero que no puede discutirse en el nuestro y menos en Córdoba, donde ha hecho la felicidad de un pueblo. Puede ser que algún mentecato intente alterar la corrección del comicio del 24 del corriente sin saber que el ejército inmediatamente sabrá decirle un merecido correctivo. Proclamo así que estas no son horas de dudas sino que son horas para concurrir al comicio para hacer triunfar a hombres que sabrán gobernar con la ley. A hombres de la Unión Cívica Radical, comité nacional, que no supieron conquistar al pueblo con aguinaldos, ni prebendas para quitarles su voto a la manera de los regimenes totalitarios de Portugal, Italia y Alemania, que hicieron lo mismo para después hundir a sus pueblos en la desgracia. Olvidan que vosotros pertenecéis a un pueblo que quiere vivir en una democracia integral, libre de privilegios.

Por ultimo dijo que:

“La formula Tamborini y Mosca está triunfante en todo el país y aquí también lo está con la formula Medina Allende-Irós en el orden provincial”.













Fuente: Diario “La Tribuna de Bell Ville” del 13 de febrero de 1946, aporte de German Bicego.
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Antonio Sobral: "¿Que es la Intransigencia?" Fragmento (31 de diciembre de 1945)

La realidad sombría, dolorosa, lacerante y dramática, que nos ha pintado el Dr. Santander, obliga a los radicales a recuperarnos en nuestra tradición y en nuestro sentir radical, en todo lo que tiene de generoso y auténtico, para que busquemos de salvar ese trance y dar la solución que el país anhela.

Esa realidad es acaso la suma de factores causales generados desde el 4 de junio hasta el día de la fecha. Bien lo dijo el Dr. Santander: sus causas son más remotas, sus raíces son más lejanas, pero yo pregunto: ¿desde dónde comienzan esas causas y esas raíces? Desde la dolorosa frustración del radicalismo, cuando fue desalojado del poder el 6 de septiembre de 1930. […] Por esa misma razón […] no podemos estar con las fuerzas culpables y responsables de la frustración radical de 1930, porque significaría estar con quienes se han colocado a servicio de todos los intereses económicos de la oligarquía, que son intereses, extranjerizantes por cuanto interpretan el capital internacional en todas sus más crudas manifestaciones imperialistas, que desde el advenimiento del radicalismo han buscado perturbar y desorientar la vida argentina para impedir su realización y, sobre todo, para despojar a esa fuerza popular de la tenencia del gobierno.

[…] Nosotros, aunque nos vinieran a hablar de este instante amargo y doloroso no les podríamos decir: es cierto vamos todos juntos a luchar contra el enemigo común, porque les tenemos que decir: el enemigo común, a la vista, es aquél, pero Uds. también pueden ser los enemigos invisibles de los cuales tenemos que cuidarnos







Fuente: Antonio Sobral, ¿Qué es la Intransigencia? Discurso del Delegado por Córdoba ante la Honorable Convención Nacional, s.e., Buenos Aires, 1946

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miércoles, 22 de abril de 2015

Oscar Torres Avalos: "El enano Intransigente que llevo adentro"

Hace mucho, algunos de Vds. no habían nacido o acaso no tenían noticias de estas cuestiones cuando tres hombres jóvenes suscribían una declaración critica a la conducción radical de aquellos días, denominado "MANIFIESTO INTRANSIGENTE". Corrían los primeros meses del primer gobierno peronista, de Eva Perón apenas se conocía su pasado de artista de roles secundarios y de Perón sólo su sonrisa provocadora de simpatías y antipatías, y de su actuación oficial de militar de contornos fascistoides; en estos tanteo ya aparecían las primeras señales de autoritarismo y culto a la personalidad. Esos tres hombres provenían de las luchas internas del radicalismo en tiempos del alvearismo y se llamaban Crisólogo Larralde, Arturo Frondizi y Antonio Sobral identificados con el movimiento intransigente como contrapartida al sector "unionista", partidario de la Unión Democrática, una alianza electoral de centro-izquierda con los Partidos Socialista, Demócrata Progresista y Comunista, que enfrentó al candidato de la dictadura militar de entonces aliada a la extrema derecha. La intransigencia se oponía a esa alianza levantando la fórmula Sabattini-Guemes vencida internamente por Tamborini-Mosca la que finalmente por apenas 200 mil votos fue derrotada por el binomio oficialista Perón-Quijano. Aquel documento precisaba que pese a las hondas disidencias de la intransigencia (que aseguraba ser continuadora del yrigoyenismo) respecto de una conducción vacilante no se apartarían de la UCR y su oposición a un gobierno que comenzaba a exhibir fuertes sesgos autoritarios, demagógicos y conservadores con modalidad populista, al tiempo que subrayaba, que la UCR no podía caer en el simplismo de ser recolectora de votos opositores en tanto que el radicalismo "no ha sido ni será un simple partido de oposición" por su dimensión histórico-política y su profunda proyección transformadora.

Entre aquella época y la actual hay marcadas diferencias, no obstante hay puntos en común, entre otros, la necesidad de preservar la personalidad de la UCR, no sólo como partido electoral sino principalmente como último bastión en la defensa de la República y la democracia. Como ayer y como siempre el rol de la UCR no puede reducirse a ser colectora de votos opositores y ahí terminó todo. No se trata sólo de ganar una elección a cualquier costa como se da en los perfiles hedonistas de la mera política electoral. La UCR no empieza ni termina en una elección buena o mala.

Queremos el poder, no quererlo sería autoningunearnos. Asimismo, negar afinidades con otras fuerzas sería caer en sectarismos. Pero por sentido principista legado por nuestros padres rectores como por un sentido practico e instinto de preservación, la UCR debe saberse dueña de un inmenso yacimiento cívico que espera de ella, pese a su crisis actual inherente a la crisis de los partidos políticos de nuestro tiempo.
Perder nuestra personalidad es extraviarnos, es subastar una historia de luchas y anhelos. Una banca más o menos no hace a la UCR, un contubernio, si.

La UCR es una corriente histórica emancipadora del pueblo argentino. Lo fue en 1890 con Alem en el Parque de Artillería, lo fue en 1916 con Yrigoyen presidente, lo ratificó en 1922 con Alvear o en 1931 con Pueyrredón derrotando al fraude en aquellas elecciones heroicas de la Pcia. de Buenos Aires o en 1936 con Sabattini en la Córdoba corajuda de Plaza Mercedes, en 1946 con Tamborini frente al militarismo dictatorial, en 1951 con Balbín y Frondizi en la resistencia a la dictadura de entonces, 1958 con Frondizi en medio del polémico proyecto desarrollista, en 1963 con Illia y su gobierno decente y progresista, en 1973 con Balbín y el diálogo de conciliación nacional y en 1983 con Alfonsín y la recuperación definitiva de la democracia y la República perdidas. Tuvo su renacer en el fallido intento de buena fe de Fernando de Rúa. Lo fue en 2003 con un Moreau de pié frente a la catástrofe y en 2011 con Ricardo Alfonsín en la vía de la recuperación. Lo es hoy con los bloques de senadores y diputados radicales en la lucha contra el autoritarismo, la corrupción y la injusticia que como en el 46 sigue teniendo como protagonista central al peronismo aunque con otra sociedad y otros nombres pero con las mismas mañas, las mismas fatuidades, los mismos absurdos. El peronismo nunca entendió que poder sin autoridad es como tener el bote en un río seco, inhalando sus propias mentiras hasta llegar el delirio del "vamos por todo".

Estamos de cara al futuro, recogiendo experiencias del pasado, dejando a un lado las nostalgias bobas; recordar de días idos no nos pueden detener en nuestra carrera a hacia un porvenir de superación que alimenta a las nuevas generaciones con legitimas esperanzas de un país más justo, concibiendo una democracia republicana de mejor calidad, con igualdad social, con pleno ejercicio de su soberanía, con una economía desarrollada donde mercado y Estado cumplan sus roles equilibradamente. Capitalismo y distribución justa de la riqueza no son incompatibles como creen el liberismo y el estatismo burocrático. La democracia social es el camino, otrora definida por Miguel Angel Zavala Ortíz y desarrollada por Raúl Alfonsín.

El país necesita una política de reconciliación y para ello resulta básico recuperar el diálogo para el consenso, saber que el opositor no es un enemigo, que la diferencia de puntos de vista no constituyen un conflicto irremediable, que la puja distributiva no es necesariamente lucha de clases, que una política exterior independiente no es aislacionismo, que la solidaridad latinoamericana no es hostilidad contra nadie sino presencia y respeto para con nuestros pueblos.

El país necesita una fuerza que lo haya asistido leal y permanentemente a lo largo de su historia en su lucha por la República, las libertades democráticas y la generación y justa distribución de sus riquezas. Esa fuerza es el radicalismo existente aun antes que existiera la Unión Cívica Radical.

Esa fuerza se construyó sobre bases de intransigencia principista, es decir con bases éticas por cuanto sin ética no hay política ya que política y ética son dos caras de una misma moneda.

La UCR ha cometido errores como gobierno y como oposición; sus errores se dieron cuando se apartó de su intransigencia principista, sus aciertos cuando enarboló y efectivizó sus ideales nacionales y éticos, cuando rezó el Preámbulo de la Constitución, cuando levantó la consigna "somos la vida", cuando señaló como derrotero de dignidad que con la democracia se come, se cura, se educa.

Esa es la UCR consubstanciada con el futuro de la República y la democracia, del desarrollo económico social, tecnológico y científico, de un país consciente de su responsabilidad internacional. Este país vale la pena, es el país que le dió al mundo el talento de premios nobel, de enormes intelectuales de la talla de Borges, Sábato, Cortazar, Victoria Ocampo, Mujica Lainez; artistas de valía internacional como Victorica, Pettoruti, Splimbergo, Piazzola, Ginastera; grandes deportistas. Este país es el que le dio al mundo una lección de moral y justicia enjuiciando a las Juntas Militares de la dictadura, y por fin dio a la humanidad una de sus más altas dignidades: el Papa Francisco. Este país vale la pena. Este es el país anhela la UCR, no para la parcialidad de un partido sino para todo un pueblo que ambiciona para su futuro una democracia sin atavismos paternalistas y deformaciones populistas.

La UCR tiene capacidades sobradas para enfrentar las tareas que vienen. Su gente está lista para gobernar y reparar un país con baja calidad institucional y una economía castigada por la ineptitud y la corrupción.

Vale la pena rescatar a la UCR, vale la pena recuperar la República Argentina.
Abrazos.

¡¡¡¡ Vienen nuevos tiempos: radicales a las cosas!!!!





Fuente: "El enano Intransigente que llevo adentro" por Oscar Torres Avalos ex embajador argentino durante la Presidencia del Dr. Fernando de la Rúa.
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martes, 21 de abril de 2015

Arturo Illia: "Duelo por el fallecimiento de Alfredo L. Palacios" (20 de abril de 1965)

Ministerio del Interior

DUELO NACIONAL
Declárase hasta que finalicen las honras fúnebres dispuestas con motivo del fallecimiento del Dr. Alfredo L. Palacios.

DECRETO N° 2921 — Bs. As. 20/04/1965.

Habiendo fallecido en la fecha el señor Diputado Nacional doctor Alfredo L. Palacios, y

CONSIDERANDO:

Que su figura adentrada hondamente en el quehacer argentino durante más de medio siglo es representativa de las mejores tradiciones de la República a la que sirvió con lealtad insobornable; Que por encima de su clara militancia partidaria su obra trasciende el ámbito del país e interpreta, con sensibilidad, con talento, con un grande amor las necesidades de su pueblo; Que como legislador, como escritor, como político, como Embajador, siente en profundidad la causa del hombre americano, de su felicidad y de su drama, y aporta a la gran lucha un esfuerzo permanente, generoso' y continuado: Que como maestro sus lecciones son un vivo diálogo con la historia por la grandeza que trasuntan y el ejemplo que significa para las jóvenes generaciones argentinas; Que no desertó jamás, en su larga trayectoria, del puesto de vanguardia y de peligro que reclamaba su coraje civil;

El Presidente de la Nación Argentina
Decreta:

Art. l — Declárase Duelo Nacional hasta que finalicen los honras fúnebres. dispuestas, con motivo del fallecimiento del doctor Alfredo L. Palacios.

Art. 2 — La Bandera Nacional permanecerá izada a media asta durante cuatro días, en señal de duelo, en los establecimientos públicos y en unidades del Ejército, Marina y Aeronáutica.

Art. 3 — Por el Ministerio de Defensa Nacional se adoptarán las medidas necesarias para que sean tributados los honores militares correspondientes.

Art. 4 — El Ministro del Interior representará al Poder Ejecutivo Nacional y hará uso de la palabra en el acto del sepelio de los restos.

Art. 5 — Por el Ministerio del Interior se dispondrá lo necesario a fin d:¡ que se envíe una corona de flores en el acto del sepelio y, asimismo, se exprese a la familia del extinta las condolencias del Gobierno Nacional.

Art. 6 — El Ministro del Interior Invitará a los señores Gobernadores de Provincias a que adopten las medidas que correspondan p a r a asociarse al duelo.

Art. 7 — Por el Ministerio de Educación y Justicia dispónganse medidas que a la par de patentizar la adhesión que se decreta, pongan de relieve el valor de su vida como maestro creador en el ámbito de la educación.
Art. 8 — El presente decreto será refrendado por los señores Ministros Secretarios en los Departamentos del Interior, de Defensa Nacional y de Educación y Justicia.

Art. 9 — Comuníquese, publíquese, dese a la Dirección General del Boletín
Oficial e Imprentas y archívese.

ILLIA. — Leopoldo Suárez, — Carlos R. S. Alconada Aramburú.

— Juan S. Palmero.










Fuente: Boletin Oficial de la República Argentina

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domingo, 19 de abril de 2015

Grupo Alem: "Por que y cómo propiciamos Frondizi Presidente" (24 de octubre de 1956)

"Por que y cómo propiciamos Frondizi para la Presidencia de la Nación"


En la UCR hay muchos hombres que han aportado a la Nación sus luchas en defensa de las libertades públicas, la austeridad republicana de sus conductas y una permanente preocupación por la solución de los problemas nacionales.

Arturo Frondizi ha trabajado en el seno del Radicalismo por estas cosas enaltecedoras y constructivas, no dejándose seducir por el halago de los éxitos fáciles, ni ofuscar por los agravios de los adversarios tenaces. Ha evidenciado entonces, la aptitud humana necesaria para conducir una obra de Gobierno al servicio del país todo y no de grupos o sectores, partidarios o extrapartidarias.

Pero no se trata solamente de propiciar su nombre para tan alto cargo, en base a la consideración de sus cualidades personales. Si tuviéramos en cuenta únicamente estos factores, otros hombres del Radicalismo estarían en su misma situación por su foja de servicios partidarios. Lo que ocurre es que Frondizi, por una serie de circunstancias históricas, se ha convertido en la expresión de un movimiento y una posición de honda gravitación en la realidad actual que vive la Republica.

Bajo su dirección, la UCR volvió a ser un movimiento nacional, que plantea, como en las jornadas originarias de la agrupación, sin exclusiones, de ninguna naturaleza, la Reparación Fundamental de la Republica, agredida a partir de 1930, en sus instituciones, en su cultura y en su economía por el fraude, la dictadura y el imperialismo.

Además la guía doctrinaria de Frondizi colocó al Radicalismo en una posición que sin prejuicios ni preconceptos, aprehende la vigorosa realidad del país, y se esfuerza en desarrollarla hacia el futuro, sin torcer su idiosincrasia, procurando mejorar las condiciones de vida del pueblo, y acentuar su gravitación en la comunidad internacional.

La mención de Frondizi, en la denominación del organismo que integramos, tiene entonces el significado de una adhesión al movimiento y a la posición radical que el contribuye a definir. No importa una negación de la personalidad de otros políticos que dentro de la UCR o fuera de ella pueden ser propiciados para el mismo cargo.

Al hace esta aclaración, entendemos pronunciarnos también por procedimientos democráticos, tendientes a elevar los planteos preelectorales a un plano de impersonalidad, propicio a una cordial convivencia ciudadana. Si conseguimos hacer posible, aunque fracasemos en el logro del objetivo enunciado en el epígrafe, habremos cumplido una gran parte de nuestro programa.


ALEM
MOVILIZACION POPULAR POR FRONDIZI PRESIDENTE
Comité Promotor


Av. L. N. Alem 538, Bs. As.









Fuente: Folleto de Alem, Movilización Popular por Frondizi Presidente "Por que y cómo propiciamos Frondizi para la Presidencia de la Nación, 24 de octubre de 1956



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José Luis Romero: "Carta a Ricardo Balbín" Fragmento (20 de marzo de 1976)

Usted nos ha dado una gran lección de alta política; ha corrido el riesgo de no satisfacer a los que esperaban frases tajantes relacionadas con las cosas del día y se ha situado en una perspectiva del país que nos espera.

Ha desdeñado lo anecdótico y, siendo un político activo y militante, se ha sobrepuesto a las preocupaciones y a los intereses inmediatos para mirar con profundidad y grandeza muchas más allá.

En el sórdido clima que vivimos, sus palabras tonifican el ánimo y reavivan las esperanzas.


Respuesta de Ricardo Balbín

No soy un político en el sentido clásico de su definición; estimo ser, simplemente, un ciudadano con un profundo sentido humano. Hablo un lenguaje sencillo y apelo con frecuencia a los sentimientos, porque a mi juicio, ayuda a sus razonamientos y alivia su desazón.

La noche que determinó su carta, tenía a mis espaldas una decisión militar, que conocía. Debía aludir a un gobierno sin escrúpulos, que había herido gravemente las instituciones de nuestra civilización política que todos deseábamos defender y presentía la presencia de nuestro noble pueblo en estado de angustia, pesadumbre y de inseguridad en sí mismo. Olvidando conveniencias políticas y sabiendo lo despiadada que habría de ser la crítica de los politicólogos, de los que esperaban agresiones o de los que querían la lectura de un repetido catálogo de soluciones, quise servir de algún modo la esperanza de los desesperanzados y llamar a la responsabilidad de los que se iban o de los que venían. Su carta me dice que hice bien, por eso me emocionó su lectura, tan cargada de sinceridad y notables razonamientos.










Fuente: Ricardo Balbín: La voz de la libertad por Hugo Gambini para el Diario La Nación, 25 de julio de 2004.
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miércoles, 15 de abril de 2015

Oscar Alende: "La elección de Arturo Umberto Illia" (julio de 1963)

El esfuerzo y los sacrificios de muchos argentinos permitieron en 1983 un nuevo arribo a la democracia.

Obtuvo la mayoría de votos Alfonsín y asumió la presidencia como debe ser: a la Casa de Gobierno se debe entrar por la puerta y no por la ventana. Toda otra combinación o maniobra en el Colegio Electoral es, además de repugnante, violatoria de la moral y del pronunciamiento popular; sobre todo cuando en lugar de renovación pueda implicar continuidad.

Así lo resolví en mi hora, consagrando a lllia y desechando, ubicado en el segundo lugar, un atravesado manejo. El entonces presidente del comité de la provincia de la UCRI, y actual intendente de Coronel Suárez, Domingo Moccero, así lo documenta en su declaración que se transcribe:

“Conocido el resultado de las elecciones de 1963, donde radicalismo del pueblo había obtenido el 22% de los votos, nos reunimos en nuestro comando de la calle Caseros para analizar la situación.

“Indudablemente nuestra posición era la de respetar a la primera minoría; aunque era tan minima la diferencia con los otros partidos que las dirigencias de UDELPA, Socialismo y UCRI mantuvieron conversaciones sobre la actitud a tomar en la emergencia.

“Fue así que recibimos junto con el senador nacional Arana a dos representantes de UDELPA, los generales Comini y Peralta, quienes conversaron en varias oportunidades sobre la actuación a desempeñar en el Colegio Electoral.

“En la segunda conversación nos ofrecieron integrar la formula Aramburu-Alende. Allí discutimos y, en forma personal, Arana y yo hablamos del cambio de la formula por Alende-Aramburu.

“Sucedieron los contactos y la prensa nacional comenzó a presionar con títulos como:

'El radicalismo pretende gobernar con el 22% de los votos etc. etcétera'.

“En esos días, en otra entrevista se me pregunto si yo tenia mucho interés en la vicegobernación bonaerense (yo era candidato junto a Juan Carlos Manes como gobernador).

“Les dije que no y entonces me respondieron:

'Bueno, todo listo: vicegobernador se lo ofrecemos a Bronzini y nos sobran seis votos en el Colegio Electoral'.

“Les prometí una contestación definitiva para el dia siguiente y resolvi transmitirle todas estas negociaciones (que tanto Arana como yo las efectuamos a titulo personal) al doctor Oscar Alende.

Escucho atentamente y me respondió:

'No acepto ni aunque tuviera 150 electores de mas. No acepto porque iría atado a los mas espurios intereses y además porque no quiero quebrar mi conducta de toda una vida, en el respeto a la voluntad popular'.

“Yo le respondí que con el poder de la presidencia de la Republica no había intereses que no pudiéramos vencer, pero ese gran argentino siguió en su negativa y esa respuesta tuve que comunicarla a los representantes que volvieron para la contestación”









Fuente: "El pais que nos dejan" de Oscar Eduardo Alende, Editorial Planeta 1989.

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lunes, 13 de abril de 2015

Alejandro Gomez: "Significación de Lebensohn en el Radicalismo" (1993)

Moisés Lebensohn fue el inspirador y redactor de la Carta de Avellaneda. El venia predicando reformas funda- mentales a la sociedad argentina y, deseaba que el radicalismo no fuese un simple equipo listo para turnos de gobierno, dejando luego todo mas o menos como estaba.

Fue tachado desde su inicio de infiltrado en las filas de aquel radicalismo de "las personalidades" diferenciadas de los hombres del viejo "Régimen" por la defensa de lo que ellos llamaban la Constitución y del uso de las palabras mas altisonantes y comprometidas

Lebensohn los enfrento refugiándose en el pensamiento del gran incomprendido que fue Hipólito Yrigoyen. No tuvo temor de decir que la Constitución Nacional, resultado de cincuenta años de lucha, fue usada por un sistema social y político depredatorio, el que llamo como Yrigoyen, "El Régimen". Se cobijo también en el sentido humanístico e incorruptible del Padre de la Patria. Vivió en la pobreza y en el sacrificio de Alem y marco los rumbos de la mejor interpretación yrigoyenista en las Bases de Acción Política que finalmente aprobara la Convención Nacional del Partido en 1948. Aquel joven del Congreso de Chivilcoy de 1940 había trasladado así sus ideas a la mas alta cátedra de su Partido.

Siempre incitaba a la acción y creía encontrar en cada hombre del pueblo un hermano de la causa por la que luchaba.

En la hora de la tragedia cuando aun se percibe el olor del humo del Comité devastado por la barbarie, afirma como Presidente de la Convención Nacional de su Partido, que la condición de argentino lo obliga a luchar por los ideales de libertad e igualdad que dieron nacimiento a nuestra Patria.

No odia y hasta dirige un llamado a la reflexión al hombre que ejerce el poder en la Republica, porque desea que la familia nacional cumpla con el destino que le ha marcado la historia de servir a la humanidad en la construcción de un mundo sin la materialidad de la sociedad del lucro, o la de aquella de la igualdad al precio de la libertad.





Fuente: Prólogo del libro "La significación de Lebensohn en el Radicalismo" del Dr. Alejandro Florencio Gómez, Buenos Aires: CEAL, 1993.



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sábado, 11 de abril de 2015

Leopoldo Moreau: "Las Protestas de la Juventud Radical" (9 de abril de 1973)

Delgado, movedizo, Leopoldo Moreau (foto; 25, estudiante de Abogacía, milita en el radicalismo desde los 12 años) es posiblemente, la voz mas representativa de la Juventud Radical. Para conocer la opinión de ese sector —considerado el ala izquierda del alfonsinismo—, la semana pasada Siete Días dialogó con Moreau.

¿Que hubiera ocurrido si Alfonsín hubiese sido candidato?

La polarización de fuerzas en Argentina hubiese tenido otras características. Si el radicalismo hubiera adoptado claramente un programa de liberación nacional y hubiera vinculado su actividad a la denuncia de la dependencia en Argentina, es evidente que muchas fuerzas progresistas se hubieran nucleado alrededor de este partido tradicional

¿Cual es la responsabilidad de Balbín en la derrota electoral?

Entendemos que el resultado obtenido por el radicalismo el 11 de marzo es la culminación de una serie de desaciertos de la conducción circunstancial de la UCR que nosotros venimos señalando desde 1967, cuando constituimos la Juventud Radical.

¿Cuales son esos desaciertos?

—Entre otras cosas, la falta de capacidad de insertar orgánicamente al radicalismo en las luchas populares. La conducción radical no vivenció el cordobazo ni el rosariazo y, por ende, fue incapaz de comprender e interpretar la realidad y forma de expresarse de las masas en Argentina desde 1966.

—Respecto de Mor Roig...

La inclusión de Mor Roig en el Ministerio de Interior forma parte de una estrategia que, si bien no es declarada por la conducción partidaria, constituye la columna vertebral de su política. Esa política de la dirección radical se expreso en la campaña electoral con el slogan de la pacificación. Porque es necesaria la pacificación con los sectores populares, pero es inadmisible con la reacción ni con el régimen militar. El 11 de marzo demostró que nuestro pueblo no quería paz con el gobierno. Por lo demás, el episodio Mor Roig integra un proceso de crisis de autenticidad en el radicalismo; y eso porque la dirección partidaria traslada como verdades absolutas determinadas afirmaciones que son mentiras.

¿Por ejemplo?

Según ellos Balbín habría sido el artífice de la unidad partidaria durante los últimos años. Para nosotros, la unidad no la mantuvo Balbín, sino los grupos militantes del partido que lucharon junto al pueblo. Otra "verdad absoluta" que deforma la realidad es la de considerar que Balbín y Mor Roig son los artífices de la institucionalización. Nosotros afirmamos que las elecciones las lograron las masas que en las calles quemaron las distintas etapas de la Revolución Argentina. Estos dos ejemplos demuestran que la conducción del radicalismo busca la conciliación con sectores cuyos intereses están absolutamente contrapuestos a los intereses de los sectores populares.

¿Postulan a Alfonsín para pilotear el Comité Nacional?

Desde 1967 bregamos por una reorganización que implica la renuncia de las autoridades, desde el Comité Nacional hasta el último comité de distrito. Lo fundamental no es cambiar un hombre por otro, sino una concepción política por otra, que brote del debate de los afiliados. Postulamos en lo inmediato liberarnos de la dependencia, para luego arribar al socialismo, eliminando la propiedad privada de los medios de producción.

¿Que posición adoptaran frente al peronismo?

Trabajemos juntos para la liberación nacional. Pero seguiremos denunciando a los sectores que, enquistados en las mayorías populares que pretenden desviarlas de su objetivo. Coincidimos con la Juventud Peronista en caracterizar al frondo-frigerismo y a los grupos clericales como enemigos del pueblo. Solo con las movilizaciones populares garantizaremos el cumplimiento del progreso de liberación nacional.














Fuente: Leopoldo Moreau: "Las Protestas de la Juventud Radical" (9 de abril de 1973); Revista Siete Días Ilustrados. Aporte de Mágicas Ruinas.

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jueves, 9 de abril de 2015

Bernardo de Irigoyen: "La figura de Alem" (5 de julio de 1896)

Las cenizas de los hombres que, como el doctor Alem, personificaron ese conjunto de virtudes cívicas y privadas, que dignifican la vida, arrojan luces que alumbran el desenvolvimiento libre de los pueblos. La acción del tiempo, lejos de extinguirlas las conforta, para que sirvan de estímulo y de ejemplo a las generaciones que se suceden en el orden de la humanidad. No estoy llamado a pronunciar el elogio fúnebre del doctor Leandro N. Alem. Están designados los ciudadanos que deben perfilar en este acto los contornos de esa figura acentuada que representó en épocas recientes las manifestaciones y los anhelos de la opinión nacional.

Algunos de esos oradores dibujarán probablemente los primeros esfuerzos de aquel joven, que destituído de influencias y de favores, se incorporó airosamente al movimiento literario y científico del país. Aquel acto fué ya la profecía de su figuración política. Ocupó pronto un puesto prominente, entre Gallo, Del Valle, Goyena, López y otros igualmente esclarecidos, y tuvo poderosa influencia en los acuerdos y trabajos políticos de aquella agrupación, brillante por el talento de sus hombres, los que parecen destinados a ausentarse prematuramente del escenario de la vida.

Otros escribirán los variados accidentes de la existencia de Alem y referirán la espontaneidad con que, cuando la dignidad de la patria pareció en peligro, abandonó las reflexivas tareas del foro, para defender valientemente en los campos de batalla la integridad y el nombre de la Nación. y después de haber formado dignamente algunos años en las filas del ejército nacional, tornó a esta capital, para actuar con ardimiento en nuestras contiendas internas, conquistando ya en aquellas luchas el prestigio de que ha vivido acompañado, fuera próspera o adversa la situación en que lo colocaron los acontecimientos. Más tarde, debate con notabilísima ilustración en los parlamentos de la Provincia y de la Nación las altas y ruidosas cuestiones administrativas y constitucionales, que apasionaron en aquellos días el sentimiento nacional, y se aleja después de la escena pública sin reparar si son muchos o pocos los que lo acompañan, porque la soledad nunca abatió su espíritu ni debilitó sus patrióticos ideales.

Y no faltará alguno que al trazar esos rasgos biográficos, recuerde aquellos días críticos, en los que, aproximados los partidos tradicionales de la República, interrumpieron el espontáneo retraimiento de Alem, designándolo para presidir el levantamiento popular de julio, en favor de las libertades constitucionales del país. El aceptó sin vacilaciones la confianza que se le discerniera: tomó el puesto que le señalaran sus convicciones, el voto de sus amigos y de sus adversarios, y permaneció desde entonces fiel al espíritu, al lenguaje y al programa de aquella revolución, esencialmente nacional por los levantados designios que la decidieron.

Pero la revolución no fué como se ha dicho, una pasión de su alma ardiente, ni una veleidad genial. El creía sinceramente que las ideas que ha seguido sosteniendo formaban parte del plan sancionado por el sentimiento y por las necesidades constitucionales de la República y aceptado deliberadamente en 1890 por la Unión Cívica en el acto fundamental de su convocatoria.

La verdad, el desinterés, la pureza de propósitos, el amor a las instituciones que garantizan el destino de las naciones, la integridad política en la más alta acepción de la palabra; estas fueron las cualidades que constituyeron su ascendiente y su poder. Vivió desde sus primeros años identificado con el pueblo, que lo miraba como verdadero representante de sus aspiraciones y de sus derechos.

Nada podía ofrecer a los que lo acompañaban en las largas y espinosas luchas que dirigiera; y sin embargo, grandes colectividades en la capital y en la República los siguieron; con incontrastable abnegación, y desde el infausto momento de su muerte, el pueblo permaneció agrupado en torno de sus restos, como pidiendo todavía inspiraciones a su probado patriotismo o esperando órdenes de la autoridad moral que invistiera en toda la República, fundada en el título de sus acrisolados servicios, de la incorruptibilidad de su carácter y del poder atrayente de sus generosos ideales.

Leandro Alem baja a la tumba envuelto en su tradicional austeridad. Rodéanlo, sin embargo, los honores y demostraciones que el país unánimemente le acuerda, y este hecho enseñará a nuestra posteridad que los grandes caracteres se imponen al respeto de los pueblos y que la pobreza de un ciudadano ilustre reviste en ciertas situaciones el esplendor de la grandeza, que la historia se encarga de perpetuar. Saludemos con amor y recogimiento los despojos mortales de este amigo esclarecido y que su memoria se grabe en el espíritu y en los buenos recuerdos de la patria.








Fuente: Bernardo de Irigoyen: "La figura de Alem" (5 de julio de 1896) publicado en el Diario La Prensa.

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miércoles, 8 de abril de 2015

Juan Ovidio Zavala: "Desarrollo y Racionalización (1963)

Sin un Estado Nacional fuerte, ágil, racional y barato, resulta imposible acelerar el desarrollo. De esta premisa parte Juan Ovidio Zavala para relatar la experiencia de su paso por el gobierno de Frondizi, con el que colaboro desde las funciones de Secretario Técnico de la Presidencia y Secretario de Transportes.

Los grandes objetivos del desarrollo —agrega— requerían adecuada infraestructura (caminos, ferrocarriles, aeródromos, comunicaciones en general). Sin ellos no era posible romper los departamentos estancos de las viejas oligarquías regionales que, asentadas en un agro atrasado, impedían la constitución de un mercado nacional único y facilitaban la supervivencia de la estructura agro-importadora. Al mismo tiempo, había que enfrentar el obstáculo constituido por una burocracia, excedente en más de un cincuenta por ciento, que no solo genera el déficit crónico de nuestro presupuesto, sino que, por la complicada madeja de sus grandes y mezquinos intereses, así como por inercia., hace difícil cualquier tarea de gobierno.

El tema de la racionalización administrativa se liga naturalmente al de la liquidación del déficit de las empresas estatales. De ahí que su autor dedique buena parte de su exposición a analizar la "batalla del riel", así como sus entretelones.
Aborda el tema del llamado "gobierno paralelo", expresando que " paralelismo" es un termino inventado por el dispositivo de guerra psicológica de la reacción. Se le dio la misma connotación peyorativa que tuvo, en su tiempo, la denominación de "descamisado" para caracterizar al hombre de pueblo que apoyaba al peronismo.
El paralelismo" expresaba la sustancial unidad conceptual de Frigerio con Frondizi, empeñado en transformar una economía agroimportadora en economía completa; en romper el cerco de los 300 kilómetros en torno a Buenos Aires, promoviendo el país total; en acabar con los enfrentamientos estériles y crear las condiciones de una constructiva y fecunda unión argentina; en resolver en una síntesis de progreso común los antagonismos entre los sectores sociales; en construir, en suma, una Nación moderna y autodeterminada, capaz de asegurar la felicidad y el bienestar de su pueblo.






Fuente: "Desarrollo y Racionalizacion" de Juan Ovidio Zavala, Editorial Arayú 1963.



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lunes, 6 de abril de 2015

Félix Luna: Alvear "El Radical negado" (29 de marzo de 1992)

"Vinculado a Alem e Yrigoyen desde su juventud, y propulsor, más tarde, de la corriente antipersonalista de la UCR, Alvear deparó al país un memorable periodo de bonanza desde la presidencia de la Republica y mostró en los ultimos diez años de su vida temple de autentico conductor de su partido, por el cual sufrió persecución y cárcel"    


A cincuenta años de su desaparición, Marcelo T. de Alvear sigue siendo una figura negada por sus propios correligionarios. Su nombre esta asociado en la memoria colectiva de los argentinos a una gestión presidencial que tutelo el periodo de mayor respeto institucional y mas efectiva prosperidad de este siglo. Su lucha contra el fraude electoral merece respeto y admiración. Su claro apoyo a la democracia durante la Segunda Guerra Mundial constituyo un compromiso indeclinable y un enérgico pronunciamiento frente a las expresiones pro fascistas que habían aparecido en el país.

Todo esto lo hizo Alvear como dirigente de la Unión Cívica Radical, la causa que abrazó desde joven y a la que fue fiel toda su vida. Sin embargo, es difícil ver un retrato de Alvear en los comités del radicalismo, raramente se lo menciona allí y su hegemonía partidaria es evocada como una execración vergonzante dentro de la línea histórica del partido fundado por Alem.

Los motivos del olvido
Este olvido tiene sus motivos. Sucede que los núcleos que tomaron el comando partidario de la UCR después de 1946 lo hicieron bajo una bandera que exaltaba valores, consignas y creencias extraídas de la tradición yrigoyenista. Además, la dura lucha interna que se libró contra la dirección de la UCR a partir de la derrota electoral de 1946 debía enfrentar a dirigentes que, en general, habían compartido la conducción de Alvear: ‘alvearistas’ o ‘Unionistas’ eran aquellos a quienes el Movimiento de Intransigencia y Renovación debía destruir para ocupar las claves de los cargos partidarios.'

La lucha interna desarrollada entre 1946 y 1950 constituye un modelo de renovación de un partido que de un momento a otro tiene que enfrentar la amarga evidencia de haber perdido la virtud mayoritaria y necesita cambiar sus formas y contenidos para aspirar a captar nuevamente la voluntad del electorado.

El núcleo que lideraban Balbín, Lebehnson, Frondizi y otros, usó una dialéctica que satanizaba al alvearismo y sus epígonos; al triunfar, esta dialéctica quedó tan consagrada en el discurso partidario como la Declaración de Avellaneda. Así, Alvear quedó condenado inapelablemente.

Balbín había sido el ‘pico de oro’ de las campañas electorales de Alvear, y Frondizi fue en algún momento el regalón, el mimado de don Marcelo; ambos admiraban secretamente su coraje, su sentido de la conducción, su patriotismo. Pero las exigencias de la lucha por el poder interno llevó a estos y otros dirigentes a expedir el recuerdo de Alvear al oscuro territorio de la amnesia política. Después de todo, el olvido no es la peor de las miserias que forman parte de los usos partidarios, aquí y en cualquier parte del mundo…

Yo mismo, en mi lejana juventud radical, fui cómplice de esta desmemoria; en parte la salvé escribiendo una biografía de Alvear en la que criticaba sus posiciones políticas, pero valorizaba la simpatía de su figura, su integridad y la sinceridad de su lucha. Pero los radicales, que han vivido tantos avatares, no han indultado a Alvear. Y de este modo su propio partido se priva de aprovechar la significación de esta personalidad, que al lado de muchos errores supo agregar valores positivos a la centenaria trayectoria de esta fuerza tan pluralista en el plano de la convivencia cívica, pero tan obstinada en el mantenimiento de la excomunión que afecta a uno de sus grandes próceres.
No se ha entendido que Alvear expresó una manera de ser radical: desde luego, no la que prevaleció durante casi cinco décadas, no la que asumieron Balbín o Alfonsín, pero de todas maneras respetable, rescatable.

Hacer creíble un partido
Para el análisis político, el Alvear que interesa no es el que se forma al lado de Alem o el que sigue lealmente a Yrigoyen: menos aún al de los esplendores de la belle époque, ni siquiera el prudente y legalista administrador de 1922/28. El que interesa es el que regresa a la Argentina en 1931 y se pone al frente del radicalismo, un partido desalojado del gobierno, golpeado por fuera y dividido por dentro; esa enorme masa desorientada y dolida que soñaba voltear al poder de facto de Uriburu y al gobierno fraudulento de Justo, a la que habían robado la limpia victoria del 5 de abril de 1931 y vetado los candidatos que proclamara en noviembre del mismo año.

Helo aquí, este don Marcelo. Tiene 63 años, es todavía muy rico, ha residido casi la mayor parte de su vida en Europa, es un bon vivant amante de la música y las artes, respetado por todos, con un apellido ilustre y una personalidad imponente. Podía haberse contentado con los plácidos lustros propios de un ex presidente alejado de las turbulencias de su patria. Pero Alvear asume deliberadamente un destino rudo y trajinado, que difícilmente desembocará en jornadas de gloria; elige una pelea que le traerá exilio, confinamientos, manoseos, agotadoras negociaciones por temas triviales, desengaños, pobreza. Pero si afronta estos riesgos es porque la dominación de los conservadores lleva como valor inevitable la reiteración indefinida del fraude electoral, y esto significa la degradación de la República y puede concluir en fascismo.

Entonces, hay que enfrentar el fraude, para lo cual, lo primero es poner al radicalismo en condiciones de ser gobierno.

Y así acepta don Marcelo un desafío casi quijotesco. Llenará los últimos diez años de su vida. Lleva adelante su lucha según criterios que pueden no compartirse, pero que sin duda tienen mucha lógica.
Vuelca en esta acción la experiencia de un hombre que conoce los entresijos de la política europea y americana que es escéptico, que prefiere las realidades a las utopías, que conoce a la gente (en primer lugar, a sus correligionarios) y no cree mucho en ella, pero tiene la convicción de que el tiempo y el ejercicio honrado de la democracia habrán de mejorar nuestras costumbres, nuestra leyes, nuestra civilización política.
No se maneja con abstracciones ni con ideales vagos: a le importa limpiar la política para que las instituciones funcionen lo mejor posible.

Las líneas de Alvear
A su juicio, la prioridad es forjar a la UCR como un instrumento de gobierno. Para ello adopta varias li- neas de acción, que son -reitero- las que pueden objetarse, pero están articuladas por una gran coherencia, animada por el deseo de devolver a la UCR la credibilidad que había perdido en la catástrofe de 1930.

La UCR permanecía en la abstención desde 1931: no participaba en elecciones y la idea de una revolución vengadora daba fuerzas a sus huestes para obstinarse en la retracción comicial. Alvear advertía, en cambio- que la abstención implicaba un callejón sin salida: no habría revolución porque el Ejército no deseaba derrocar a uno de los suyos como era Justo.
Las patriadas heroicas de algunos radicales habían sido fácilmente enfocadas y justificaban mayores dosis de represión. Alvear era legalista: sabía que la esencia de los partidos es competir pacíficamente por el poder.

A principios de 1935, Alvear induce a la Convención Nacional a levantar la abstención, ante la indignación de los que permanecían fieles a la tradición yrigoyenista. En adelante, la UCR se presentara a comicios y alcanzara a ganar algunas provincias. Pero, además, su presencia obligara a Justo a extremar los recursos del fraude y la violencia, definiendo así con claridad los términos de un enfrentamiento donde se jugaba la suerte de la democracia.

Levantar la abstención pudo ser un error; mantenerla hubiera sido una larga agonía de disgregación y un flaco favor al país. Presentarse a elecciones, sabiendo que Justo no ofrecería garantía alguna de limpieza electoral, fue una audacia y se necesito un gran coraje cívico para romper la actitud que históricamente había usado el radicalismo con éxito a principios del siglo, pero que ahora ya no era viable.
Otro paso que dio fue llamar a los disidentes. Antipersonalistas e yrigoyenistas se habían peleado ferozmente en el pasado; en varias provincias existían núcleos que se decían radicales, pero eran independientes de la autoridad partidaria. Alvear realizó arduas gestiones para reconciliar enemigos, tender telones sobre viejos agravios, crear intereses comunes. Tuvo éxito en general, y así logro afrontar la elección presidencial de 1937 con un radicalismo unificado y ansioso de triunfar.

También forma parte de su estrategia la conducta que adopto frente a algunos poderes economitos que ya gravitaban en la vida argentina. Alvear era un liberal; creía poco en el Estado -aun en el pequeño y eficiente de aquella época- y prefería que la iniciativa privada dispusiera de un amplio espacio. No le asustaban las concesiones prolongadas; alguna vez dijo que otorgar servicios públicos por cincuenta o cien años le era indiferente porque los cambios de los tiempos imponían modificaciones frente a las cuales tales términos no significaban nada. Su actitud frente a la Chade o la Unión Telefónica respondía a estas convicciones y a la necesidad de probar que su partido no, estaba contra el capital; que la postura nacionalista de Yrigoyen había quedado atrás. Para él, los sobornos que mancharon la prorroga de la concesión del servicio eléctrico a la Chade eran solo anécdotas lamentables; alguna vez, cuando las acusaciones se generalizaron, dijo que las coimas eran evidencias de "enfermedades morales" y no afectaban a las instituciones. Cuando Frondizi osó reprocharle su lenidad frente a estos escándalos, le gritó:

¿Quien me va a pagar la campaña presidencial?

Con idéntica logica trato de sacar a la UCR del neutralismo heredado de Yrigoyen y colocarla, al menos oficialmente, en una postura de abierto apoyo a la causa aliada en la Segunda Guerra Mundial. Don Marcelo detestaba los totalitarismos. En las últimos años de su vida frecuentaba el Cine Porteño para ver los noticiarios de la guerra; con su conspicua calva de senador romano y el grueso bastón que solía portar, cualquiera podía verlo aplaudir como un chico cuando en la pantalla aparecían Churchill o Roosevelt.

La política posible
La de Alvear fue una de las políticas posibles do su tiempo. A su entender, la conquista del poder implicaba concesiones que no dudó en pagar. Mi convicción personal es que la suya fue una política equivocada.

Creyó que su postura fortificaba agregándole dirigentes que se habían alejado, corruptelas internas, maquina de trenzas; no entendió que los partidos son fuertes cuando tienen identidad, propuesta y fervor. Pensó que el entendimiento con los grandes actores económicos era necesario para hacer aceptable el radicalismo, sin percibir que la corrupción que estas maniobras aparejaban era devastadora para su partido y, desde luego para el país. Entro en el juego legalista, pero con ello no se resignó a aceptar las migajas minoritarias que la convertían en cómplice del mismo fraude que repudiaba. Su aliadofilia sin matices le impidió comprender que el interés nacional debe estar por encima de todo, y que la Argentina no se beneficiaba con una adscripción incondicional a uno de los bandos en pugna, por levantada que fuera su causa.

Creo, entonces, que Alvear se equivoco pero este juicio valorativo, por cierto discutible, no invalida la nobleza de su emprendimiento ni la coherencia con que lo llevó a cabo. Se propuso transformar una fuerza amorfa, derrotada y sin objetivos en un partido vigoroso capaz de regresar al gobierno con la confianza de la opinión publica. El precio que pagó fue, así lo pienso, demasiado caro.

Cuando Alvear murió, la UCR estaba desprestigiada, al punto de haber sido derrotada por el socialismo en su tradicional baluarte de la Capital Federal.

Cuestionamientos crecientes (FORJA, el revisionismo bonaerense, la intransigencia sabattinista) erosionaban la autoridad de su conducción. Era como si el radicalismo hubiera perdido su alma, y aunque todos percibían que corrían por el país aires de vísperas, esos vientos no pasaban por sus vetustos comités. Pero así y todo, Alvear recorrió con audacia la opción que eligió.

Y lo hizo en sus altos años, cuando podía haberse refugiado en la tranquilidad de su retiro. Peleó como supo -no podía ser de otra manera- y de su lucha queda como saldo su vocación de consagrarse a la defensa y el mejoramiento de la democracia argentina.

Los radicales pueden y deben discutir el modelo alvearista. Lo que no pueden es negar el recuerdo de uno de sus grandes jefes históricos, sea cual fuere el juicio que les merezca.
















Fuente: Félix Luna: Alvear "El Radical negado" La Nación (29 de marzo de 1992)


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domingo, 5 de abril de 2015

Elpidio Gonzalez: "La gestión que cumple el Gobierno" (11 de junio de 1947)

Hace ya un tiempo que mi espíritu siente la necesidad de traducir sus inquietudes frente al momento que vive la Nación. No se trata de realizar el panegírico de la actuación partidaria. Se trata de ocupar el puesto de lucha al pie de la vieja bandera para proseguir la batalla a favor de la libertad de la Republica que yace hoy, como ayer, maniatada y amordazada por quienes sintiéndose tocados de poderes providenciales han asumido una tutoría que no pueden admitir los ciudadanos que cuentan en su haber histórico con San Martín, generoso libertador de pueblos y con Belgrano, abnegado y purísimo propulsor de las fuerzas armadas de la emancipación.

El hombre ya a es esta altura un valor que debe escapar a toda estructura mecánica por su propia aptitud, no sea crea que los días que se avecinan serán propicios. La intensidad de las jornadas que se acercan será decisiva, porque también aquí en este rincón del continente americano, tan próximo, sin embargo, al corazón del mundo, no se ha decidido todavía si se ha de gobernarse de acuerdo a los postulados, cuya realidad comenzó Hipólito Yrigoyen o han de subyugarse el talento, la inteligencia y el futuro de la Nación a dictados que encuentran su origen en raíces foráneas, ya extirpadas del alma y del cerebro de otros pueblos.

Que ahora se reduce a declarar ilegales las huelgas y a repartir paquetes entre los pobres hasta esa inadmisible pretensión de convertir a 14 millones de hombres, mujeres y niños en muñecos automáticos, marchando al son de una música que no es argentina, porque recoge compases en la orquestación prusiana que acompaño la agonía de 20 millones de hombres.

La egolatría de los que gobiernan siempre conduce a horas amargas. El gobernante que no renuncia a su propio yo, para presentar al yo de la Republica, no esta identificado con el alma de su pueblo. Los aumentos de salarios son un engaño ya que no están en relación con el alza continua de los precios de los artículos de primera necesidad que cuando el periodo de inflación termine aparecerá el fantasma de la miseria.

Sin religión mi convicción personal de que sin religión falta el fundamento de la moral pública y privada, siendo deleznable todo aquello que pretenda sustituirla. La única religión autentica es la Iglesia Católica, que por el hecho de serlo es universal. Por esta razón no admito conflictos entre la Iglesia y el Estado, debiendo ambos desarrollar su acción dentro de la orbita de sus atribuciones y sin mas vínculos que los establecidos por la ley y la fe de los hombres.

Por lo que se refiere al Ejército lo considero una institución necesaria e insustituible. Es el encargado de dar eficacia y estabilidad a la justicia en el orden nacional e internacional. Además de estos títulos para merecer nuestra adhesión, el Ejército cuenta con sus tradiciones impecables y sus glorias inmarcesibles.

Pero pienso que por eso mismo debe extremar su celo, para mantener dentro de sus funciones especificas, sin extralimitarse porque si eso aconteciera seria el propio Ejercito quien debilitaría su prestigio. En estos tiempos nada debe interesarnos tanto como la defensa de nuestras instituciones.

El Radicalismo aspira a la unidad al margen de todos los extremos. El Radicalismo es nada más que el Radicalismo. Es inútil que se apropien de nuestros símbolos, tratando de arrancarlos de los altares.
Juan Manuel de Rosas trato de apoderarse de San Martín y explotarlo para su ventaja personal, pero el símbolo se escapo de entre las manos del tirano, porque nunca garras de dictador pudieron aprisionar laureles de libertad.

Hablo como argentino que no esta en la lucha para recoger los resultados de la victoria. Solo puedo aspirar a la felicidad de mis conciudadanos. No habrá paz en el país, no habrá tranquilidad en los espíritus mientras el radicalismo deba debatirse en acción revolucionaria, señalando al gobierno conculcaciones diarias y desviaciones permanentes en la aplicación de la Constitución Nacional. El Radicalismo no debe sucumbir a ningún halago. Ha ocupado su posición y no debe abandonarla hasta lograr todos sus objetivos.










Fuente: Fragmento de la disertación del Dr. Elpidio Gonzalez en la Casa Radical sobre la gestión que cumple el Gobierno Nacional, 11 de junio de 1947.
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sábado, 4 de abril de 2015

Carlos Ibarguren: "Yrigoyen al Gobierno" (1955)

El 12 de octubre de 1916 los habitantes de la ciudad de Buenos presenciaron un espectáculo que nunca habían contemplado: una multitud inmensa de pueblo, delirante de entusiasmo, desengancha al frente al Congreso los caballos de la carroza presidencial y arrastra hasta la Casa de Gobierno el coche en que iba, de pie, el nuevo presidente de la Republica don Hipo1ito Yrigoyen, que acababa de asumir el mando y prestar juramento ante la asamblea legislativa.

Recorrió el largo trayecto entre la muchedumbre apretujada que colmaba las plazas del Congreso y de Mayo y la avenida que las une, y ovacionaba frenéticamente al nuevo mandatario. Yrigoyen saludaba al pueblo gravemente, impasible ante esa explosión de idolatría persona. Este hombre frío, taciturno, no mantenía contacto personal con las masas, jamás las arengaba, carecía por completo de dotes oratorias o tribunicias, muy pocas veces se presentaba al publico no preparaba, como lo realizan los demagogos, las manifestaciones populares haciendo conducir a las gentes ordenadas en secciones y aleccionadas hasta en el modo de vitorear; sus agentes no le había organizado todavía una claque. Y a pesar de todo ello, la muchedumbre enardecida, estallaba en arrebatadas aclamaciones a este presunto redentor a quien muy pocos veían y oían.

Habíase formado en derredor de ese personaje singular una leyenda de misterio, mezcla de mesianismo y de taumaturgia que alimentaba con sus actitudes extrañas y modalidades peculiares, con las formas recatadas y originales de su vida, con sus postulados de profeta y con sus escritos, difusos, hinchados, de difícil interpretación y de tan marraconico lenguaje como intrincado sentido. Percibíase, sin embargo en ellos la intención que los animaba, la de aparecer amando con sensiblería y misericordia a los pobres, demostrando acendrada pureza en los ideales políticos que sostenía, desinterés absoluto por las posiciones publicas y las riquezas, y como iluminado por el destino, que lo había ungido para regenerar y elevar al pueblo desplazado y subyugado por una oligarquía “falaz y descreída”, como él la calificaba.

En los momentos en que Hipólito Yrigoyen conquistaba el mando de la Argentina, el cuadro político presentaba características que explican el triunfo de aquel. Además de los restos del Régimen conservador en declinación, y del sector de la opinión independiente disgregada, que vacilaba sin atinar el rumbo a seguir, surgía potencialmente una gran corriente ciudadana que antes de la reforma electoral de Sáenz Peña estaba excluida por completo de toda participación en la vida cívica y repudiaba al viejo régimen. Esa corriente estaba formada en la Capital por la pequeña burguesía, por una multitud de modestos empleados de comercio y de la administración, por casi todo el magisterio, por innumerables cantidad de personas dedicadas a profesiones liberales, por millares de jóvenes egresados de las universidades, y por la gran masa de hijos de los inmigrantes que vinieron treinta o cuarenta años atrás, que lograron aquí bienestar económico y cuyos descendientes, deseosos de actuar en política, sentíase ahogados por el predominio de los antiguos círculos detentadores del poder. Todo ellos vieron en el radicalismo, partido que resurgía después de una década de abstención revolucionaria y de sediciones fracasadas, la solución que satisfacía sus anhelos cívicos. En las provincias, la mayor parte de la pequeña burguesía tomó, también, ese camino, lo mismo que el humilde pueblo criollo que, dominado por los jueces de paz y los comisarios, era llevado forzadamente a las votaciones, como lo cantara Martín Fierro medio siglo antes. En la ciudad de Buenos Aires la muchedumbre extranjera de obreros nacionalizados, inquietos y combatientes en su lucha de clase, bajo el signo marxista, y muchos jóvenes de espíritu revolucionario, sostenían a los socialistas.
Se explica, pues, que la caudalosa corriente ciudadana, que se iniciaba en la política con la ley Sáenz Peña, se adhiriese con entusiasmo a Hipólito Yrigoyen, en quien encontró a su intérprete y su caudillo.

Yrigoyen al asumir el Gobierno, no representaba al viejo radicalismo romántico de Alem, que vivía con las armas en la mano, en constante protesta iracunda contra lo que llamaba “los oficialismos”, dispuesto a sacrificar la vida de sus adeptos en aras de sus vagos ideales de honestidad administrativa y cumplimiento fiel de la Constitución, no encarnaba tampoco la ciega exaltación de los que fueron sus antiguos correligionarios en esos “tiempos heroicos”. Exaltación que hizo decir a Pellegrini que “el radicalismo no era un partido, sino un temperamento”. No; él significaba el hombre calculador  astuto que, no obstante su pregonado desinterés y sus reiterados renunciamientos verbales a lo que llamaba “las efectividades conducentes”, o sea al aprovechamiento positivo de los cargos y de las situaciones, fue enérgicamente al sillón gubernativo para dominar en el mando, disponer en absoluto de todos los órganos políticos y dar participación en ellos a las masas de la clase media que lo acompañaban con las mas vehemente de las adhesiones, desplazando de toda acción en la vida del Estado a los policastros del “régimen”, a la aristocracia formada por los restos del patriciado, y al sector social exponente de alta cultura que ejercía positiva influencia en las esferas publicas. Realizaba así, no una revolución, puesto que no traía consigo ningún contenido ideológico que transformase instituciones políticas o sociales, sino el simple desplazamiento de una clase predominantes para reemplazarla por otra. Pero ese Gobierno de Yrigoyen fue, en nuestra historia, muy representativo, realmente representativo, no porque significara el de una mayoría electoral, sino porque entregó la suerte del Estado y de sus resortes políticos al dominio de un vasto estrato de la sociedad argentina que hasta ese momento jamás había gravitado ni ascendido al poder, y que constituía una de las capas básicas en que se asentaba la nueva Argentina de la inmigración.

El historiador debe considerar que fue necesaria, en su momento, esa importante evolución, resultado de la reforma electoral hecha por el Presidente Roque Sáenz Peña, quien con honda mirada de estadista vio que en los renovados cimientos de nuestro país estaba comprimida una enorme represa ciudadanía a la que era indispensable darle salida en la vida cívica para que no rompiera con violencia y rebeliones el dique que la sofocaba. Cumpliose así, una vez mas, el hecho providencial y oportuno que en las horas criticas ha dado la línea histórica argentina –merced al esfuerzo propio de su pueblo cuando halló a su caudillo autentico- el orden necesario para que su desarrollo no fuese perturbado, como seguramente lo hubiera sido con gobernantes impopulares, por la terrible conflagración mundial que trajo consigo los grandes sacudimientos que agitaron a las naciones.






Fuente: "La historia que he vivido" de Carlos Ibarguren, 1955.

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jueves, 2 de abril de 2015

Hipólito Yrigoyen: "Invitación a elección en Córdoba" (7 de noviembre de 1915)

Buenos Aires, noviembre 7 de 1915.
A Don Elpidio González.

CÓRDOBA.

Me es muy satisfactorio contestar su deferente telegrama, por el cual en nombre del Comité de su digna presidencia e interpretando los sentimientos de la Unión Cívica Radical de la Provincia, me invita a pasar con Uds., la jornada del 14 del corriente.

Las condiciones anormales en que el proceso electoral se desarrolla, me deciden a asistir a las contingencias de esa campaña, que el poder oficial plantea en términos que importan una reincidencia en las transgresiones dominantes, por medio de las cuales se detenta la representación pública.

Las informaciones de su comunicación, que han sido visiblemente comprobadas por las delegaciones de la dirección nacional, confirman las dificultades que ofrece la contienda sostenida contra un régimen acerbadamente empedernido y adueñado de todos los resortes en que radica el mecanismo electoral.

Resulta de este modo que los pueblos siguen afrontando la lucha contra el vicio y la impudicia triunfantes, parapetados detrás de la muralla que constituyen las fuerzas oficiales de la República, sin contar siquiera con una prensa nacional que levante su mente y juzgue los sucesos en su verdadero significado, pues, por el contrario con honrosas excepciones, los aplaude, considerándolos propios de una evolución civilizadora.

La opinión, así indefensa se estrella contra un baluarte de presiones y de opresiones, de perfidias y de falsedades, y si con sus esfuerzos llega a prevalecer en las urnas, en definitiva la solución le es adversa, porque el régimen ejercita su extremo recurso actuando como juez único y, en consecuencia, se pronuncia frustrando las sanciones públicas, como ha sucedido, entre otros, en ese Estado.

Aunque no es éste el momento de profundizar la dilucidación de la gravedad que entrañan tales delincuencias, no puedo sustraerme, cuando menos, a estos interrogantes:

¿No es una verdadera profanación traducir en exteriorizaciones de las más despreciables supercherías esas impresiones ardientes, de puros y saludables estremecimientos cívicos, que revelan los más elevados sentimientos patrióticos?

¿No es una inaudita malogración de la probidad del pensamiento nacional y de sus más justas aspiraciones, pretender desvanecer dolorosamente la esperanza del triunfo y de la gloria del pueblo argentino, por sus revelantes rasgos en el ejercicio de sus atribuciones soberanas, que comprenden todas las magníficas idealidades institucionales, por las cuales se debate desde hace un tercio de siglo?

¿Se consentirá por más tiempo que los poderes oficiales continúen siendo elemento malvado y fuerza rebelada contra todos los fueros de la Nación, en vez de estar revestidos de su legítima representación, en las más correctas formas de sus abstracciones superiores?
¿Habrá de ser ése el camino a recorrer en pos de los horizontes de la patria, y en la orientación para difundir todas las armonías y las grandezas de cuanta savia tienen en su seno y de cuanto fuego sagrado llevan impreso en su espíritu?

Será posible que tan vasto escenario mundial continúe siendo patrimonio de un régimen nefando, y que la reparación moral y política tenga que debatirse en tan indignos medios, sin que al fin el resultado de sus esfuerzos alcance otra solución que la de confundirse con el predominio?

¿El honor y la austeridad nacional no tienen nada más que ofrecer en holocausto a la reivindicación histórica a que está consagrada, y esas villanas ostentaciones son la expresión de su psicología moral, de su cultura política y de sus genéricos progresos?

¡Podrá pretenderse que así habremos de salvar a la Nación del enorme desastre que ha abarcado a todas sus creaciones fundamentales, sus organismos constitutivos y su poderosa y múltiple vitalidad?

¿Esos regresivos procedimientos que no hacen sino acumular mayor desdoro en cuanto acusa crecientes perversiones, serán las que han de hacer la solución de continuidad en tan hondos y arraigados males?

¿Es esa la solución con la cual ha de salir de una crisis tan profunda esta nacionalidad simbólica de todo lo magno y visiblemente destinada a la cumbre de todas las ascensiones humanas?

No, seguramente. Y no se infiera el inaudito agravio de pretender que el carácter con que se van realizando los sucesos electorales, es propio de la psicología moral del pueblo argentino, cuando es evidente que desde los primeros momentos se ha identificado en absoluto con el genio de la revolución en las actitudes más altivas y en las demostraciones más culturales.

De su seno han surgido en inconfundible expresión de ansia patriótica las acciones más brillantes y ponderativas que puedan registrar los anales de los grandes pueblos, sin que la más fugitiva sombra haya empañado siquiera su larga trayectoria en las reiteradas pruebas severamente acuñadas, en los caracteres de la más inflexible integridad moral y política, en sus imponentes recogimientos, en sus grandiosas protestas armadas y en sus poderosos movimientos electorales.

Así han culminado las más esclarecidas concepciones reivindicatorias, en absoluta unidad de pensamientos y acción, presentando el caudal fecundo de esa luminosa doctrina, que ha, vivido en constante e impertérrita lid de construcción y de labor armónica hasta llegar a constituir en este momento histórico la más formidable resistencia que se levanta frente a frente de los gobiernos alzados contra los beneficios de la paz pública, y que venciendo todas las dificultades, conducirá a la Nación a afianzarse de nuevo en el pedestal de sus tradiciones redentoras y de sus simbolizaciones orgánicas.

Esos acontecimientos han sido tan prodigiosos que no pueden concebirse con más lucidez en una situación nefanda, minada de todo orden de perversiones, y su empuje culmina las glorias de la patria en sus relieves más esplendorosos.

No debiendo por hoy internarme más en el examen de las cosas que se bosquejan, tan contrarias a las mejores visiones del espíritu, desviando a designio las que permitirían elevarle en el bellísimo rango de sus conceptos superiores, para redimir de todas sus absorciones y asperezas en esta hora de la vida nacional, de contornos tan expectantes y grandiosos, sólo me resta reiterar a ustedes mi adhesión más absoluta.

H. YRIGOYEN








Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno –Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-
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