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miércoles, 15 de octubre de 2014

Oscar Torres Avalos: "La Hora del Pueblo" (1992)

Los antecedentes mediatos de la Hora del Pueblo se registra en la Asamblea de la Civilidad, en 1962, cuando Ricardo Balbín era presidente del Comité Nacional del radicalismo y Arturo Mor Roig el secretario. Luego, entre 1967 y 1968, a través de Zavala Ortiz, Facundo Suarez y Arturo Illia, se estableció un programa de coincidencias con Jerónimo Remorino, delegado de Juan Perón, quien desde Madrid dio su expresa aprobación.
Frente al gobierno de Levingston, en 1970, se presento una situación política de gran tensión, porque el presidente no dio señales de apertura; por el contrario, sus pasos iban dirigidos a organizar un movimiento hacia su mandato, prescindiendo de los partidos políticos. Tan así es que fueron utilizados personajes de la vida política argentina, como Oscar Alende, a quien se le facilitaron los canales de televisión para que hablara en favor de Levingston. El ministro del Interior, Cordón Aguirre, tomo contacto con políticos como Juan Trilla. La crisis se agudizo, porque el tiempo estaba maduro para alcanzar la solución política que Levingston no daba.
Los partidos políticos trataron de llegar a un acuerdo para alcanzar la salida democrática. Las cabezas del peronismo y del radicalismo convinieron una declaración junto con otros partidos. En ella intervinieron Balbín, por la Unión Cívica Radical; Jorge Daniel Paladino, encabezando al justicialismo; el Partido Socialista, representado por Jorge Selser; el Partido Demócrata Progresista, con Horacio Thedy; el Partido Conservador Popular, con Vicente Solano Lima, e intervino a titulo privado y con carácter independiente el escribano Rawson Paz, que estaba vinculado a grupos de la revolución de 1955, representantes de la ideología de Pedro Eugenio Aramburu. Esta primera declaracion aparece a fines de 1971 Paralelamente se producía en las Fuerzas Armadas una marcada diferencia de criterios entre los altos mandos y Levingston, situación que hizo crisis en marzo de 1971 y que provoco el alejamiento de este y la asunción de Alejandro A. Lanusse, comandante en jefe del Ejercito.
La Hora del Pueblo cumplió un papel impulsor de la salida institucional, e indirectamente, sin acuerdos ni pactos escritos, había total coincidencia en el sentido de institucionalizar democráticamente el país. De ahí en adelante, la Hora del Pueblo represento la decisión de la mayoría respecto a la política argentina, en cuanto a que proclamo la necesidad de buscar soluciones a través de las instituciones republicanas. Por eso desarrollo su filosofía estableciendo reglas de juego para el futuro político, que Balbin sintetizo de esta manera.

«El que gana gobierna y el que pierde colabora desde la oposición».

La amistad de Balbín y Perón quedo coronada en los hechos, y el caudillo radical supo destacarla con mucha emoción en su despedida fúnebre al presidente fallecido, en el ámbito del Congreso Nacional.






















Fuente: Oscar Torres Avalos: "La Hora del Pueblo" (1992)
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sábado, 11 de octubre de 2014

Tulio Halperin Donghi: "El Enigma Yrigoyen" (1997)

Lo que quisiera conversar hoy con ustedes tiene que ver con un proyecto que estoy tratando de llevar a cabo, y que es una suerte de antología de escritos políticos argentinos. La colección se titula, me parece que demasiado ambiciosamente, "Biblioteca del Pensamiento Argentino". A mí me toca el período que va desde la Ley Sáenz Peña hasta 1943-1945 y dentro de ese período, naturalmente, hay una figura central, una figura de una importancia enorme por el impacto que su presencia tuvo en el curso de la historia argentina. Me refiero naturalmente a Hipólito Yrigoyen.

Hipólito Yrigoyen fue siempre una figura muy problemática, muy difícil de interpretar y que hizo sospechar a muchos que lo que ellos creían acerca de la Argentina, acerca de las tradiciones políticas argentinas, acerca de las tendencias políticas argentinas, simplemente estaba equivocado y que había, en el desarrollo de la política argentina, y, más aún, de la vida argentina, algo de misterioso que de pronto se revelaba en la presencia central de una figura tan extravagante, es decir, tan alejada de las pautas que se esperaban de un dirigente político. Una figura que en medio de ese carácter atípico, sin embargo, mostraba un dominio del campo político incomparablemente más eficaz que el de cualquiera de sus rivales. Esto es lo que quisiera discutir hoy como "El enigma Yrigoyen".

Para entender por qué Yrigoyen aparecía como tan enigmático es necesario volver un poco más atrás y recordar de qué manera había sido prevista, no diría planeada, la transición hacia la democracia que significaba la implantación de la Ley Sáenz Peña. En el momento en que se produce esa transición había en el fondo una considerable vaguedad, una considerable imprecisión en torno a cuáles iban a ser los efectos de esa ley; si esa ley iba efectivamente a eliminar el predominio de los partidos que existían hasta ese momento, que, como todos estaban de acuerdo, no eran partidos, ya que habían perdido toda coherencia; o si, por el contrario, esos no-partidos que, sin embargo, habían tenido un dominio muy grande del estado y de los mecanismos de representación política, estaban demasiado arraigados en la máquina del estado, en la máquina electoral, para que su predominio fuera amenazado por la transición. En lo que no había demasiada discusión era en cuál era la alternativa que iba o no a reemplazarlo. Esa alternativa era lo que se llamaba "los partidos nuevos". En los debates parlamentarios todos hablaban de los partidos nuevos. ¿Cuáles eran esos partidos nuevos? En términos muy generales, se los caracterizaba como partidos de ideas, que quería decir que eran partidos programáticos, partidos que se organizaban en torno a un cierto programa de cambio y que se prometían implantarlo en el caso de tener éxito. Esos partidos nuevos a veces se mencionaban por su nombre, eran el Partido Socialista, la Liga del Sur y la Unión Cívica Radical; pero cuando se ve cuál era el perfil que se atribuía a esos partidos nuevos se advierte que el único partido que es realmente un partido nuevo según esta concepción es el Partido Socialista. De todas maneras, la mirada es tan panorámica que se cree que, de alguna manera, los otros partidos, con las condiciones en las cuales se desarrolla una democracia de sufragio universal, si no son ya partidos programáticos, van a tener que serlo. En esto se encuentra a veces, en esas discusiones, uno de los argumentos para confiar en que la transición democrática no traerá consigo una transferencia de poder de los partidos ya existentes a los partidos nuevos, porque los partidos nuevos necesariamente van a organizarse en torno a programas de cambio social relativamente significativo y radical y la Argentina es, desde ese punto de vista, un país esencialmente conservador. Esos programas, lejos de atraer el favor del electorado, lo van a ahuyentar. Por lo menos no van a conseguir apoyo suficiente para obtener mayorías electorales para ninguno de los partidos nuevos.

Nos encontramos aquí, desde luego, con una serie de anticipos que preparan para una decepción muy fuerte porque, efectivamente, el más importante de los partidos nuevos no es un partido nuevo. La Unión Cívica Radical, en el fondo, es el único partido que sigue siendo auténticamente un partido, aunque pequeño, en el marco de los partidos tradicionales. Es decir, es un partido que no es nuevo en ese momento ­data de 1892­ pero es más nuevo, por ejemplo, que el Partido Autonomista de los "pellegrinistas"; es menos nuevo, es más viejo. Además, es un partido cuya dirigencia tiene un pasado, que es el pasado de la vieja política. De tal manera que aquí hay ya un espacio para la decepción, pero la decepción que va a venir es mucho más seria que ésta, es una decepción que surge del éxito que Hipólito Yrigoyen obtiene en el marco de las nuevas normas electorales. Aquí creo que, en parte, es una decepción que viene de la visión no basada en ninguna experiencia de lo que significa el paso a una democracia de sufragio universal. Por ejemplo, Lisandro de la Torre estaba convencido de que las máquinas electorales que controlaban las situaciones provinciales no se estaban preparando como correspondía para esa metamorfosis porque no estaban aceptando un programa de reformas que las transformara en partido de ideas. Había un elemento que De la Torre no consideraba, y que parece, sin embargo, bastante obvio, y es que esa transformación de los mecanismos electorales obligaba a una cosa mucho más pedestre pero imprescindible que era transformar máquinas políticas destinadas a movilizar a un grupo muy pequeño en situaciones no competitivas en máquinas políticas capaces de disputar la mayoría del electorado con sus rivales. Lo más curioso de esta ceguera de De la Torre es que mientras él ignora esa necesidad cuando presenta un programa de transformación nacional, la advierte perfectamente cuando funciona políticamente en la provincia de Santa Fe. La Liga del Sur adopta una organización que es una organización calcada de la Unión Cívica Radical de la que proviene De la Torre, es decir, una organización que crea comités permanentes, prácticamente en todos los pueblos donde esperan poder contar con algún apoyo. De tal manera que hay aquí un elemento para la sorpresa, por el éxito de Yrigoyen, que viene de algo muy sencillo, y es que Yrigoyen sabe perfectamente, y desde el primer día, que hay que hacer eso. De tal manera que él ve la transición como una transición que se da en la creación de un partido cuya organización le permite acceder al nuevo electorado del sufragio universal. Aquí nos encontramos con algo que creo que tiene mucho que ver con el éxito político de Yrigoyen, y que va a hacer ese éxito tan irritante, su enorme capacidad organizativa.

En 1893 Yrigoyen lanza al radicalismo provincial a la revolución y esa revolución son ochenta y cinco revoluciones que estallan simultáneamente en ochenta y cinco cabezas de partido. Todo esto él lo ha logrado en un partido que se ha formado en 1892. De tal manera que encontramos aquí a un organizador formidable. ¿Cuáles eran sus métodos de organización? Eran métodos anteriores a los de un moderno partido de masas pero métodos que iban a sobrevivir luego en otras experiencias democráticas. A este respecto, una anécdota me parece muy relevante. Rómulo Bentancourt, el creador de Acción Democrática de Venezuela, que se reprochaba haber inventado a Carlos Andrés Pérez, decía que hacer elegir presidente a este último le había costado tomar un café con cada uno de los votantes de Venezuela. Es decir, en medio del nuevo sistema de propaganda por televisión y demás, había ciertos métodos organizativos que hacían política de masas con procedimientos anteriores a la política de masas y ése era, evidentemente, el mecanismo tan exitoso que Yrigoyen había puesto en movimiento. De tal manera que hay un elemento que explica la irritación frente a Yrigoyen y es simplemente el éxito. En el fondo, la Ley Sáenz Peña atribuye un tercio a la oposición porque nadie creía que en una representación proporcional el radicalismo iba a conseguir un tercio de los votos, de tal manera que es ese éxito el que prepara ya a los adversarios políticos de Yrigoyen para contemplar su gestión de un modo poco caritativo.

Pero hay otras transformaciones que Yrigoyen trae consigo y que hacen que a esa irritación se acompañe la perplejidad. Desde muy pronto Yrigoyen, efectivamente, comienza a ser visto como una figura enigmática. No se sabe, por ejemplo, si es tonto. A veces lo parece pero cuando se ve en su funcionamiento político se advierte que, en este caso, la tontería es un elemento muy eficaz de éxito. Por otra parte, no se sabe si cree en lo que dice. Muchos de sus adversarios caritativamente dicen que, obviamente, no puede creer porque es un galimatías sin sentido o si, por el contrario, es un manipulador de sus crédulos seguidores que son admiradores de la poesía de Almafuerte y que entonces están listos para admirar el equivalente en prosa de la poesía de Almafuerte.

Ahora bien, Yrigoyen es entonces, desde muy pronto, desde 1916, un enigma pero un problema, una figura irritante para todos sus rivales de la derecha, sus rivales conservadores, pero también sus rivales de la izquierda. Los socialistas sólo se consolaban pensando que en el fondo la formación de una democracia es un proceso educativo y que es necesariamente un proceso lento; que efectivamente lo que estaba ocurriendo eran los primeros errores en un camino que gradualmente iba a llevar a opciones más razonables. De todas maneras, tampoco ellos podían entender demasiado bien por qué Yrigoyen lograba despertar esas adhesiones que, efectivamente, despertaba. Si esto era un enigma, un problema, un factor irritante, tardó bastante tiempo en transformarse en el problema central de la política argentina. Por el contrario, la primera presidencia de Yrigoyen fue considerada por sus enemigos una presidencia muy poco brillante. Aquí hay un elemento que hay que tener en cuenta. Sólo gradualmente comenzó a urdirse la leyenda de la edad de oro administrativa que había sido la etapa conservadora. A partir de 1916 el reproche que aun sus adversarios conservadores le hacen a Yrigoyen es que el tránsito al sufragio universal no ha mejorado el nivel político característico de la vieja república oligárquica; un reproche que no carecía de fundamento pero que al mismo tiempo era bastante limitado. A Yrigoyen le reprochaban en el fondo que no fuera mejor que ellos y, por otra parte, ese reproche era un elemento relativamente marginal en la visión de los problemas que la Argentina enfrentaba porque inmediatamente después de la elección de Yrigoyen, a partir de 1917, comienza un período de movilización social muy considerable que, en realidad, dura hasta 1921 y tiene, por una parte, sus causas, si ustedes quieren ser, digamos, marxistas vulgares. Tiene que ver con el hecho de que luego de un período de muy intensa crisis de desocupación la economía comienza a florecer, a expandirse y requiere más fuerza de trabajo. Los trabajadores descubren que simplemente su posición negociadora es más fuerte por ese solo hecho y, además, hay un proceso inflacionario. De tal manera que ellos tienen motivos para entrar en conflictos y tienen también la sensación de que ahora es menos contraproducente de lo que ha sido en la etapa anterior. Al mismo tiempo, como ustedes saben, hay una inspiración ideológica que viene, en parte, de las esperanzas que las potencias aliadas se dedican a fomentar sobre el cambio social que va a venir luego de su victoria y, en parte, de la Revolución Rusa. Las dos influencias, curiosamente, no se distinguen demasiado en ese momento. Incluso a Ingenieros uno lo encuentra algunas veces diciendo las posiciones de Wilson y Lenin, es decir, Lenin es una especie de Wilson más malhumorado.

Todo eso crea una situación en la cual el problema central es el problema del conflicto social y lo que se les reprocha a los radicales es, a lo sumo, que no sean lo bastante militantes en defender la causa del orden establecido en el conflicto social. Es un reproche que tiene sus altibajos porque hay momentos en que los radicales, por cierto, son bastante militantes en esa defensa y otros momentos en que no. De tal manera que sólo cuando el conflicto social se aquieta a partir de 1921, y se aquieta en el fondo porque, por una parte, termina el breve auge de posguerra y, por otra, viene una estabilización de precios, la fuerza de trabajo se siente menos fuerte y tiene menos motivos para activar. Sólo entonces comienza a verse que de pronto hay otro problema, es decir, que la transición al sufragio universal no sólo es problemática porque tiene como consecuencia un estado que está menos "jugado" en el conflicto social, sino que es problemática en sí misma porque está cambiando los rasgos mismos de la vida política. Hay aquí entonces el comienzo de una doble reacción. Por una parte, una reacción a Yrigoyen y, por otra, una reacción que se hace cada vez más abierta, cada vez más decidida, a la democracia de sufragio universal.

Luego de esta introducción bastante larga llegamos finalmente a nuestro enigma, es decir, a Yrigoyen. ¿Por qué Yrigoyen era tan problemático? Porque, efectivamente, él introduce un estilo de interpelación política totalmente nuevo que, por otra parte, hace escuela. Al respecto, yo quisiera comenzar comparando un texto que es esa biografía oficiosa que en cada campaña presidencial presentaba el candidato. El predecesor de Yrigoyen en las elecciones, Roque Sáenz Peña, había tenido a su servicio un autor de primera fila. Este autor era Paul Groussac.

Paul Groussac escribió una muy curiosa presentación de Sáenz Peña que, en típico estilo Groussac, subraya todo lo que en Sáenz Peña lo hace merecedor de su sincero afecto, pero agrega que ese aspecto no le impide ver, naturalmente, las fallas del candidato. Señala que es un hombre más respetado por sus virtudes, por su entusiasmo, que por la agudeza de su inteligencia; que es un hombre, por otra parte, como dice en frase deliciosa, que no hay ley que él obedezca con más placer que la "ley del menor esfuerzo". Me parece que aquí vemos no sólo la presencia de una pluma incontenible (porque Groussac sin duda no se sentó a escribir pensando decir esas cosas) sino, además, la presencia de todo un sistema político muy curioso. Hay una frase de Montesquieu en donde él dice que la única igualdad verdadera existe en las aristocracias y entre los aristócratas. Yo creo que eso es lo que se refleja también en este texto de Groussac. Groussac es el igual de Sáenz Peña pero no sólo eso, escribe para un público de iguales con los cuales no se trata de ocultar nada, todos son tan partícipes de los secretos del príncipe como él. De tal manera que tratar de decirles que Sáenz Peña es un pensador agudo sería ofensivo. Por lo tanto, ese texto que resulta tan poco chocante, que es la pieza de resistencia en los dos volúmenes que la Unión Nacional publica luego, una vez elegido Sáenz Peña, bajo el título de Roque Sáenz Peña , es perfectamente adecuado a ese contexto.

Hay otro texto que presenta a Yrigoyen. Ese texto es de Horacio Oyhanarte y se llama El Hombre y, antes de la elección de Yrigoyen, alcanzó una sexta edición. Es un texto que cambia totalmente el modo de dirigirse al protagonista, de hablar del protagonista, y, al mismo tiempo, el modo de dirigirse al público:

[...] Pero vamos al encuentro del hombre, iremos a tomarlo donde lo ha colocado la historia como en un altar, en su Sinaí, entre los escombros humeantes del parque. En la mañana formidable el estampido de los cañones despertó a la urbe soñolienta. ¡Por fin!, dijo la ciudad bendiciendo la hora; ¡Por fin!, respiraron los pechos de las madres angustiadas y el sollozo de los niños (dormidos). ¡Por fin!, clamó el coraje y el odio y el extravío y la virtud. Era la lluvia sobre la tierra reseca y resquebrajada, era la providencia sumándose al mundo y señalando con su índice de misterio el camino de un nuevo calvario. Cada disparo tenía un eco en la conciencia colectiva [...].

Ahora bien, lo más curioso de esto es que en esta presentación grandiosa del hombre, sólo al final se advierte que no se trata de Yrigoyen. Efectivamente, cuando dice "[...] él era la revolución, por eso estaba allí, por eso lo rodeaba la tragedia, por eso sus botas rotas se manchaban de sangre humana y sus barbas níveas alzaban como un relente el humo de la pólvora [...]", el mero dato de que las barbas níveas nunca fueran parte de la figura de Yrigoyen permite descubrir que aquí ha estado hablando, no se sabe por qué, de Leandro N. Alem. Inmediatamente pasa a hablar de Yrigoyen:

[...] si fuéramos a definir en una fórmula al Dr. Hipólito Yrigoyen diríamos que es el máximum del talento dentro del máximo del equilibrio mental. Ya sabemos lo difícil, lo providencial que importa que se realice este dualismo, esta verdadera entelequia. Cuando ella aparece concretada en la frente de un hombre, ese hombre es un iluminado que lleva en sí el fuego que caldea y el freno que contiene. La vela hinchada del ideal y el timón que la orienta, es a la vez fuerza y serenidad, empuje y resistencia, terquedad gloriosa, empecinamiento magnífico, fuego y luz, lluvia y germen... [...] el mayor talento corresponde a la vez al mayor desequilibrio mental. De ahí, sin duda, la teoría de la escuela positiva de que el genio y el talento sean una anormalidad. El genio y el talento suelen elevar tanto más en sus radicaciones cuanto más caen en las trivialidades; a la manera de esas montañas que más se elevan hacia el infinito cuanto mayor es el hachazo de sus abismos. Su estilo ­de pronto pasa sin advertencia a otro tema­, es como el trasunto de su propia individualidad, severa, sin afectaciones ni protocolo. Se lo reconoce en su envoltura intelectual como en su vestimenta civil, parco, sin una sola cosa más de la necesaria. Así es también en todas sus modalidades. Trabaja, sueña, piensa, vive, combate y guerrea por su patria a la cual le dedica sin limitaciones desde la preocupación más leve hasta el insomnio más mortificante. Mira allá lejos donde el horizonte se esfuma en interrogaciones [...], etcétera.

No voy a infligirles mucho más porque es de una monotonía notable. De todas maneras, como ustedes ven aquí, esto es un texto que establece una relación totalmente diferente, en primer lugar entre Oyhanarte e Yrigoyen y, por otra parte, entre Oyhanarte y sus lectores. Aquí, el igualitarismo aristocrático ha desaparecido por completo. Por una parte, Oyhanarte se posterna ante Yrigoyen, pero, por la otra, se envuelve en algo del prestigio de Yrigoyen cuando se vuelve a los lectores. Esto es sólo un comienzo. Oyhanarte va a ser luego un político muy importante dentro de la administración radical y su estilo, en buena medida, anticipa lo que será el estilo de Yrigoyen. Este estilo, en mi opinión, ha alcanzado su punto más alto en un telegrama que Yrigoyen envía a Marcelo Torcuato de Alvear, que es su embajador en Francia en 1920, y que debe actuar como representante argentino en la Liga de las Naciones. Yrigoyen le da a Alvear instrucciones precisas. Estas instrucciones son que debe presentarse en la Asamblea de la Liga de las Naciones simplemente al efecto de decir que si la Liga de las Naciones no se abre a todas las naciones de la Tierra, la Argentina se rehúsa a integrarla. Alvear parece anonadado por esas instrucciones y escribe, en una prosa que uno no esperaría del Dr. Alvear, que todos conocimos como uno de los más sensatos de nuestros presidentes, el siguiente poema en prosa:

Sobre la ruta pensativa el maestro marchaba solo y la ruta aclaraba ante su gesto. A su alrededor, desplegando sus pasiones anárquicas, la multitud se agitaba creciendo en las alarmas de su noche de inconsciencia y sus discípulos ansiosos lo seguían y no comprendiendo y temiendo la tempestad, hablaban entre sí. Entonces, el que entre todos el maestro quería y creía más leal en su fe, más valiente también [...]

(Ginebra, 3 de diciembre de 1920).

Aquí nos encontramos con esas transiciones a las que la prosa radical va a tener que acostumbrarnos porque después de esa evocación casi de Cristo predicando en Galilea, pasa a fecharlo y dice:

"¡Maestro, daos cuenta!, marchamos hacia el abismo. El mundo alrededor nuestro edifica la ciudad de bronce mientras nosotros vamos al desierto. Ya estamos solos, lejos de los pozos, lejos de los fuegos del vivaque. Entre nosotros mismos lo han dicho. ¡Maestro, daos cuenta!"

A esto sigue el telegrama de respuesta de Yrigoyen que es, evidentemente, un modelo mucho más complejo de prosa que Alvear ha logrado sólo imitar de una manera casi sobria:

Arrastrada por la eterna corriente de los destinos de la vida, flotando por el misterio insondable que la conduce, la balsa de la humanidad deriva hacia la aurora que día tras día despunta gloriosa en el corazón profundo del hombre. Tumulto, tumulto de la historia de los mundos de la ignorancia. Sobre la balsa nos peleamos por el oro de un reflejo que nadie jamás ha podido vivir y nos devoramos los unos a los otros y nos empujamos todos al abismo en la alucinación colectiva del espejismo cualquiera de la hora. Clamor, clamor de agonía de los mundos de lo efímero. Profesión íntima de mi espíritu fue siempre guardando silencio en la solitud, meditar el querer las cosas del océano.

¿Qué quiere decir esto? Probablemente lo sabría el Dr. Yrigoyen.

En la actitud hierática del elegido, portador de la canastilla de mimbre en donde el alma del fuego ancestral sobre su lecho de arcilla se despierta al devenir, durante treinta años seculares, en la angustia muchas veces pero siempre también en la certidumbre, he cobijado bajo el viento de demencia de los míos, la chispa argentina de las forjas de la epopeya; y sordo, sordo mis propias entrañas al alboroto de los que huyen en pánico o se rehúsan a la ofrenda mística de su ser, siempre he ignorado el gesto que renuncia y no he nunca vivido de mi propia vida sino las indomables rebeliones de mi (sub-subhumano) en humildad profunda frente a las cosas de lo absoluto, esperando que la razón inmanente esclareciera en nuestro juicio de pastores y de rebaños.

Ahora bien, lo curioso es que esto que parece una divagación, o trata del destino de la humanidad o no trata de nada. En realidad, cuando se la lee con mucho cuidado, se advierte que es un mensaje muy preciso al Dr. Alvear.

¿Cuál es la etapa que debemos emprender ahora? Reencarnado el querer redentor que desde el alba selló nuestra historia con el sello de eternidad de las razas liberatrices, es en vértigo de un mundo que se enloquece en un dédalo de violencias instintivas y se derrumba en un caos universal de rebeliones puramente impulsivas que no responden a ningún orden humano de previsión secular y no tienen otro fin colectivo que la satisfacción inmediata de necesidades torturantes; es cuando en los confines tenebrosos de la inconsciencia humana se va condensando formidablemente la tormenta apocalíptica de la guerra social ignominiosa en la violencia suicida de una civilización que sólo ha sabido complicar la vida sin resolver ninguno de sus problemas. Es en la hora universal supremamente histórica que es la nuestra, a nosotros argentinos, que ya que somos los únicos a vivir actualmente la fe creadora de nuestros abuelos, en voluntad de hermanas resurrecciones, les digo, irradiad sobre el mundo en afirmación del ideal viviente de nuestros padres, la gloria de nuestras reconquistas que son la estrella única de las reconquistas posibles del alma occidental.

Se advierte, en primer lugar, que Yrigoyen está convencido de que el radicalismo ha vuelto a las fuentes de la nacionalidad argentina y gracias a ese milagro se ha constituido en lo único que queda de salvable, que va camino de la redención, en todo el mundo occidental. Este optimismo, por otra parte, todavía se mantiene en un nivel muy general, una perspectiva de historia universal y de filosofía de la historia:

[...] pues vosotros, los que debéis aquí daros cuenta, cerrad los ojos, tapad los oídos; esto es, aislaos de la batahola de las cosas del momento en que todos, renunciando a las glorias del gesto noble, rodamos como despojos y perdemos la clara visión en lontananza del fin supremo de nuestros esfuerzos. Sumergiros en aguas profundas en donde ya no repercute la eterna tempestad de las ondas superficiales. ¿No sentís ascender una marea? ¿No sentís que en el corazón de la Nación abismos de abyección se despiertan a la luz y ya claman a los cielos su querer de redención? ¿No sentís en marcha el mismo devenir? En verdad, cosas han muerto que nunca más han de resucitar y cosas han resucitado que habrán de vivir eternas. Mañana, pasado mañana tal vez, pero algún día, fatalmente, en alguna vuelta del camino argentino los pueblos comprenderán. Pero tal vez haya usted un tanto olvidado de los tiempos en que vivimos juntos el espíritu puro de la acción y del sacrificio. Tal vez se ha ya un tanto enredado en las cosas que exigen ser resueltas y prestándose a ellas en una hora, tal vez. Pero no, no es posible. Sólo necesita usted sentirse menos solo. Quiero pues al amigo, hacer aquí el mayor de los sacrificios, apelar al juicio de otras de las verdades que son el alma de mi ser y la antorcha de mi vida. Oiga el eco si sus oídos son sordos al timbre de la voz. El pueblo argentino firma la seguridad de mis convicciones en demostraciones consecutivas y en las reiteradas renovaciones de la representación pública. Así como en el momento actual asistimos a una verdadera irradiación de sentimientos patrios que vibran entusiastas de un extremo a otro de la República en resonancia de júbilo tal que lamento que usted no se encuentre aquí para experimentarlas con nosotros a la vez que enterarse de los aplausos que recibimos de los pueblos de todos los ámbitos de la Tierra y de los juicios de hombres más caracterizados en las representaciones actuales del mundo, que diariamente nos llegan en la forma más expresiva y encomiástica.

Es decir, esto de nuevo parece bastante vago pero me parece que tiene una frase que no tiene nada de vago:
"[...] el pueblo argentino afirma la seguridad de mis convicciones en demostraciones consecutivas y en las reiteradas renovaciones de la representación pública". Es decir, este larguísimo mensaje tiene un núcleo filosófico y un núcleo de promesa y amenaza. Es decir, "les quiero recordar que los radicales ganan elección tras elección y usted elige".

Efectivamente, tanto en su nivel más alto, como en su nivel más pedestre, este telegrama de Yrigoyen tiene total éxito porque he aquí la prosa de Alvear:

París, 6 de enero de 1921.
Maestro, creo en ti porque tus razones son profundas y para nosotros intangibles, porque tú vives la visión de la obra futura donde no somos en el crisol de la historia que hierve, más que metales en fusión, carbones y escoria. Cualquiera sea el camino, ciertamente seguiremos. Maestro, creo en ti.

Alvear.

Es decir, Yrigoyen ha rehecho una relación que es, por una parte, una relación yo diría de casi Maestro Sen a discípulo, pero, por otra parte, es una relación totalmente autoritaria de patrón del barco a uno de sus seguidores, relación en la que trabaja con una habilidad extrema porque, efectivamente, ha convencido a Alvear de que es su discípulo dilecto, que por lo tanto podrá seguir siéndolo después de esta pequeña tentación pero, al mismo tiempo, que para seguir siéndolo tiene que seguir efectivamente siendo su discípulo. Se entiende muy bien por qué la clase política argentina podía ver este intercambio ­que por otra parte podía ver en los diarios­ con un cierto desconcierto, porque ningún otro movimiento político se organizaba a través de estas definiciones de la relación entre su único dirigente y sus seguidores.

Había otra razón en realidad para que Yrigoyen se transformara cada vez más en el problema, y era la razón que él daba. Es decir que era constantemente refrendado por éxitos electorales, situación que se hizo evidente a partir de 1926 cuando, de pronto, lo que se creía que era el techo del radicalismo yrigoyenista, se advierte que era sólo el comienzo y que comienza otra marea electoral que terminará por arrasarlo todo y lo va a entronizar a Yrigoyen en 1928.

Esto transforma a Yrigoyen en el gran problema y aquí comienza a desarrollarse ­ya desde antes­ una literatura anti-yrigoyenista que no es menos notable que la literatura yrigoyenista. Hay quienes se transforman en especialistas en el tema, pero son muchos los aficionados al tema. Yrigoyen, hasta tal punto se transforma en la figura del escándalo, que nos llama la atención, por ejemplo, encontrar en la Historia de la Facultad de Medicina de Eliseo Cantón un discurso de más de una página donde él entra a considerar los problemas que se crea un país cuando su presidente, evidentemente, va camino de la demencia como el resultado tardío de una Sífilis mal curada en su juventud. Por otra parte, el presidente así atacado es llamado, rutinariamente, "El Tirano". Era un tirano de un tipo muy especial. Siempre se consideraba que, al fin y al cabo, las páginas en que el Dr. Cantón expresaba su opinión sobre el Dr. Yrigoyen habían sido impresas con fondos del Tesoro Nacional. Un tirano bastante permisivo. De todas maneras, esta literatura comienza por ser una literatura que toma a Yrigoyen por tema. En este sentido, uno de estos escritores inagotables sobre el tema es un político jujeño que comienza en la fila del radicalismo, Benjamín Villafañe, que publica en 1923 un libro titulado Yrigoyen, el último dictador, que es un ataque violento contra Yrigoyen, al que acusa de los peores crímenes, es decir, robo, asesinato, etc., con una imprecisión notable porque nunca menciona en qué consiste eso.

Lo curioso es que en la segunda mitad de la década, cuando Yrigoyen avanza así, irresistiblemente, hacia casi la totalidad del poder, ocurre una suerte de esbozada metamorfosis en el radicalismo y hasta cierto punto en Yrigoyen mismo. De pronto, el radicalismo comienza a mostrar algunos de los rasgos exteriores del famoso "partido de ideas". Toda la preparación de la victoria de Yrigoyen en 1928 se organiza en torno a un tema que es programático; es un tema muy bien elegido por Diego Luis Molinari y es el tema del petróleo, la defensa del petróleo nacional. No sólo eso, sino que la defensa nacional contenía ciertos principios en los que Yrigoyen había insistido, que eran que entre el radicalismo, que era una empresa de redención nacional, y sus opositores, que eran, en el mejor de los casos, representantes de intereses sectoriales y, en el peor y más frecuente, herederos de la pasada corrupción, no podía haber ninguna coincidencia programática. Es decir, podían existir pero eran irrelevantes. Había ahí un abismo político que no podía cruzarse. En cambio, lo que vemos en las discusiones en torno a la nacionalización del petróleo es que los representantes radicales van a abandonar su estilo habitual de conflicto. Así, no van a utilizar las reticencias de los socialistas, que dicen que no se oponen pero en el fondo se oponen a la nacionalización del petróleo, por la sencilla razón de que temen que eso sea la fuente de nuevos empleos que expandan la máquina radical ­en lo que quizás no se equivocan del todo­. Entonces, a pesar de que Repetto señala que él es partidario de la nacionalización en términos generales, se opone a esto, se opone a aquello, y, en suma, se opone a todo. La respuesta radical es que los gratifica enormemente que, salvo algunas pequeñas cuestiones de detalle, una figura tan experta como la del Dr. Repetto también los apoya.

Nos encontramos aquí, entonces, con una transformación muy curiosa que en cierta medida parece haber llegado también a Yrigoyen. Yrigoyen nunca había sido enormemente claro en sus tomas de posición y en su extrema vejez no parece haber ganado mucho en claridad, pero de todas maneras hay un trabajo de Arturo O'Connell sobre la misión D'Avernon. Él cuenta ahí que el embajador inglés le anticipó a lord D'Avernon que iba a oír de Yrigoyen unas expresiones de amor desaforado por Gran Bretaña tan extrañas que lord D'Avernon podría creer que, en el fondo, el Dr. Yrigoyen estaba esperando algún tipo de recompensa monetaria, pero que llegar a esa conclusión era peligrosísimo; que si intentaban sobornarlo Yrigoyen nunca se lo perdonaría y, aunque increíble, lo que el decía parecía ser totalmente sincero.

¿Cuáles son las razones que da Yrigoyen? Una es que ha entrado en una especie de obsesión antinorteamericana. La otra es muy curiosa y es que él quiere hacer algo por el gobierno laborista inglés porque al fin y al cabo el laborismo inglés es un partido que es el equivalente inglés de la Unión Cívica Radical. Ahora bien, ¿qué ha ocurrido aquí? Yo creo que en una lenta adaptación al clima de discusión política que se desarrolló en la década del veinte, Yrigoyen empezó a incluir elementos nuevos, elementos que venían de una cultura política diferente, en su visión de la política (y con esto me acerco a terminar, no se asusten ustedes), pero esa innovación era muy superficial. Entonces, me parece que lo más curioso de la extrañeza que causaba Yrigoyen era que, en el fondo, Yrigoyen representaba una versión extrema, casi una extrapolación de una visión de la política que era bastante vieja en la Argentina. Yo creo que las tentativas de mostrar que Yrigoyen era un heredero de la tradición rosista, me parecen totalmente carentes de fundamento. Pero había otra tradición más cercana en la que al fin y al cabo Yrigoyen se había formado. Yrigoyen había sido una figura de una relativa importancia en las filas del autonomismo porteño en una época en que, por cierto, todavía no había desarrollado sus preocupaciones por la pureza del sufragio que luego lo iban a caracterizar. Él era comisario de Balvanera y su tío, Leandro Alem, ganaba elecciones en Balvanera con una eficacia considerable. ¿Cuál era la cultura política en la cual ese tipo de dirigente de segunda fila se nutría en la Argentina? Era una cultura política que yo creo que estaba hecha de editoriales de diarios. ¿Y qué decían esos editoriales? Esos editoriales, en primer lugar, reflejaban un culto sin fisuras a una tradición democrática que llevaba adelante la identificación con la voluntad popular como la fuente de toda salud y constantemente presentaba como elemento positivo al pueblo. Es decir, "el pueblo terminará por limpiar estos establos de Augías", etc. Era una literatura muy notable teniendo en cuenta que el pueblo muy sensatamente no votaba. Las elecciones eran disputas entre máquinas electorales. Personalmente me ocupé de estudiar unos anuncios apocalípticos de José Hernández que anunciaban que finalmente el pueblo iba a barrer con las iniquidades mitristas. Llega el día de las elecciones y los mitristas ganan por la formidable movilización de seiscientos votos en toda la ciudad. Lo notable es que pasa eso y Hernández no está ni sorprendido ni afligido, es decir, vuelve a decir "ya vendrá el pueblo".

Ése es el núcleo del mensaje de Yrigoyen. Era una muy modesta visión de la política que era la que mantenía, dinamizaba, esas máquinas que en el fondo tenían esas ilusiones y las pequeñas ventajas quedaban. Una máquina electoral, por otra parte, bastante frugal. En ese sentido, yo creo que la visión más penetrante de Yrigoyen entre las de todos sus adversarios curiosamente es la del texto de Carlos Sánchez Viamonte, El último caudillo, en la cual hay una observación que me parece perfectamente válida; es decir que Yrigoyen era cronológicamente un hombre de la generación del 80, pero un hombre para el cual la generación del 80 no había existido. Es decir que él vivía espiritualmente en 1870 y que hasta casi el fin él había vivido con los valores, con la retórica, pero una retórica que era algo más que retórica, que era fe, porque Yrigoyen creía realmente ­como le decía a Alvear­ que cada victoria radical era un mojón en el camino hacia la redención.

Quisiera hacer una última consideración que es la siguiente:

La reorientación de Yrigoyen hacia una misión más moderna, cercana a la visión de partido de ideas, lejos de favorecerlo lo perjudicó, porque de alguna manera en un contexto en el cual los choques de ideas ya se encarnaban en choques de grupos sociales, las ideas avanzadas que a comienzo de siglo eran consideradas un rasgo de elegancia política intelectual, comenzaban a ser ideas peligrosas. Entonces, cuando Yrigoyen cae no se le reprocha no haber hecho nada, no se le reprocha haber mantenido un discurso totalmente vacío y haber hecho política por la política misma; se le reprochan las ocho horas, se le reprochan accidentes de trabajo, se le reprocha esto y aquello. Yrigoyen finalmente ha aprendido cómo debe ser un político moderno y ese tipo de político moderno tampoco es lo que sus adversarios quieren.

































Fuente: Versión desgrabada de la conferencia dictada por Halperin Donghi en la Universidad Nacional de Quilmes en octubre de 1997 en Instituto Nacional Yrigoyeneano.
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viernes, 10 de octubre de 2014

Aldo Tessio: "El Petróleo Argentino" (1 de agosto de 1958)

El país vive en estos momentos una etapa de optimismo motivada por el mensaje que el Señor Presidente de la Nación, dirigió al Pueblo respecto de las soluciones arbitradas para resolver el problema del petróleo.
Los diarios más importantes, señalan la solución de la colaboración extranjera, y la banca y el comercio destacan este acontecimiento, como la panacea a la afligente situación económica que soporta el país, consecuencia de una política de desacierto y desorden desarrollada por el régimen depuesto.
Empero conviene destacar que un problema de tanta magnitud y trascendencia para los argentinos, debe ser analizado serena y profundamente, sin ánimo de crítica y obstrucción sistemática, como tampoco mediante una aceptación fatalista que complique el porvenir del país.
Mi partido, la UCR del Pueblo, ha sostenido en la Convención Reformadora de la Constitución de 1853, reunida en esta ciudad, la necesidad de declarar entre otros, “a los yacimientos de petróleo y de gas, propiedad imprescriptible a inalienable de la Nación”, agregando que “la explotación, industrialización, distribución y comercialización del petróleo, gas, carbón y elementos nucleares, estarán a cargo exclusivo de la Nación, que convendrá con las provincias respectivas, el otorgamiento de porcentajes equitativos y razonables sobre los productos que ella extrajere, sometiendo cualquier diferencia al laudo de la Suprema Corte de la Nación. En ningún caso la Nación, ni las Provincias, podrán otorgar concesiones privadas a los fines indicados, quedando a salvo los contratos de locación de obras o de servicios"
El Poder Ejecutivo de la Nación participa de estos principios y en ese sentido ha anunciado el envío de un proyecto de ley al Congreso de la Nación, no obstante existir ya el presentado por nuestro bloque de diputados, que declara las fuentes de petróleo y de gas, propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación.
En nuestra opinión los contratos de extracción del petróleo, siempre a estar al mensaje del Poder Ejecutivo, comprometen la economía y la soberanía nacional, por los motivos siguientes:

  1. No se aplica, el requisito elemental de la licitación publica, no obstante tratarse de la operación más cuantiosa que realiza el país en toda su historia.
  2. Se encarga a empresas petroleras yanquis la perforación de pozos y estas aceptan este trabajo, siendo que las mismas compañías no lo realizan directamente en su lugar de origen, desde que lo encargan a empresas dedicadas específicamente a estas tareas.
  3. No obstante que esta prevista estas operaciones de perforación y extracción de petróleo, superar mas del triple de la producción actual, no se prevé en el plan general la instalación de nuevas plantas de refinería y destilación y en consecuencia no se sabe quien o quienes y donde se procederá a realizar estas operaciones técnicas. Por cierto no presumimos que se exporte para su destilado el petróleo obtenido y menos que el mismo se destile en plantas de empresas extranjeras instaladas o lo que seria peor, a instalar en el país, por el capital internacional.
  4. De las informaciones suministradas no surge el costo de obras, precios, tasa de beneficio y tasa de interés para los pagos diferidos, como tampoco tiempo cierto de la duración de los contratos.
  5. No se conoce la proporción en que serán efectuados los pagos en divisas, que tipos de ellas y la proporción en moneda nacional.

Entendemos que en momentos en que por el esfuerzo exclusivamente argentino, a través de los técnicos de YPF, se ha terminado prácticamente de hacer el cateo en la mayor parte de nuestro territorio, operación esta que no produce rendimiento por si sola; que en el instante en que el país produce en grandes cantidades cañerías de entubacion, a tal punto que hace poco tiempo YPF, ha adjudicado a una firma argentina trabajos de esta naturaleza por valor de setecientos ochenta y cinco millones de pesos, y hemos comenzado a ser exportadores de este material, lo mismo que cables de arcillas, cemento para pozos petroleros, y que disponemos de trépanos de excelentes resultados fabricado en Córdoba, que usan en las delicadísimas perforaciones de Campo Durand; que es propósito de las compañías extranjeras solo perforar y sacar petróleo en apariencia y por ultimo que en momentos en que los pueblos luchan por terminar con la injerencia extranjera en la explotación del petróleo, causa de lesiones a la soberanía, debemos decir tal como lo expresa con autentica  vocación argentina el Ing. Julio V. Canessa, en su obra “La real situación petrolera” (Abastecimiento de combustible), editado en abril de este año:

“Estados Unidos, nuestra hermana mayor, debe saber que si necesita petróleo y nosotros tenemos en exceso, nada será mas grato que vendérselo, pero sin necesidad de que para ello, tenga que ser producido en nuestro territorio por empresas norteamericanas, especialmente tratándose de un petróleo que no solo hemos encontrado con nuestra pericia, nuestro esfuerzo y dinero, sino que ostensiblemente se ha negado siempre a ayudar al gobierno argentino en esta tarea”
“Debe también tener la seguridad el pueblo de los Estados Unidos, que el petróleo argentino en manos argentinas, no estará en caso de conflicto, nunca, al servicio de otra causa que no sea la de la democracia y de la libertad”


























Fuente: El Petróleo Argentino del Diputado Nacional por la UCRP Dr. Aldo Tessio publicado en el Diario “El Litoral” el 1 de agosto de 1958.
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jueves, 9 de octubre de 2014

Carlos Zavala: "Carta Abierta al Pueblo de San Luis" (2009)






CARTA ABIERTA A LOS RADICALES OREJANOS Y A MIS AMIGOS PERSONALES QUE ME ACOMPAÑARON
EN TODA MI MILITANCIA POLÍTICA

Como todos saben, se vienen las elecciones de Legisladores en todo el país, nunca he sido partidario del "no te metas" criollo, porque así, hemos dejado prácticamente despedazada a la patria.
En los momentos más difíciles, los que tenemos vocación política, debemos salir a decir lo que pensamos.
No quiero hacer historia de mi militancia partidaria, porque entiendo que sería aburrir a todos.
Saben quien fui y quien soy ahora, achacado por las enfermedades.
Era un ignoto y desconocido joven abogado, proponiéndome en la dictadura militar hacer sentir a los sanluiseños el orgullo de ser radicales. Fue una larga historia que me llevó no menos de treinta años de mi vida. En 1983 los propios radicales me cortaron el voto cuando fui candidato a gobernador por el partido radical, ésta fue mi primer gran frustración y la única.
El entonces presidente electo presidente de la nación Raúl Alfonsín, quiso restañar la cagada que se habían mandado sus partidarios y adherentes. Me hizo llamar para que fuera a la ciudad de Buenos Aires a verlo. Allí en el despacho presidencial el propio Alfonsín me dijo textualmente:

"yo tengo que restañar la macana que se mandaron mis propios partidarios, quiero recompensarlo por su trayectoria militante, enviándolo de Embajador de Argentina a un destino que podría ser Colombia o Canadá. Y si usted no quiere salir del país le propongo integre el equipo político del designado ministro del Interior Troccoli, en el cargo de subsecretario".

Este ofrecimiento me dejó perplejo, pero reaccioné inmediatamente y le respondí:

"Señor presidente, a mi nunca en la vida me perdonaron nada y todo lo que hice fue producto de mi propio esfuerzo. Le agradezco, pero si alguna vez llego a ser funcionario público será por el voto popular y cumplo en decirle que yo no participaré del movimiento interno que usted representa en nuestro partido. Se avecinan días negros para el radicalismo y nuestro país, espero equivocarme".

Entonces Alfonsín rápidamente me replicó si iba a seguir con mi profesión de abogado, le respondí que seguiría con mi profesión de abogado y militando, pero en contra de sus seguidores y hablamos de otras cosas de las que no quiero extenderme. Volví con las manos vacías pero con la mente tranquila a mi provincia, ya que no me vendo por un cargo ni una mención de honor.
Mis amigos dirigentes radicales, me putearon de arriba a abajo. En la UCR se había adoptado lema del peronismo "el que pierde acompaña, agarrando cualquier cosa". Me volví a presentar a elecciones interna en el año 1985 y gané dichas elecciones, todavía conservaba el apoyo de una gran parte del radicalismo, que hacia de la intransigencia un modo de vida, en ese año, los peronistas oficialistas asaltaron la legislatura de la provincia de San Luis, para forzar que los dos senadores nacionales fueran peronistas. Ya estaba el tufillo desgraciado del "tercer movimiento" en la Argentina, motorizado por el propio presidente Alfonsín, donde estaba la inmunda Coordinadora y los históricos de Renovación y Cambio que decidieron ir a un plebiscito vinculante para elegir quien se llevaría los dos senadores. En esos días llegó a San Luis el hermano del presidente, quien manejaba el PLAN ALIMENTARIO NACIONAL (las cajas PAN), recuerdo que me dijo: "con las cajas del PAN, Raúl gana en todo el país".

Le respondí que con las cajas del PAN iban a contribuir a un nuevo polo de pobreza y hambre de la Argentina.
Ahora viene lo peor de la historia, en especial lo que llamo: los radicales orejanos que me acompañaron en mi éxodo partidario. Como en ese entonces como mis propios amigos decía que teníamos Alfonsín para cien años (¿no les suena actual, igual que la monarquía del kirchnerismo?), y los peronistas presentaron el proyecto para reformar la Constitución provincial y llegó la orden del Comité Nacional del radicalismo, presidido por un senador nacional, para darle la reforma en el orden provincial para que cedieran la reforma nacional. Se armó un despelote impresionante, el bloque provincial del radicalismo se dividió en dos, uno presidido por el Contador Luis Eugenio Sívori y el otro por los alfonsinistas que querían darle todo a los negros Rodríguez Saá.
Ahora llega la mayor felonía de la historia, no me presento a elecciones de diputado constituyentes y entrego el partido a los nuevos dirigentes, pero antes de retirarme, le dije a mi entrañable amigo Sívori: "vamos a demostrarle a esta basura que somos mejores que ellos". Les voy a comprar una sede ya que desde siempre nos reuníamos en bares. Así adquirimos una casa a media cuadra de la plaza principal de San Luis, pagándola con el diez por ciento de las dietas de los diputados nacionales y provinciales y si faltaba algo de dinero, la pondríamos nosotros dos. El saldo con la inflación que se esperaba, iba a ser un regalo para estos guanacos. Pues bien, ya saben lo que les esperaba radicales orejanos, que me siguieron en el éxodo del partido. Y la peor felonía de esos pseudos radicales escudados detrás de Alfonsín, fue que los hermanitos Rodríguez Saá se dieran el lujo inadmisible que dos diputados convencionales radicales fundamentaran la elección indefinida del gobernador Adolfo. Ellos fueron los radicales Ipiña y Agundez, LA MAYOR ENTREGA QUE SE RECUERDE.

A continuación de este episodio abominable, vienen todas las situaciones colaterales, no aguantando más la corrupción imperante en la UCR provincial, que contribuí a refundarla con mi militancia a fines de los 70', ya que había desaparecido de todos lados.
Me presenté a la Justicia Federal y renuncié a la afiliación con gran dolor, siendo lo mismo que cuando uno está enamorado de la mujer que ha conocido y descubre que es una prostituta.
Me putearon de todos lados, hasta un entrañable amigo de la ciudad de San Luis, me trató de traidor. Me retiré para dedicarme a mi profesión y actividades privadas. Esa persona que me había tratado de traidor vino a verme 25 años después para darme la razón, de que estábamos y seguimos manejados por hijos de puta. No volviendo a participar nunca más en política.

Allá por 1995 algunos radicales orejanos sin partido ayudaron a combatir el menemismo que era igual que el kirchnerismo actual, no volvía a votar nunca más. Finalmente a principios de 2001, cuando leí y escuché que una ignota y desconocida diputada nacional por la provincia del Chaco se oponía a la concesión de la suma del poder público, que se le daba al ex ministro de Economía Domingo Cavallo (nombrado por el presidente radical De la Rúa) autor de la mayor parte de los males de este país. Esa misma desconocida renuncia al bloque de diputados nacionales, a la UCR y funda un nuevo partido. La ignota era Elisa "Lilita" Carrió, que llamó a su partido ARI, muchos dirigentes del éxodo radical la acompañan y en la provincia sólo dos o tres participaban a la distancia. Luego viene la explosión en la Argentina.

Vuelvo a votar después de muchos años a la doctora Carrió para presidente, pasan 4 años se repiten las elecciones presidenciales y nace la Coalición Cívica que es una alianza entre el ARI y el socialismo y otros partidos épicos de la Argentina donde ingresa Margarita Stolbizer por la provincia de Buenos Aires.

Los radicales basura provinciales llevan a la fórmula Lavagna-Morales, un nuevo pacto llamado Alfonsín-Duhalde, que antes fue Alfonsín-Menem, los radicales orejanos votamos la fórmula CARRIO-GIUSTINIANNI.

Queridos orejanos, llegó el momento en que todos demos en conjunto la cara y apoyemos al Frente Cívico y Social, liderado por Elisa Carrió, con el agregado del propio hijo del ex presidente Alfonsín.

Era hora que se dieran cuenta estos pelotudos.
No pienso gastar dinero en solicitada para que lean esta carta los radicales orejanos como yo, ya que el Frente Cívico y Social no tiene un solo peso, ahorro el costo en solicitada y dono el importe correspondiente a la impresión de los votos.
Pero ¡ojo! queridos orejanos, se nos viene un problema mayor, ya tuvimos los radicales-k y ahora tendremos los radicales cobistas, con todo el apoyo y el dinero del Grupo el Clarín, está a la vista como resaltan a Cobos en todos lados.

Los que en esta provincia eran Línea Nacional y la mayor parte de Renovación y Cambió, tengo entendido que se van con el cobismo. Cuidado, el final de esta película no la voy a ver, porque seguramente no me dará el tiempo, hay que luchar denodadamente por Carrió, es la única esperanza que tenemos para nuestros hijos y para la República.

Muchas personas queridas de la Coalición Cívica me pidieron que no ofendiera a los alfonsinistas y cobistas que se pasaron a la Coalición Cívica, me pidieron una declaración light, pero no puedo con mi genio, siempre he dicho la verdad, si en algo he mentido es por mujeres, a las que amé toda mi vida. Por suerte la Coalición Cívica son la inmensa mayoría, son los mas sanos y no se venden fácilmente por monedas como los radicales basura de la provincia.

Carlos “Tincho” Zavala
























Fuente: Carlos Zavala: "Carta Abierta al Pueblo de San Luis" (2009)
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miércoles, 8 de octubre de 2014

Balbín - Frondizi: "Candidatos del Pueblo" (noviembre de 1951)

Creemos indispensable difundir, en pocas líneas, la trayectoria de la vida de los dos hombres representativos de una generación joven y apasionada por la recuperación de las libertades y los derechos ciudadanos, que la Unión Cívica Radical ha consagrado ---en la memorable Convención Nacional del 6 de agosto del corriente año--- como candidatos del pueblo para la presidencia y vice presidencia de la Republica en el periodo de 1952 a 1958.

Ricardo Balbín y Arturo Frondizi son realmente los “Candidatos del Pueblo”, porque sienten sus reclamos y garantizan la realidad de una justicia que ha labrar, efectivamente la felicidad de todos los argentinos, en una sociedad sin odios, sin miedo y sin privilegiados y en beneficio de todos los hombres que trabajen en la tierra argentina.

La Plata 1951

        Juventud Radical












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Fernando de la Rúa: "Debate de la Ley de Abastecimiento" (19 y 20 de junio de 1974)

Sr. de la Rúa. Pido la palabra.
Sr. Presidente (Allende). Tiene la palabra el señor senador por la Capital.
Sr. de la Rúa. — Señor presidente, señores senadores; es indudable que la consideración de este proyecto se inserta en la problemática económica analizada en esta misma sesión con la presencia del señor ministro de Economía, en lo que ha dado en llamarse una introducción o prologo al debate económico que se hará en una sesión próxima. Esa breve reunión con el equipo económico fue índice claro de la existencia de signos de alarma y preocupación que surgen de las preguntas e inquietudes expresadas por los señores legisladores y que son en definitiva las preguntas e inquietudes que se plantea el hombre de la calle.
Indudablemente existía un clima de inquietud en los consumidores. Ese clima existe también en los trabajadores y en muchos sectores empresarios. Hemos podido ver en este primer planeo sobre la situación económica que no hay que dramatizar demasiado el problema pero que, para evitar esa dramatización, la opinión pública necesita una información amplia y oportuna. Para eso sirven estas reuniones y debates, y por ello expresamos nuestro anhelo de que se realice pronto el nuevo encuentro de este cuerpo con el equipo económico, para esclarecer varios puntos obscuros.
Ha quedado a la vista que no es malo todo lo que pasa. Ha habido aciertos significativos; entre ellos, el régimen sobre los capitales extranjeros, la reforma impositiva y la apertura de nuevos mercados. Puede señalarse como positivo el hecho de que la política de precios y salarios persiga objetivos tan importantes como la redistribución del ingreso en el país, y que eso se haya manifestado en una tendencia de aumento para el sector laboral, en una disminución de la desocupación y en un aumento o expansión del consumo. Otro aspecto importante es la contención de la inflación, sobre lo que esta tarde se ha afirmado que existen indicios claros de una cierta estabilidad.
¿Donde esta, entonces, la causa de esa preocupación que llego a un nivel tan intenso que provoco el 12 de junio una movilización popular y llevo al presidente de la Republica a usar de la palabra ante los canales de televisión?
Es cierto mucho de lo que ha explicado el señor ministro de Economía; lo es así mismo mucho de lo puntualizado por los señores senadores que expusieron sus puntos de vista; pero ocurre que también hay defectos reales y tangibles que se deben corregir.
Aparecen como índices visibles el desabastecimiento efectivo y real en muchos insumos, la existencia de un mercado negro que debe ser eliminado y una falta de: inversión que es notoria en el país. Esto puede ocurrir por baja rentabilidad en ciertos casos o por un afán de ganancias excesivas en otros, pero también por algo que puede observarse: que no existe un buen aparato de control y que no ha habido una adecuada flexibilidad en la implementación de las políticas. Incluso en ciertos casos no ha habido un adecuado criterio de oportunidad. El país, por ejemplo, ha estado exportando hierro y papel Kraft, productos con respecto a los cuales se padece ahora un desabastecimiento notorio. Si se hubiesen dispuesto más oportunamente las restricciones a la exportación de estos insumos, no se sufriría este proceso. Mientras tanto, y en virtud de esas exportaciones, Brasil ha ido efectuando una importante acumulación de stock de estos insumos críticos respecto de los cuales hay carencia mundial.
Bien ha dicho el señor senador Pugliese que aquí hace falta un replanteo que permita reajustar el equilibrio necesario. Es imprescindible mejorar los controles y hacerlos selectivos pero, sobre todo, asumir la realidad y estar sobre ella. Es preciso aprovechar la capacidad instalada en el país. Con esto, traigo tangencialmente la referencia a los talleres ferroviarios, como los de Tafi Viejo, que están funcionando a la mitad de sus posibilidades reales y que deben rehabilitarse y reactivarse efectivamente.
Hace falta que se intensifique y oriente a obras necesarias el gasto publico, porque es evidente que en este aspecto existe pobreza en las realizaciones. Es decir, se trata de adoptar todo un con junto de medidas sobre lo cual sena ocioso profundizar a esta altura del debate, pero que básicamente debe traducirse en una generación de confianza, ya que difícilmente una economía marche bien, aunque técnicamente este estructurada en forma correcta, si los factores psicológicos de la confianza se pierden o se deterioran.
Por ello, seria ideal que los medios masivos de comunicación fuesen utilizados para mantener adecuadamente informada a la opinión pública, de forma tal que se logre una recuperación de confianza, y que no se emplee con tanta frecuencia la cadena oficial de radio y televisión para cierto tipo de propagandas estériles. En otras palabras, debería destinársela a crear y mantener confianza en la población mediante informaciones que reclama y necesita y que no se le suministran como es debido.
Hay algo importante en todo lo que ha ocurrido en los últimos días; me refiero a la actitud de autocrítica del gobierno que ha asumido, en rigor, la realidad, que casi se le escapaba de las manos en el plano de la política económica y que lo ha llevado a reconocer que existen factores que deben ajustarse y corregirse. Recuerdo que el discurso del señor presidente del día 12 de junio empezó admitiendo la existencia de defectos y aludiendo a ciertos funcionarios que habían obrado de manera inadecuada con relación a la política que realiza el superior gobierno de la Nación. Pero todavía se aguardan los pasos concretos y la expectativa subsiste.
En todo esto hay una cuestión fundamental: quien lleva a cabo la política de concertación es el gobierno y, por lo tanto, es fundamental la eficiencia y la efectividad gubernamental.
Quien actúa y quien programa es el gobierno, y no hay tal sin unidad en la conducción y en la ejecución. Precisamente es la política concertada la que exige más unidad y disciplina gubernamental. Sin este requisito, se corren serios riesgos de fracasar.
Se entiende mejor la importancia de la unidad gubernamental en una política concertada si se la compara con los sistemas extremos. En un sistema liberal, el gobierno se diluye en una función de arbitraje; la economía depende de la capacidad del sector privado. En un sistema totalitario el gobierno es omnipotente; nadie puede discutir ni oponerse. Si el gobierno fracasa, la sociedad no puede señalar carencias ni proponer formulas de reemplazo.
Pero en un sistema de democracia social como el que propugnamos, el gobierno no arbitra sino que conduce. Hace falta, entonces, un gobierno efectivo, capaz de ejecutar la ley, y a la oposición le toca la gran responsabilidad de ejercer el control republicano, pero la clave del éxito reside no solo en la estabilidad de las instituciones sino en la calidad de los elencos que tienen que gobernar. Por eso, el gobierno tiene la enorme responsabilidad de cumplir nada menos que su función de gobernar.
En la democracia social la oposición esta por ese motivo fuera del gobierno y es un control externo. Pero un gobierno con oposiciones internas corre graves peligros, porque en una sociedad compleja y difícil como la nuestra no puede darse el lujo de la división. Por eso es imprescindible, señor presidente, que se asegure la unidad gubernamental, que ofrece resquebrajamientos y no se da plenamente. No se debe esperar más tiempo para esto.
Por eso nosotros desde la oposición planteamos el problema con tanta premura. Sabemos que una democracia no perdura sin la legitimidad de las instituciones, y nosotros somos celosos defensores de ellas.
Pero las democracias también sufren cuando los gobiernos afrontan contradicciones internas y conflictos de sectores, Por eso esta es una rectificación que el país reclama con urgencia.
Vamos a sancionar esta noche una ley sobra abastecimiento —tal es su nombre—, aunque sobre abastecimiento específicamente tiene las limitaciones y falencias que ha señalado el señor senador Pugliese. Esta ley debe aplicarse de un modo coordinado con los gobiernos locales, tendiendo también a solucionar e] problema del abastecimiento en cada uno de los Estados provinciales. De allí la importancia, señor presidente, de que cierto tipo de conflictos y de- moras que existen en las administraciones provinciales sean superados con una actitud de grandeza por parte de los hombres llevados a esa responsabilidad por el partido que hoy gobierna.
Esta ley que consideramos es un instrumento para restaurar el equilibrio aplicándola a quienes lo rompan maliciosamente. No resuelve los problemas de fondo; ataca efectos, aun cuando lo importante es remediar las causas. Que no sea, señor presidente, como blanquear un rancho: el barro seguirá abajo sin convertirse en cemento. Hay que ir al fondo del problema.
Esta es una ley de emergencia, de excepción. El señor secretario de Comercio, en la reunión de comisión de la Cámara de Diputados, así lo dijo: “es una ley de excepción para ser aplicada en circunstancias excepcionales”. Ley de emergencia económica, la llamo el señor diputado Porto. Y aquí el señor miembro informante ha dicho que no es una ley para regir siempre y en todo momento. Por eso pensamos que debiera tener término, de modo que el Parlamento fuera luego consultado nuevamente sobre la necesidad de prorrogarla, lo que implicaría la consulta sobre la evaluación de la emergencia económica. Esta es una observación que hago al pasar, porque el Parlamento conserva siempre la facultad de pronunciarse motu propio sobre si han cesado las condiciones que determinaron el establecimiento de una ley de este tipo.
Es importante señalar que esta ley toma en cuenta todo el proceso económico, desde su origen. Lo señalaba bien el señor diputado Musacchio al decir que no se limita exclusivamente a la distribución minorista de determinados productos, sino que con mas amplitud toma desde el origen hasta el fin del proceso económico, es decir, todo el proceso de producción hasta la llegada de los bienes al consumidor.
En un repaso rápido, señor presidente, de algunas disposiciones que han concitado nuestra atención, y sin que esto implique una posición divergente con la asumida por los señores diputados de la Unión Cívica Radical —como lo ha explicado el señor senador Pugliese (si insistiera no haría sino ratificar lo que el ha dicho) —, he de referirme a algunas de sus normas señalando los motivos que nos impulsaron a subscribir con disidencias parciales el despacho de la comisión.
Nosotros observamos que en el artículo 1, para determinar el ámbito de la ley, se hace referencia a la cultura. Entiendo que esta referencia a la cultura debe limitarse, en la aplicación practica de la ley, exclusivamente al problema de abastecimiento de elementos que sirvan a la cultura, como útiles, textos escolares, etcétera. De ninguna manera puede ser utilizada de modo que signifique una restricción a la libertad de opinión o de informarse. Digo esto porque con mucho acierto el señor diputado Natale planteo una disidencia al despacho de la Cámara de Diputados en la cual sugería agregar un articulo 32 que estableciese que «ninguna medida fundada en la presente ley podrá ser aplicada a las actividades relacionadas con la cultura, las expresiones artísticas, la emisión de opiniones, la edición de libros con excepción de los textos destinados a la enseñanza, revistas, periódicos o diarios y a las actividades de radiodifusión, televisión y cinematografía*. Es importante decirlo, porque descuento que es coincidente el espíritu de todos los señores senadores respecto al alcance de esta norma. Pero como la ley prevé facultades de ocupación, intervención o administración de determinados establecimientos o productos, que se entienda bien, señor presidente, que cuando aquí se hace referencia a actividades vinculadas con la cultura se esta procurando evitar un problema de abastecimiento inadecuado e impedir distorsiones en el mercado, pero de ningún modo se puede afectar lo que constituye un valor esencial de la democracia como es el derecho a opinar y a informarse.
Debo agregar que comparto una afirmación que hiciera el señor diputado Mastolorenzo con respecto al artículo 29, que se refiere a que la ley será aplicada por el Poder Ejecutivo por si o a través de los funcionarios u organismos que determine. El diputado Mastolorenzo insistió ante la comisión respectiva de esa Cámara que la ley debía decir solamente «organismos». Y esta es la buena doctrina. No se trata de una cuestión fundamental, pero indudablemente no es a una persona determinada a quien se encomienda la aplicación de la ley sino que tal función debe estar a cargo de un organismo que no dependa de la sucesión de posibles funcionarios que estén a su frente, sobre todo en atención a las facultades especificas que resultan del con- junto del texto de este proyecto.
Con relación al inciso g) del mismo articulo 29, en la Cámara de Diputados se planteo un problema de escrúpulos constitucionales. Esto llevo a que se suprimiera la palabra «incautación» y quedase el texto tal como viene en revisión a este Honorable Senado, en que se alude a «intervenir» y «disponer», Estos son los verbos que resumen la norma, y debo decir que con esa redacción no puede existir escrúpulo constitucional alguno. Se trata simplemente de poner los bienes al servicio de la comunidad. No se trata de un problema de expropiación sino, en todo caso, de substitución en funciones sociales frente a casos de emergencia, con un concepto moderno de lo que es la empresa y de lo que es la propiedad, concepto adecuado al sentido de la democracia social que sustentamos.
Pero este mismo inciso g), que es muy extenso, tiene mas adelante un párrafo en que alude a la información periódica al órgano judicial como una de las características con que se implementara la intervención a que alude en su primera parte. Dice: «Concretada la toma de posesión, los afectados podrán solicitar la intervención del órgano judicial competente, según los artículos 15 y 16, el que lo hará ajustándose a un procedimiento que contemple —principalmente— los siguientes aspectos...». Y aquí ocurre, señor presidente, que esta peculiar intervención del órgano judicial no este bien determinado, porque surgiría sin que exista proceso o cuestión alguna planteada. Aquí el órgano judicial aparece casi con una función de control, de supervisión, sin haber podido participar en la decisión de intervenir a que alude esta norma.
Señalo que existe en esto una imprecisión que ocasionara problemas en la práctica, porque si bien se alude en los artículos 15 y 16 a quienes son los jueces competentes, pienso que será muy difícil la intervención del magistrado sin que exista una cuestión litigiosa que pueda resolver. Los informes que ha de recibir el juez no tienen en si ningún sentido. Solo puede llegarse a el por vía de recurso de impugnación de una decisión administrativa. Es por eso que sostengo que esto resulta confuso y debería ser aclarado.
La mayor preocupación surge, en realidad, de los artículos 49 y 59, que definen las infracciones y establecen las sanciones, respectivamente. El primero de esos artículos define las infracciones con expresiones que considero erróneas o demasiado genéricas. Así, por ejemplo, se habla imprecisamente de «ganancias abusivas», «existencias superiores a las necesarias», etcétera. Además, en el inciso d) se utiliza el verbo «intermediar», pero falta una coma después de esta palabra, y tal como queda redactado sin ella, pareciera que la figura delictiva la constituye el mero hecho de «intermediar», Y esto no puede ser así. En esta norma queda como punible el solo hecho de intermediar, cuando lo que se quiere castigar es la «intermediación innecesaria». Como se ve, entonces, la figura resulta imprecisa.
Lo mismo ocurre en el inciso e) donde se habla de «cualquier otro acto», que es el modo más inadecuado de describir conductas susceptibles de castigo.
En el inciso f) se incurre en otra grave omisión gramatical de serias consecuencias, también por no colocar la coma donde corresponde; de esta forma resulta sujeto a sanción el que negare la venta de bienes. De modo que el solo hecho de la negativa, que puede tener un motivo legitime, vendría a ser causa de sanción cuando lo que se quiere penar es la «negación injustificada».
El inciso h) fue objeto de críticas bien fundadas por parte del señor diputado Mastolorenzo. Este inciso castiga a quienes no tuvieren para su venta mercaderías con precios máximos, y a] no poseerla no vendan a dichos precios mercaderías similares de mayor calidad o precio. Esto tiene el agravante de que deriva a la reglamentación las posibles eximentes, Pero como bien señalo el citado legislador, esta norma, además de ser confusa, encierra el riesgo de perjudicar al pequeño comerciante, quien deberá vender a perdida la mercadería de mayor calidad a un precio inferior, y tendrá que salir a pelear con los intermediarios que dejan de abastecerlo o generan mercado negro, con lo cual el Estado deriva al pequeño comerciante la responsabilidad de combatir un vicio que debiera contrarrestarse por otros medios y no poniendo al almacenero, al carnicero o al verdulero en esta suerte de lecho de Procusto en que se ha de encontrar entre la intermediación inescrupulosa y las sanciones que prevé la ley.
En el inciso j), a su vez, se establece que se castigara a quienes «violaren cualesquiera de las disposiciones que se adoptaren en ejercicio de las atribuciones que se confieren por los artículos 29 y 39». Tenemos aquí la mas absoluta y amplia norma penal en blanco, por cuanto de acuerdo con ella, el funcionario o el órgano de aplicación tendrá prácticamente la facultad de crear indirectamente figuras que, como veremos en seguida, asumen carácter de delitos para los cuales se prevé pena de hasta cuatro años de prisión.
Esto, sin aludir al error gramatical de utilizar el plural «cualesquiera» en lugar del singular «cualquiera», con lo que el infractor tendrá que haber violado por lo menos dos disposiciones, porque una sola no hace plural. Pero esto ultimo, señor presidente, es circunstancial, y no quiero parecer formalista.
El articulo 59 establece las sanciones; muchas de ellas tienen carácter administrativo y otras son verdaderas penas de derecho penal económico, Aquí se han reunido en una sola norma faltas y delitos. No se ha hecho una distinción en las figuras sino solo una diferenciación en las penas a través de una escala progresiva. Pero si bien se mira, la inhabilitación especial de uno a cinco anos del inciso j), la suspensión de uso de patentes y marcas del inciso i) y, sobre todo, la pena de prisión de seis meses a cuatro años del inciso j) son verdaderas sanciones penales.
El mensaje del Poder Ejecutivo —y así lo han reiterado los señores miembros informantes, en especial el señor senador por Mendoza— dice que esta ley no es represiva sino preventiva porque al poner penas muy severas evita que se cometan los delitos. Nunca he oído, señor presidente, semejante argumento: decir que una ley penal, punitiva, es solo preventiva porque establece penas mas graves! Cuanto mas graves son las penas, mas represiva es la ley.
Lo peligroso es que este inciso j), que establece pena de prisión de seis meses a cuatro años, vincula la aplicación de la pena con una definición sumamente genérica; «En caso de que los hechos adquieran por su naturaleza o por sus consecuencias especial gravedad, en lugar de la pena establecida en el inciso b) se aplicar la de prisión de seis meses a cuatro años». Será difícil al ciudadano que puede ser objeto de la aplicación de la pena, saber cuando puede o no caer en ella. Y no se en base a que criterio podrá determinar el juez en un caso particular esta «especial gravedad» a que se refiere el inciso j). La gravedad debe apreciarse en el con- junto de la realidad economiza, pero el juez tendrá que resolver un caso concreto y no puede exigírsele la comprensión de la Integra situación general. De modo que aquí también existe una grave imprecisión.
Señalo finalmente que el inciso h.) Del artículo 12 otorga a la autoridad de aplicación facultad para detener por 48 horas, pero no se establece que debe ponerse el detenido a disposición del juez competente, con lo cual se pone en peligro la libertad protegida por el artículo 18 de la Constitución Nacional. Esta medida solo puede vincularse con el arresto que puede ordenar la autoridad de aplicación, pero para ello no se necesita la medida preventiva de detención por 48 horas. Me parece que esta es una facultad que puede ser peligrosa, porque es riesgosa toda atribución de facultades a autoridades administrativas para privar de la libertad individual a las personas. Cuando de la privación de la libertad individual se trata, señor presidente, debe asegurarse la garantía del juez natural para respetar verdaderamente el principio constitucional.
Y bien, señor presidente: ha dicho acertada- mente el señor senador por la provincia de Buenos Aires que a este proyecto le falta un capitulo, justamente sobre el problema del abastecimiento. Por eso esta ley, más que al abastecimiento, se refiere al control de la economía en el sector privado. Este proyecto plantea, por eso, lo que decíamos al principio: la responsabilidad del Estado en el proceso, que no puede derivar todo a las partes del llamado Pacto o Acuerdo Social sobre el que ya hemos dado nuestra opinión. Hay muchos que no se sienten representados en el y es la autoridad del Estado, la del gobierno, la que debe actuar cuidando el interés de todos. Una política de precios y salarios exige, como dijimos, estar sobre los hechos y exige realizaciones concretas; supone agilidad y flexibilidad.
Es imprescindible distinguir al aplicar la ley entre el que actúa con malicia y el que es victima de una situación de crisis o emergencia económica. Me refiero especialmente a los pequeños comerciantes.
¡Que esta ley, señor presidente, no busque satisfacerse en el pequeño comerciante, punta del hilo de procesos más complejos!
Es importante que el Estado cuente y ponga en marcha un organismo adecuado con funcionarios capaces y competentes, porque en cuanto a la aplicación de una ley como esta —lo ha destacado también el señor senador por la provincia de Buenos Aires— cabe señalar que la oficina creada, sobre la que se nos ha informado esta tarde en este recinto, no parece ni ideal ni suficiente.
Esa derivación a las distintas federaciones de problemas económicos que el Estado debe preocuparse por conocer y averiguar no parece que pueda dar buenos resultados, porque significa demoras en el diagnostico económico de situaciones que deben resolverse mas aceleradamente. En una política concertada bajo la responsabilidad del Estado no puede derivarse a organismos intermedios el planteamiento de situaciones que el propio Estado tiene el deber de controlar, porque la economía esta encadenada en sus distintas etapas y la distorsión en un sector afecta después a otros.
Lo cierto es que los problemas de abastecimiento requieren para su solución, como bien lo planteaba el diputado Natale en su disidencia y lo ha hecho con claridad y con toda la autoridad que en la materia tiene el señor senador Pugliese, que se resguarde la transparencia del mercado y se eviten las distorsiones artificial es que ocurren por mecanismos de comercialización inadecuados. Se remedian adoptando la autoridad medidas oportunas; se remedian generando confianza en el proceso, evitando rigideces que resultan dañinas. Se solucionan no solo sancionando al deshonesto sino también protegiendo al hombre honrado, de modo que pueda cumplir su parte en la responsabilidad social qua supone su participación en la actividad económica.
Un hombre de fino sentido común, como Francisco Muro de Nadal, en una conferencia sobre política de precios y salarios pronunciada el 19 de marzo de 1974 señala que el Estado debe mantener bajo vigilancia la evolución de los precios de los artículos de consumo, pudiendo llegar a medidas compulsivas cuando se comprueba que existen maniobras de tipo especulativo que inciden en los mismos. Pero dice con razón que lo importante es que quien procede de buena fe no tenga nada que temer de la ley. Y esto es fundamental para que la aplicación de leyes de este tipo no genere situaciones de desconfianza o perjuicios más grandes que los que se quieren remediar.
«El Economista», prestigioso periódico, en su edición del 14 de junio de 1974 .señala que la probable aprobación de esta ley se transforma en un instrumento oportuno y de grandes aplicaciones. Agrega que esta ley debe ser usada para la normalización de la producción en sus distintas fases; que debe ser utilizada para corregir a los sectores que aplican practicas socialmente indeseables, que no siempre son localizables en una sola etapa del proceso. De allí que la amplitud de la ley, en sus distintas fases, la convierte en un instrumento importante aun cuando nosotros advertimos que falta un capitulo especifico sobre el abastecimiento y señalamos otros defectos y errores del texto.
Nosotros creemos, señor presidente, que si el gobierno necesita esta ley en esta especial situación de nuestra economía, en un momento en el cual todos estamos procurando mas progreso, mas justicia social, que se detenga la inflación, que se instrumente una política de redistribución del ingreso y se acentúe el proceso de ruptura de la dependencia externa, nosotros —digo— estamos dispuestos a darla.
Hemos formulado estas observaciones porque hay puntos que suscitan nuestra discrepancia y hubiese sido deseable que se corrigieran y aclararan. No lo hemos podido hacer en la comisión porque todo esto tuvo un tratamiento demasiado rápido y se anuncio que no se aceptarían modificaciones respecto a la sanción de Diputados. Comprendo que siempre los instrumentos legales son perfectibles. Cuando la perfección no se ha alcanzado —porque es difícil lograrla— dependerá de la aplicación que se haga de ellos y de la responsabilidad de los funcionarios a quienes se otorgan tan amplias facultades, que se alcance realmente el éxito o el fracaso.
Esperamos que esta ley, que es un instrumento y no un fin, sirva realmente para concretar los grandes objetivos que el país se plantea en este momento, en que todos los argentinos queremos vitalizar las instituciones y alcanzar una efectiva democracia social. Nada más.




























Fuente: Honorable Cámara de Senadores de la Nación.
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